Don Quijote y su respuesta existencialista al absurdo del mundo

Josué R. Álvarez

Don Quijote de la Mancha ilustrado con 30 diseños de C. Doré

La lectura del Quijote y la plena afirmación de su locura puede llevar a cualquier lector al error de pensar que sus formas extrañas y no convencionales no corresponden a una problematización de la realidad o el estado de las cosas. Su condición de novela, es decir, de ficción desvía la atención a la simple aventura, al artificio de la palabra e incluso al vacuo entretenimiento. Y, por supuesto, que ningún lector es culpable. Sin embargo, la hermenéutica nos conduce a valoraciones distintas de la obra e incluso trascendentales para el pensamiento. No son pocos los que afirman que se puede encontrar en la obra de Cervantes pistas de diferentes corrientes o escuelas de pensamiento, incluido el existencialismo.

Es bueno ir a los orígenes de este para comprender mejor esta relación que existe entre la obra más importante escrita en lengua española y dicha corriente de pensamiento. «El existencialismo mucho antes de asumir la forma propia de una doctrina o de un sistema filosófico, ha sido una experiencia profunda, una crisis de la costumbre, la aventura literaria, de un nuevo estilo y de nuevos modos expresivos del pensar reflejo» (Prini, 1957). Desde este punto de vista se cuestionan todas las formas que creemos esenciales de la existencia humana, por la necesidad de encontrar lo auténtico.

Más tarde, ya en un existencialismo más metafísico se afirmará que: «La existencia es esencialmente libertad de empeño; nosotros somos verdaderamente nosotros mismos solo en la fuerza de una lección originaria que ninguno puede hacer fuera de nosotros y que debe continuarse en todo acto de nuestra vida» (Prini, 1957). De este modo la idea de existencia queda supeditada a la idea de libertad, término que se contrapone con relativa facilidad al sistema. La costumbre termina siendo una serie de regulaciones que se imponen vehementemente sobre las acciones del ser humano. Se buscan entonces las estructuras más profundas y originales que componen la existencia.

Ante esta natural crisis que plantea el existencialismo algunos autores como Jean Paul Sartre y Albert Camus, desligan al ser humano de todo constructo social, incluidos, por supuesto, Dios y la religión. Se descree absolutamente de todo, el hombre y la mujer tienen una ontología por ellos y para ellos. La existencia es entonces absurda, o por lo menos, solo puede ser pensada de esa manera, porque ha sido la razón la que ha llevado al ser humano hasta esa idea. El ser humano ya no tiene en qué anclar el sentido de su existencia.

Ahora bien, cuál es la respuesta del ser humano ante ese anonadamiento en el que se sumerge una vez pensado el sinsentido de la vida. Aquí unas palabras sobre el pensamiento de Camus: «El sentirnos arrojados en un mundo donde parecemos ser extranjeros, trae consigo ese desarraigo que nos quebranta la fe y a veces la esperanza. Pero el rebelde de Camus desafía, más que niega, no se deja atrapar por el nihilismo ni tampoco acepta las condiciones que lo envuelven ante determinado hecho. El rebelde no opta por el suicidio sino por la revuelta que conduzca al cambio de condiciones de vida, tratando de no apartarse de los principios de la rebelión» (Sánchez, 2001).

Camus en El mito de Sísifo, propone que el ser humano se resiste a caer en el vacío, y hay una admiración por esa resistencia. «Este pensamiento puede bastar para alimentar a un hombre: ha sostenido y sostiene a civilizaciones enteras. No se niega la guerra. Hay que morir o vivir de ella. Lo mismo sucede con lo absurdo: se trata de respirar con él, de reconocer sus lecciones y de volver a encontrar su carne» (Camus, 1985). Propone, además, que una vez descubierto el absurdo a ninguna persona le vale ya la explicación, solamente le queda la descripción, acaso vaga de la realidad. Es por eso por lo que en El hombre rebelde, Camus dice que el problema no es que un niño sufra, sino que sufra sin justificación. El problema, es entonces, la falta de razón, lo que da pie a la rebeldía.

El Quijote, constantemente se encuentra frente al absurdo, y prefiere crear su propia realidad y su propio sentido de vida.

De las novelas y el sentido de la vida
Detrás del divertido argumento que propone a Alonso Quijano, un viejo que vive con su criada y su sobrina y que de tanto leer novelas de caballería ha enloquecido creyéndose un caballero andante con su fiel escudero Sancho Panza, se esconde un amplio discurso sobre el sentido o no sentido de la existencia humana.

Como se afirmó en el inicio de este ensayo, la locura del Quijote y su condición literaria suelen desviar la atención de uno de los sentidos posibles del texto.

La sociedad de Cervantes, y por lo tanto la sociedad de Alonso Quijano y del Quijote tenía su propio sistema de creencias y formas de funcionamiento. Pero es que la locura del Quijote es tan subversiva que a ninguna sociedad le ha dejado de parecer locura. Pero si despojamos del término «locura» las acciones del Ingenioso Hidalgo, caeremos en cuenta que simplemente se tratan de un persistente desafío ante los acontecimientos que lo rodean.

Los castillos de Cervantes no están en el aire, sino en mesones: los reyes no son producto de su imaginación, sino que son personas que gozan de algún tipo de autoridad en los lugares a los que llega. Tampoco Dulcinea, aunque dispar con su apreciación estética, está en las hojas de un libro o solo en su cabeza; sino que es una mujer cuya existencia se puede localizar. Lo mismo con su escudero y su caballo.

Si se quiere, hay cierta organización en su locura y en su fantasía. Sí, responde a realidades en las que se desarrolla, y puede que no sea el único que alucine y no reacciones coherentemente con su realidad: «Don Quijote es semejante a otros individuos de cualquier época: al maestro que presupone la madurez en sus discípulos, entregándoles todas las ideas que tiene; al caballero cuya conducta consiste en suponer que todos los demás hombres también son caballeros y todas las mujeres damas; al hombre de estado que juzga a sus gobernados como personas serias y capaces de comprender sus mejores palabras; al poeta que escribe creyendo que su público no es menos sutil y profundo y no menos sabio que él mismo» (Doren, 1962). Es decir, que sus acciones, aunque sí nos infieren locura, son auténticas y verdaderas. No finge. Dentro de los límites de un caballero andante él se comportaba con la normalidad propia.

Alonso Quijano se había desarrollado en una sociedad estancada, todo a su alrededor parece no moverse, es la irrupción del Quijote la que parece mover los hilos en su entorno. Se puede afirmar que habían caído en la rutina, como Sísifo y por lo tanto en el absurdo. Lejos de toda banalidad, lo que vive el Quijote es la búsqueda de una identidad y una experiencia profunda.

Hay en el Quijote, como refiere el existencialismo, una libertad de empeño. Él es lo que quiere ser y es coherente con eso casi todo el tiempo. Hay una unidad de acción. Las veces en las que lo desengañan o lo hacen entrar en razón, da una respuesta hábil e inteligente. Logra, sin darse cuenta, una transformación a su alrededor, en la segunda parte del libro, aunque están jugando con él, ya no es la imaginación la que lo mueve, sino los engaños de los demás.

Sancho Panza, a pesar de su cordura, no representa el pensamiento racional, es solamente la pequeña rendija por la cual podemos ver el mundo que se está negando, el absurdo ante el cual el Quijote se revela. Es, digamos, la descripción del absurdo que propone Camus.

Ante el absurdo del mundo, el hombre no se suicida porque se rebela, es decir, es capaz de encontrar algún sentido en medio de toda la sinrazón que es. Y encuentra ese sentido en el amor, en la profesión, en los desafíos, en la religión, en el honor, en el bien común, etcétera. Y si repasamos el sistema de creencias del Quijote (aunque no debemos perder de vista que se trata de un reflejo de la época) responden a esos sentidos encontrados por el ser humano.

La razón de sus batallas y de sus afrentas era el honor ganado por un caballero andante, que vendría a ser el éxito buscado por las personas a nivel profesional. Tiene una amada a quien procura darle honor y mérito.

Don Quijote encuentra en una profesión todo el sentido de su vida. Es imposible imaginarlo ya en un estado de felicidad, estabilidad y serenidad fuera de su profesión de caballero andante. Como a cualquier persona de la era moderna le importa el éxito de sus empresas. También tiene un sentido de bien común y de Estado, por esa razón lucha contra sus gigantes y por esa misma razón libera a los galeotes. En otras palabras, básicamente creía en las mismas cosas que nosotros creemos para sobrevivir emocionalmente, los paralelismos no necesitan de mayores explicaciones.

En la última etapa del existencialismo se llega a la conclusión de que la religión, al tratar de brindarle un sentido divino y trascendente a la existencia, es contrapuesta a las ideas existencialistas. Pocos se demorarían en llegar a la conclusión de que esa es la razón por la cual las figuras del cura y el barbero quieren hacer entrar en razón al Quijote. Sobre todo para la religión, el sentido del ser humano ya existe y no necesita de ninguna puesta en crisis, que puede llevar a descreer o a renegar de la fe. «Don Quijote es de los primeros personajes literarios que no ven sus decisiones influenciadas por dioses, encantadores, la sociedad, o como en el caso de Lazarillo de Tormes (publicado unos cincuenta años antes del Quijote) o la Lozana Andaluza, el hambre y la necesidad» (Blasón, 2008).

Pero el punto más alto del posible existencialismo del Quijote es falta de necesidad de razones o explicaciones. El caballero no necesita un origen o de una explicación de lo que sucede alrededor, para él las cosas simplemente son. En su sistema es simplemente él y el mundo. Se ha desconectado de la realidad.

Hay un apunte curioso sobre el dolor que en ocasiones sufre el Quijote, y es que no tiene problemas en sentirlo, porque dentro de su sistema de creencias tiene sentido, así como llegó a afirmar Camus, que al dolor lo soportamos con mayor facilidad cuando la medicina nos convence de que es necesario. A un ser humano probablemente le cueste mucho menos el sacrificio cuando encuentre el sentido último de las cosas. Por ejemplo, los años de estudio que implican grandes sacrificios o la migración ilegal, se hacen a la espera de un bien mayor, que acabe reconfortando a las personas en la vida, aunque este llegue mucho después o incluso al final.

Existencialismo y optimismo
Si hay algún germen de existencialismo en el Quijote este quizá siempre deba verse con un tono optimista. Sí, el existencialismo del Quijote no deja un sabor amargo después de comprender sus ideas, sino más bien dulzón. Triste pero dulzón.

Una de las películas que mejor representan una psicología existencial es La vita e bella, de Roberto Benigni. Hay en la narrativa del personaje una transformación desafiante de la realidad. Se puede decir que el protagonista tiene una reacción quijotesca de las terribles condiciones en las que se encontraba. En su caso el sentido encontrado es la esperanza.

Este hecho es más fácil analizarlo desde el punto de vista del psiquiatra Viktor Frankl y la búsqueda del sentido. Es necesario recordar que la existencia humana desde el punto de vista de la psicología ha pasado del «yo soy», que tienen que ver con nuestra naturaleza; al «yo puedo», que es sobreponerse a esa condición original y modificarse; y por último se ha trasladado al «yo debo», que es donde «completamos el aspecto subjetivo de la existencia humana, el ser, con su contrapartida objetiva, que es el sentido» (Frankl, 2011).

La locura, lógicamente está fundamentada en la trasgresión de la norma social, es decir, de una serie de formas y comportamiento comunes, si esta idea se empata con que «la existencia humana por cuanto uno puede buscar sólo el sentido concreto de su existencia personal, un sentido que cambia de persona a persona, de día en día y de hora en hora» (Frankl, 2011). Es por eso, que el ser humano es capaz de encontrar su sentido aún en las peores condiciones.

Entonces, el juicio hacia el sentido que le da el Quijote a su vida queda sin ningún valor, porque es la manera en la que él le encontró un sentido a su vida. Desde su subjetividad es posible que el Quijote encontrara una realidad terrible en el contexto que lo rodeaba y decide dar una respuesta desde la fantasía.

En más de una ocasión se ha dicho ya que la locura del Quijote es una locura sin fisuras, siempre encuentra respuesta para las refutaciones que preparan los demás para sus acciones. Es una locura de alguna manera contagiosa. No solamente logra que Sancho Panza lo acompañe en sus afrentas, sino que también termina teniendo verdaderas batallas, contra otros que se fingen caballeros. Hace que otros, por la razón que sea, vivan en su mundo.

Sin duda que el Quijote es un optimista, capaz de ver la hidalguía en lo burdo, y la belleza donde los demás no la ven, o simplemente no está. Este optimismo no sería posible sin la visión particular de la vida. Más allá del marco de realidad, en su visión positiva de la vida el Quijote se realiza como individuo, con lo que tiene a disposición.

Para nadie es desconocido que para que exista la literatura es necesario que haya unos cambios en la rutina, pero quien le da vida a ese lugar estancado, y de alguna manera triste, es el Quijote, desde que sale, le da movimiento a su casa hasta los lugares donde llega, que se ven convulsionados por su presencia. Deja su huella, los lugares no permanecen indiferentes ante él, y además, cambia la dinámica en ellos. Y lo mejor es que el Quijote es optimista sin saber que lo es, en otras palabras, es de los verdaderos, de los que simplemente actúan.

Si la visión de Cervantes sobre su personaje hubiera sido esencialista, simplemente ni este, ni muchos otros ensayos se habrían escrito, porque jamás su obra habría cobrado las dimensiones que cobró.

Sin perder de vista que la novela se trata de una sátira a las novelas de caballería y es una crítica a algunas formas sociales, se debe decir que esas son cuestiones exegéticas y no forman parte del ecosistema de la novela. El Quijote se ve realmente como un caballero andante, no como una sátira de él; y el Quijote cree lo que cree no como una forma de crítica social, sino porque de verdad las piensa de esa manera. Hay que remarcar que él como persona de su historia, y no como personaje de nuestro libro, da respuestas y tiene conductas existencialistas.

Necesidad de la fantasía y la ficción
La respuesta existencialista del Quijote ante el absurdo de su vida y la vida en general es también un discurso sobre la literatura. Las novelas dentro de la novela son los supuestos disparadores de las acciones del caballero. La vida campestre y aburrida tiene también otra posibilidad. Tal vez el resto de los personajes también se enfrenten al mismo vacío, sin embargo, son incapaces de dar una respuesta porque no han sido consumidos por el apasionante mundo de las novelas.

Lo grandioso de que El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, sea el paradigma de la novela, es que es una novela sobre el efecto que estas causan a una persona. Es cierto que la literatura no debe tener ninguna función social, sin embargo, por la naturaleza trasgresora de la rutina de las historias, es inevitable que siempre dé un discurso sobre lo que sucede en la vida y el mundo.

Ha sido la ficción y la fantasía las que han, ya no explicado el mundo, como sucedía en la mitología, sino modificado para este personaje y para los que lo rodean.

En la época en la que fue pensada, escrita y publicada la obra de Cervantes, la literatura era de las pocas maneras de ficción que se tenía. En la actualidad esas formas se han diversificado y se han multiplicado, hasta cierto punto se han mezclado con la realidad.

Es posible que no solo al Quijote, sino que a muchos seres humanos la realidad nos resulte insuficiente, por lo que se recurre a la ficción y a la fantasía. Pensemos, por ejemplo, en cómo la manera de vestir, pasa de algo utilitario, a algo modificable y después a algo que simplemente se quiere que sea así. Es que vestirse puede ser de esas tareas que nos permiten desafiar el vacío de la existencia. Esencialmente, en un clima normal lo único que debemos nosotros es proteger nuestro cuerpo, sin embargo, eso lo estilizamos y tenemos un discurso sobre eso. Y mucha de esa estilización está íntimamente ligada con la ficción; sí, desde allí se imponen modas.

La ficción y la fantasía al no estar limitadas por la realidad, por supuesto, que terminan siendo una puerta para pensar nuevas posibilidades, y al ser creaciones nuestras, resulta que muchas de estas nos gustan, y creemos que es posible cambiar. La imitación de la ficción es una idea que trabajo hace algún tiempo, y al menos de la esencia de sus ideas tengo muy pocas dudas, aunque sí muchas realidades aún por explorar.

Entonces, los libros aportan a la puesta en crisis del status quo, que es el germen del existencialismo. Es claro que sería una locura afirmar que la mayoría de los libros son existencialistas, pero al menos cierta literatura tiene ese mínimo rasgo que colabora a que las cosas se piensen desde otra perspectiva, deconstruyendo, cada cual la suya, todas las convenciones sociales que imperan.

En términos quizá más espirituales o psicológicos que prácticos y concretos, la fantasía y la ficción son mecanismos de supervivencia emocional que hemos desarrollado, para encontrar, así como el Quijote, un poquito de heroísmo en luchar contra lo que creemos un ejército y no son más que ovejas. Aunque es tema para otro ensayo, quizá de allí venga el gusto de crear teorías de conspiración, nos abruma pensar que las cosas a veces simplemente son duras. Es necesario ver detrás una mano diabólica que ataca y hace las cosas a su gusto. Y, por supuesto, para ver las cosas un poco más como nos conviene, que como en realidad son.

No es casual que sean las nuevas generaciones las que siempre marquen las tendencias literarias, ya que esta siempre es nueva, fresca, rebelde y revolucionaria. Aporta perspectivas diferentes a las tradicionales.

En la literatura infantil y juvenil, por ejemplo, las fantasías que se proponen terminan siendo interrogativas sobre cuestiones como la identidad y otras vitales para los adolescentes. Se llega al cuestionamiento sobre qué hacer en la vida (que a veces es equivalente a qué sentido darle) a través de los recursos fantásticos.

El Quijote siempre joven
A pesar de que encontrar algún sentido en el sinsentido de la vida es una tarea que no es exclusiva de ninguna edad, es cierto que son los adolescentes y las personas que gozan de su primera juventud las que principalmente se hacen preguntas al respecto.

Es por eso por lo que el Quijote suele ser un personaje popular y con el que fácilmente se identifican los niños, los jóvenes y los adultos jóvenes. Más allá de su trascendencia literaria y del favor de la academia, ha sido su naturaleza que impulsa la transformación de la realidad y a pensar de otra manera -y consecuentemente a criticar-, lo que lo hace ocupar un lugar siempre importante en cualquier contexto literario.

Conclusiones
A pesar de que el existencialismo surge muchísimo después y que evidentemente no se le puede atribuir ser directamente un germen de esta corriente de pensamiento, sí se puede afirmar que, a lo largo de toda la novela, el Quijote tiene actitudes que son una clara respuesta existencialista ante la vida.

Lo que nos conduce a pensar que, cuando el pensamiento concluyó en las ideas del existencialismo, simplemente describió y valoró la forma de vida del hombre y la mujer modernos; para después queda pensar, desde cuándo se dan estas respuestas. Es claro que en el siglo XVI y XVII ya se actuaba como se actúa hoy. Es posible, pero es solo una elucubración, que desde que el ser humano comenzó a crear formas de gobierno y a estructurar de manera intencionada la sociedad en la que viviría, se dan este tipo de respuestas existenciales.

El existencialismo que se nos plantea en el libro más representativo de la lengua española no debe ser visto con un filtro pesimista, todo lo contrario, se debe admirar la capacidad de la especie humana de sobreponerse a todo tipo de dificultades, incluida la falta de una razón fundamental, o al menos la falta de evidencia sobre la misma.

En el Quijote se es capaz de imaginar una nueva realidad, un nuevo mundo, que solamente es alcanzable a través de la imaginación, pero siendo esta tomada en serio y no como un juego. He allí, posiblemente el error de confundir la fantasía con imaginación.

El existencialismo como proforma de pensamiento es sin duda una crítica a la manera en la que está construido el mundo, y este encuentra en la literatura un disparador para buscar un sentido, no hallarlo y darle uno propio, que es después de todo, la respuesta más optimista que se puede tener ante el no sentido de la vida.

La lectura del Quijote en la educación, sobre todo en los niveles universitarios debe estar encaminada a estos sistemas de pensamiento, no digo que exclusivamente al existencialismo, también se puede abordar, siempre y cuando no se esté forzando el texto, de otras maneras.

Bibliografía
Blasón, A. (2008). La influencia del Quijote en el existencialismo.
Camus, A. (1985). El mito de Sísifo. Barcelona.
Doren, M. v. (1962). La profesión del don Quijote. México: Fondo de Cultura Econónica.
Frankl, V. (2011). Psicoterapia y existencialismo. Madrid: Herdes.
Prini, P. (1957). Las tres edades del existencialismo. Monteagudo: Revista de literatura española, hispanoamericana y teoría de la literatura, 2-20.
Sánchez, F. G. (2001). Camus y el existencialismo. Espiga, 121-146.