100 AÑOS DE ADA CORINA ZÚNIGA: VIVIENDO LA VEJEZ, FIRME EN LA ESPERANZA QUE NO ENGAÑA

Autor: Luis Alonso Gómez Oyuela
Emali: [email protected]

DANLÍ, El Paraíso. Es necesario situar la vejez en el marco de un designio preciso de Dios que es amor, viviendo como una etapa del camino por el cual Cristo nos lleva a la casa del Padre (Juan 14:2). Solo a la luz de la fe, firmes en la esperanza que no engaña. Con mucha razón se ha dicho que la ancianidad es el último periodo de la vida del ser humano, sea este hombre o mujer, ambos fueron hechos por Dios a su imagen y semejanza.

Ya son muchos los centenarios que adornan las páginas de LA TRIBUNA. Un privilegio poder compartir con nuestros lectores la experiencia de vida de estos seres privilegiados que han llegado a una edad avanzada con calidad de vida y para orgullo de sus seres queridos que pueden reclinarse ante el viejo tronco cuyas ramas permanecen dando sombra. Hoy presento a los lectores la vida de una venerable dama cuyo ejemplo de fortaleza llena de orgullo a su familia y amigos.

Korina Zavala López, en compañía de su centenaria abuela Corina.

Ada Corina Zúniga llegó con alegría y fortaleza al centenario el pasado 5 de abril. 100 años dicen mucho, cuando la ciencia moderna dice que el promedio de vida de los hondureños oscila entre los 57 años a los 62 cuando más; y la Biblia dice que los días de nuestra edad son 70 y en los más robustos son 80 con todo y las molestias. Sin embargo, esta venerable dama se mantiene erguida, aun y cuando las ramas del árbol dan señales de doblegarse o cuando el sol empieza a hundirse en el ocaso, para cubrir de sombras la tierra, pero para Ada Corina Zúniga, en cada amanecer ve el sol levantarse en el oriente para expresar junto a sus seres queridos, gracias a la vida que me ha dado tanto.

La ancianidad es la corona de la existencia. Ella le dice, Corina todo lo que tiene principio también tiene su final; que en el drama de la existencia un día se descorrió el telón para el desarrollo del primer acto pero que también el drama tiene su último acto, y es precisamente a ese último acto al que Corina se resiste llegar. Sin embargo, la ancianidad no tiene que ser una época de lamentos y lloros, de resentimientos y tristezas. Ella es como un arca llena de tesoros; como un libro abierto en el que otros pueden leer los acontecimientos del pasado.

100 años nada más en campo abierto.

Hoy a la sombra del anciano, árbol cuajado de frutos, los niños y los jóvenes, y aún los adultos pueden sentarse para aprender lo que el tiempo y la experiencia enseñan. Los ancianos son señales en el camino que pueden guiar a otros en la ruta por recorrer. Y por esa ruta han recorrido 11 hijos, 33 nietos, 59 bisnietos y 11 tataranietos. Con todo lo anterior, la ancianidad, es decir los 100 años han sido una edad de íntima satisfacción. Si de niña vivió de esperanzas, de viejo se puede vivir de recuerdos. El que llega a tal edad y disfruta de salud y desprendimiento mental, puede saborear las memorias de los buenos días vividos. En su corazón debe sentir la gratitud a Dios por el hecho de haberle permitido vivir este buen número de años sobre la tierra.

Dicen que la vejez es la edad del atardecer, pero hay atardeceres que todos se paran a mirar. Es este atardecer el que contemplan sus hijos, nietos, bisnietos tataranietos, mientras ella ve cada amanecer con esperanza y fe porque aún en la ancianidad pueden brillar los fulgores de un mañana mejor. Y que mejor, poder pensar en la gloria de la vida eterna. La ancianidad es un canto de victoria.

Ada Corina Zúniga celebró a lo grande los 100 años.

Precisamente ese el canto de victoria de Ada Corina Zúniga. Nació en Cifuentes el 5 de abril de 1923, hija de Leopoldo Gamero y María José Zúniga. Siendo niña sus padres la trasladan a Danlí debido a las dificultades que provocaba el fanatismo político de la época. Ya en Danlí pasó a la tutela de la escritora Lucila Gamero de Medina y la maestra Trina sus parientes más cercanos. En 1943 conoció al que fue el amor de su vida Alejandro López Rojas con quien procreó 11 hijos: Leopoldo, Luis Alonso, Alejandro, Carlos, María Esther, Cristóbal. Gustavo, Camila, Fidelina, Jorge y Armando.

A decir de Carlos Adán, su madre es una mujer determinada de temple de acero, ha sobrevivido situaciones complejas, entre otras, superó el COVID-19. Resultó invencible ante esta peste destructora. No estuvo exenta del dolor ante la pérdida de tres de sus hijos, Leopoldo, Luis Alonso y María Esther. Fue quizá esa parte de la vida ante las sombras de un ayer impetuoso que le invaden todavía los recuerdos de los que se adelantaron hacia la eternidad.

Familiares y amigos celebrando el centenario

La ciencia en la vida de Ada Corina Zúniga, no tiene nada que ver con su calidad de vida. Ella proviene de esos árboles frondosos, de la arcilla pura que pudo amalgamarse con el correr de los años para sentar las bases de una familia que hoy le rinde pleitesía con verdadero orgullo. Celebrar 100 años fue celebrarle a la vida. Situemos pues, la vejez en el marco preciso del designio de Dios como autor de la vida y la armonía familiar.

Esta es la numerosa familia de Corina Zúniga.
Familia Sevilla Aldana.
Ada Corina con su hermana Fidelina.