EL 80 ANIVERSARIO DEL “FRANCISCO J. MEJÍA”, QUE CIMENTÓ EL CARÁCTER DE LAS NUEVAS GENERACIONES DE OLANCHITO

A Juan Ávila Posas, compañero y amigo

Juan Ramón Martínez

La idea se fue perfilando en la medida que creció la “clase media” de la ciudad, llamada por Ramón Amaya Amador, “la segunda”. Los ricos de entonces, que se creían de primera, efectuaban sus fiestas en las que no asistían los de segunda. El historiador Iván Herrera, la habría bautizado como la pequeña burguesía de la ciudad: tenderos, comerciantes al menudeo, modistas, sastres, barberos, médicos, sobadores, operadores de bares y cantinas, constructores de casas, exportadores de granos, pequeños ganaderos, profesores graduados o sin título; y, empleados públicos, entre otros, habían tomado conciencia una vez que sus hijos terminaban su educación primaria no tenían posibilidades de enviarlos a estudiar a Tegucigalpa. Antes, se habían creado otros colegios secundarios: El Porvenir (1899—1902), Estrella del Norte (1902—1904), Pedro Nufio (1922—1924). (Juan Ramón Fúnez H., Historia de San Jorge de Olanchito 1995, págs. 135, 136). Por ello, la idea de crear un colegio de segunda enseñanza pegó inmediatamente. No sabemos quién lanzó la primera sugerencia al respecto. Igual que la construcción del parque, solo hay una referencia publicada en “Alerta, el semanario que dirigía el joven Ramón Amaya Amador y que había empezado a editar ese mismo año, en la imprenta “La Radio” de Tomasita Martínez viuda de Pagoada. Un grupo de ellos, empezaron a reunirse por las tardes en las tertulias del parque Morazán y al final, en las oficinas del alcalde municipal. Hay algunos nombres que todavía se pueden señalar: Francisco Murillo Soto, Dionicio Romero Narváez, Francisco Lozano, Mauricio Ramírez, Francisco G. Ramírez, Santiago G. Ramírez, Alicia Ramos de Orellana, Ranulfo Rosales Urbina, Mario Soto Ramírez, Lino E. Santos, José Martínez Caballero, Eduardo Bennet, Félix Soto, Alfredo Galo, Faustino P. Cálix, Héctor Martínez Caballero, Francisco Núñez Oseguera, Francisco Guillén, Lorenzo Cano, Próspero Bardales, Emiliano Caballero, Ciriaco Núñez, Ramón Amaya Amador, Ramón Molina Pastor y otros más. La directiva del comité, fue integrada, de forma que tuviera eco su petición en Tegucigalpa, desde donde el Partido Nacional y el general Carías Andino, dirigían el país. Y que no provocara dudas al líder de la región Plutarco Muñoz Pineda. Debía oler a cachureco y representar los dos grupos principales de la ciudad. Para tales efectos, quedó integrada en la forma siguiente: Presidente Francisco Murillo Soto, vicepresidente Octavio Bennett, secretario, Efraín Ponce Tejeda; prosecretario Dionicio Romero Narváez; tesorero Francisco Núñez Oseguera; vocales: Alejandro Galo, Enrique Torres, Andrés Alvarado Puerto, Salomón Sosa Navarro, Félix Soto Puerto y Carlos Chavarría. En lo que no hubo discusión, fue en el nombre para la nueva institución educativa. Francisco Murillo Soto, propuso el de Francisco J. Mejía. No había, hasta entonces, otro ciudadano, originario de la ciudad que tuviera las credenciales para abanderar con su nombre, la creación de la cuarta institución educativa de la ciudad que quería, entonces, despegar y abrirse paso como una imagen especial que, con personalidad singular, la distinguiera de todas las del norte, embrocadas en un desarrollo capitalista que la mayoría de los presentes, no podían entender y anticipar siquiera. Se desempeñaron como directores del “Instituto Departamental Francisco J. Mejía”: Francisco Murillo Soto, Modesto Herrera Munguía, Julio C. Benites, Jesús Medina Nolasco, José Antonio Murillo Soto, Eliseo Sánchez Aplícano, Saúl Ponce Díaz, Vidalina Caballero, Santiago Guillén Carbajal, Concepción Manuel Martínez, Donaldo Bonilla Alvarado, Luis Roberto Munguía Bulnes, Catalino Peña Leiva y actualmente, Lorena Salgado. Dos nacidos en Olanchito. Y uno, egresado del “Mejía”.

Los primeros profesores del instituto fueron: Francisco Murillo Soto, Modesto Herrera Munguía, Alicia Ramos, Ramón Durán Hernández, J. Joaquín Mayorga, Vidalina Caballero, Antonio Espinal, Wilfredo Medina, Raymunda Soto de Valerio, Cristelia Margarita Soto Sevilla, Rogelio Barrios, José Antonio Caballero, Octavio Bennet, Ranulfo Rosales Urbina, Max Sorto Batres, Alberto Paz Arita, Max Sorto Batres, Donaciano Reyes, Santiago Saybe, Lisandro Quesada Bardales, Joaquín Reyes Figueroa, Roberto Vallejo, José Dagoberto Martínez ( Mirna Orellana, Facebook) y otros más.

I
Francisco Javier Mejía Posantes, nació en Olanchito el 3 de diciembre de 1869, en el hogar formado por José María Mejía y Santiaga Posantes. El alcalde municipal era Crescencio Elvir. El niño Francisco Javier, fue bautizado en la Iglesia San Jorge de Olanchito, por el Cura Olayo Salgado el 18 de enero 1870., (Libro de Bautizos 1863—77, Archivo de los Mormones, Juan Ramón Fúnez, Apuntes para una Biografía de Francisco J. Mejía, pág. 1). La ciudad no tenía más que 145 casas, cinco edificios públicos: edificio provisional del cabildo, la iglesia, dos escuelas y el mercado de carne. Ademas, uno del gobierno: oficina telegráfica. Y tres avenidas y cuatro calles. (Ángel Moya, Monografía de Olanchito, citada por Fúnez Herrera, 54) Los habitantes no debieron ser más de 1.300. La pobreza era generalizada. El progenitor era agricultor y ganadero, propietario de terrenos ubicados en el este de la ciudad y en donde pastaban ganados y caballos. Las tierras de su propiedad estaban situadas entre el rio Uchapa y su desembocadura con el Aguan. Ahora es un barrio de la ciudad. En los cuarenta y los cincuenta del siglo pasado, se le conocía como el barrio de los “mirriñaquez”, jicaques, dedicados a la pesca, entonces su principal fuente de ingresos. La esposa, era presumiblemente de origen olanchano. Aunque, en el censo de los capitalistas de Olanchito, levantado en 1830, aparecen varias familias de ese apellido, de forma que hay que suponer que la madre de Francisco J. Mejía, era miembro de una familia que tenía muchos años de haberse establecido en Olanchito. Francisco Javier fue el primero de sus hijos.

Los estudios primarios—que duraban cinco años–, los efectuó en la escuela de Olanchito. Finalizada la educación primaria, sus padres lo enviaron a estudiar a Tegucigalpa aprovechando las oportunidades que había creado el gobierno de Marco Aurelio Soto en sus últimos años al frente del ejecutivo. Ingreso al Instituto Nacional donde se graduó de bachiller en ciencias y letras. (Juan Ramón Fúnez H., Apuntes para una Biografía de Francisco J. Mejía, 1993, pág. 1). Desde muy joven se inclina por el periodismo, para el cual tenía naturales disposiciones.

En el Censo Oficial, correspondiente al año 1889, aparece su nombre como empleado del gobierno central, en Tegucigalpa. En efecto, entre los miembros de la Dirección General de Rentas, que entonces dirigía el coronel Roque Muñoz, Francisco Javier Mejía es escribiente y recibe un sueldo de 37.50 pesos (Primer Anuario Estadístico, correspondiente al año de 1889, Antonio R. Vallejo, 211). Entonces, tenía 20 años. Era, estudiante de Jurisprudencia en la Universidad Central. Pero antes de concluir los estudios, la convulsión política se impuso nuevamente. “Y es en el sitio de Tegucigalpa por las fuerzas revolucionarias que querían deponer al mandatario de turno, cuando el joven Mejía se incorporó a la defensa de la capital al lado del general (Domingo) Vásquez… En 1883, Tegucigalpa vio a Francisco J. Mejía, frente al peligro, impávido y sereno, confiado y sonriente, disparan su fusil en las faldas de la Leona.”( Juan Ramón Fúnez, pag.2) Esta cita, la obtuvo Fúnez, del discurso que Julián López Pineda pronunciara en el funeral de Mejía Posantes en 1919. Perdida la guerra y el poder por Domingo Vásquez, Mejía abandono el país. Viajo a El Salvador y posteriormente se estableció en Guatemala. Aquí, continuo sus estudios universitarios. “Un 20 de abril de 1896, en los salones de la antañona Universidad de San Carlos, a las 7 pm, recibe su título de abogado y notario, con notas sobresalientes, convirtiéndose así en orgullo de sus amigos y compatriotas. En Guatemala se decido al ejercicio de su profesión y ocupa el cargo de Juez de Primera Instancia. Regreso a Honduras, cuando Sierra inicio su gobierno y se instaló en la Costa Norte. En la Ceiba, ejerció como Juez de Letras en la administración de Terencio Sierra” (Juan Ramón Funes H. pág. 3).

Francisco J. Mejía contrae nupcias con Ester Mendieta (1900).

El 11 de diciembre de 1900, recibe el execuátur de la Corte Suprema de Justicia de Honduras, que le otorgo el grado de Abogado y Notario. En 1898, como queda dicho, se había establecido en la Ceiba. En 1900, Francisco J. Mejía, es elegido alcalde de la Ceiba, ciudad en que la que se había instalado y abierto campo, como abogado, escritor y político. El 12 de enero del año siguiente, el Presidente Terencio Sierra, acuerda dispensar edictos a “Francisco J. Mejía, y a Ester Mendieta vecinos de esta ciudad, la publicación de edictos, para que contraigan matrimonio civil”. De este matrimonio, nacieron Algeria, Coralina, Esther, Aida, Adolfina, Francisco Javier y Alejandro Edgardo. Todos ellos fallecidos. Coralina caso con Fernando Humberto Gómez, tuvieron un hijo: Humberto “Tuto” Gómez. Algeria se casó con Esteban Mendoza; Alejandro con Blanca Isabel Álvarez; Francisco Javier, con María Graciela Castro. Estos tuvieron como hijos a Francisco Javier Mejía, Ana Cristina Mejía y Raúl Enrique Mejía; Alejandro y Blanca, nacieron Alejandrina Isabel, Carlos Alejandro y Esther Lorena. Algeria no tuvo hijos.

Para las últimas dos décadas del siglo 19 y principios del siglo XX, la ciudad con más crecimiento capitalista, fue la Ceiba. Es el tiempo de “los poquiteros”, cultivadores de banano que vendían sus productos a compradores que los recibían en la playa. Poco después, los compradores se hacen productores y cultivan banano en Honduras. Por sus dotes de comunicador, inmediatamente se abre paso en la vida política y social ceibeña. Económicamente es el periodo más impresionante de la historia local. Con su proverbial exageración los escritores ceibeños escriben que, para entonces, “rodaba el dinero”. Pero como ocurre siempre, esas explosiones de crecimiento, tienen efectos negativos colaterales. En 1887, el Cónsul, de los Estados Unidos en la Ceiba escribe “que se escandalizo en alto grado de lo que vio y escucho, de la degradación moral humana que había encontrado en la ciudad, asegurando que ni el estado de Texas era tan peligroso y depravado como esta pequeña aldea de la Costa Norte Hondureña” (Antonio Canelas Díaz, La Ceiba, sus raíces y su historia, pág. 91). Cuando Francisco J. Mejía es elegido alcalde, las cosas han cambiado mucho. En su periodo, destacan dos obras singulares: la fundación de las dos más importantes escuelas primarias de la ciudad: la Francisco Morazán y la Guadalupe Quezada. Fundo la librería “La Estrella”, la mejor de la ciudad; y creó y dirigió dos periódicos: “Patria” y “Pueblo”. En 1902, “se involucró en la campaña electoral en favor de Manuel Bonilla a través del semanario “El Indicador” y más tarde sus colaboraciones pasaron a fortalecer las páginas de “El Diario de Honduras” que fuera el principal vocero de la candidatura triunfal de Bonilla. Para dedicarse al ejercicio activo del periodismo adquirió en 1903 la imprenta “La Estrella” lo que le permitió cubrir con su trabajo intelectual las páginas de “El Comercio” donde colaboro con diversos escritos en el año 1908” (Mirna Orellana). Es posible, que haya sido el más activo periodista del siglo XX, nacido en Olanchito. Mucho más que Ramón Amaya Amador y Dionicio Romero Narváez. Solo a la altura de Ángel Moya Posas. Además, en calidad de empresario, adquirió tierras en los alrededores de la ciudad, en lo que actualmente se conoce como “Barrio Mejía” (Francisco Javier Mejía Castro, Tegucigalpa) y denuncio predios rurales a su favor en el municipio de Sonaguera, Colón (Juan Fernando Ávila Posas).

En 1910 regresa a Tegucigalpa, a ocupar puestos ministeriales en el gobierno de Bonilla y Bográn. Fue ministro de Guerra y de Gobernación en varias oportunidades y en el periodo final de Bertrand, además de ministro de Gobernación, fue primer Designado Presidencial. Y se convirtió en una figura de dimensión nacional. Animado por sus amigos, propuso su nombre para ser candidato presidencial en las elecciones de 1919.

Las elecciones generales, para suceder a Bertrand, estaban programas para el 4 de abril de 1919. Bertrand, escucho con algún interés, la opinión favorable para que le sucediera Francisco J. Mejía. Pero en realidad, quería seguir gobernando, por medio de su concuño Nazario Soriano. Por ello, en los corrillos populares circulo la especie que Mejía había muerto envenenado, después de haber almorzado el día anterior en Toncontín, sede del Ejecutivo, con el Presidente Bertrand. El 9 de septiembre de 1919, Bertrand tuvo que renunciar a la Presidencia de la República, frente a la impotencia de su gobierno para detener la revuelta de los liberales encabezados por Rafael López Gutiérrez. La muerte de Mejía Posantes, a la temprana edad de 50 años, ocurrió por un cáncer de estómago. Lucas Paredes, en Drama Político de Honduras, pagina 256, dice que, para suceder a Bertrand en la titularidad del Ejecutivo, “se mencionaban con insistencia los doctores Mariano Vásquez, Alberto Membreño, Francisco J. Mejía y Jerónimo J. Reina apareciendo más tarde el general Rafael López Gutiérrez.

Botón de la campaña electoral de Francisco J. Mejía.

El presidente Bertrand dio a cada uno de estos precandidatos, esperanzas, pues eso ha sido la política observada por los gobernantes de los países centroamericanos: engañar a tirios y troyanos”. Es evidente que Mejía Posantes creyó en la buena fe de Bertrand. Por lo que mandó e imprimir hojas sueltas con su fotografía que circularon en las principales ciudades del país y confeccionar botones con su efigie y que fueron entregados a sus parciales de casi todo Honduras, los que los usaron en sus camisas y sacos, mostrando su adhesión a su figura a la cual, consideraban con suficientes méritos para ser un buen gobernante. Por supuesto, había cosas que él no sabía para entonces y que de repente nunca supo. Además, el clima político no presagiaba nada bueno. La mayoría de los observadores, creían que el riesgo de la guerra civil era inminente, tanto porque Bertrand era obvio que quería continuar en la presidencia de la República, cosa que la ley no le permitía; pero que lo buscaría por medio de un candidato de su confianza, en la esperanza de gobernar por medio de este, una vez ganada las elecciones. Y además, porque por primera vez, los hondureños tenían que enfrentar a tres formaciones políticas, dos de ellas bien definidas para entonces: nacionalistas y liberales. Estas ideas, se suponía que manejaba el Presidente Bertrand. “Pero nadie conocía las sinceras intenciones del gobernante que prometía apoyo a su ministro de Gobernación doctor Francisco J. Mejía, a su ministro de Guerra Jerónimo J. Reina; a su ministro de Relaciones Exteriores Mariano Vásquez; a su Comandante de Armas y Gobernador Político de Tegucigalpa general Rafael López Gutiérrez, y su leal amigo y decidido colaborador doctor Alberto Membreño, vice Presidente de la Republica” (Lucas Paredes, Drama Político de Honduras, 256).

José Ángel Zúñiga Huete, citado por Paredes, dice que, en uno de los panfletos del caudillo liberal, escrito en contra del general Carias Andino unos años después, expreso que “A medidos del gobierno de Bertrand, se habló entre algunos liberales que hacían tertulia en la redacción de El Cronista, de organizar al liberalismo, para hacer a su tiempo una propaganda eficaz encaminada a la conquista del poder. Se trataba de manera deliberada de dar respaldo y perfilar ante la opinión pública la personalidad del ingeniero Rosendo Contreras V. liberal calificado y de relevantes capacidades y que aparecía como caudillo del proyectado Partido Unionista” Mientras tanto, tal como lo sigue diciendo Zúñiga Huete, Ernesto Argueta que fungía como vicepresidente del Partido Unionista, se acercó al Presidente Bertrand. Ello facilito que, “ un grupo de liberales visito al Presidente en su residencia de Toncontín, para presentarle una lista de cinco precandidatos a fin que de entre ellos, se designara al que debería presentarse ante la opinión pública, y que la comisión encargada de entrevistarse con el doctor Bertrand fue integrada por los doctores Ernesto Argueta, Manuel F. Barahona, Salvador Zelaya, Coronado García y le relatador, quienes presentaron al Jefe del Estado la convenida minuta de precandidatos integrada de esta forma: licenciados Alberto Membreño, Francisco J. Mejía, Mariano Vásquez, Saturnino Medal y general Rafael López Gutiérrez. Después de examinar la lista de nominados”. El Presidente Bertrand emitió los juicios siguientes: “el señor Membreño tiene fama de ser un gran jurisconsulto y parece que tiene experiencia en asuntos políticos. Es mi amigo y ha servido con lealtad a mi gobierno. Por desgracia está muy anciano y gastado. Por otra parte, es muy reaccionario y fanático. No me parece un candidato visible. El licenciado Mejía es también amigo mío. En mi gabinete de Gobierno ha trabajado con entusiasmo y capacidad durante casi toda mi administración. Tiene prestigios ministeriales… Por eso pienso que tiene gran caudal de opinión. Es hombre violento y que hay que ver con los dos ojos. Sería un gobernante despótico” (Lucas Paredes, Drama Político de Honduras, 258).
A los otros precandidatos, los descalifico igualmente. No confeso que prefería a su concuño Nazario Soriano. Afortunadamente, esto nunca lo supo Francisco J. Mejía. Poco tiempo después murió. Y tampoco vivió la guerra civil que, otra vez, lleno de sangre al país y que obligara a Bertrand, presionado por el representante diplomático de los Estados Unidos, a presentar su renuncia en septiembre de 1919.

Francisco J. Mejía, que se había sentido mal el día anterior, murió el 25 de enero de 1919, a las once de la mañana en su residencia en Tegucigalpa, ubicada en la Avenida Colon, frente al edificio de “El Chico Club”. Se le tributaron funerales de estado. Fue enterrado en el Cementerio General. Actualmente, destacan en la vida nacional, dos nietos suyos: Francisco J. Mejía, periodista destacado de Canal 10 y Ana Cristina Mejía, ex presidenta del Banco Central de Honduras. El reconocimiento que le hicieron en Olanchito, hace ochenta años, fue bien merecido. Ahora, la institución que lleva su nombre, tiene en su patio central un busto de mármol de carrara, donado por los hijos de Francisco J Mejía, y en los anales de la historia local y nacional, los mejores cuadros económicos, políticos e intelectuales de Olanchito, se han formado en las aulas de la institución que lleva, merecidamente, su nombre. Varios de ellos, con proyección nacional e internacional.

Profesores y graduados de la Primera Promoción del Instituto Francisco J. Mejía (1948).

II
El 15 de mayo de 1948, el “Instituto Francisco J. Mejía”, entregó a la sociedad local y a Honduras, la primera promoción de egresados: Francisco Fúnez Herrera, Hilda Fúnez Herrera, Rely Santos, Camilo J. Nassar, Carlos Urcina Ramos, Benigno Gonzales, Josefina Bennet, Juventina Quezada, Ángel Montiel. Desde entonces, el Mejía le ha dado al país 74 promociones, con un número de 3,237 egresados. De entre ellos, por su entrega a los servicios nacionales, los más destacados han sido Carlos Urcina, José Antonio Murillo, Lisandro Quesada Bardales, Víctor Manuel Lozano, Juan Fernando Ávila Posas, Iván Herrera, Tomás Meléndez, Jaime Rosales, Arturo Morales Fúnez, Candiano Lozano, Artemio Villafranca, Benigno Gonzales, Pompilio Romero, Iván Romero, Juan Ramón Fúnez H., Mirna Orellana, Mario Aly Vallecillo, Alma Caballero, Max Gil Santos, Mario Soto Puerto, Luis Enrique Tróchez, Mary Vallecillo, Felipe Ponce Fiallos, José Dagoberto Martínez, Jorge Humberto Meléndez, Santiago Saybe, Teresa Nasser, Camilo J. Nasser, Francisco Isaías Álvarez, Eulalio Durán, Arnaldo Miranda, Carlos Roberto Puerto Fúnez, Carlos Ramos Martínez, Roger Orellana Irías, Gilberto Zelaya, Jorge Burgos, Horacio Reyes Núñez, José Abel Melara Vega, Oscar Melara Murillo, Oscar Murillo Escobar, Aníbal Murillo Escobar, Octavio Núñez, Tomás Ponce, Regino Quesada, Luis Alonso Quesada, Jardel Quesada, Juan Ramón Ramos, Manuel Salinas, Jorge Zelaya, Melvin Pagoada, Armando García, Mario Cálix, Rafael Melara, Reinaldo Rosales Narváez, Mario Berríos, Dagoberto Mejía, Roberto Martínez Lozano, Juan Ramón Martínez. Y otros más.
Tegucigalpa, abril 10 de 2023