“ALGUNOS expertos –coincidente con reciente investigación sobre el efecto Flynn y la tendencia regresiva de la inteligencia– dicen que los nativos digitales tienen un coeficiente intelectual más bajo que sus padres”. (¿Qué pensás? –pregunta el Sisimite– ¿que los muchachos están saliendo más dundos que los tatas? Eso está por verse –responde Winston– porque como los adultos, igual, se contagiaron de la adicción de los cipotes, y pasan, todo el día, bajo el influjo hipnótico de los chunches, no tarda en emparejarse la cuenta). Un lector comenta: ¡Genial el Winston! Me quedé con una sonrisa reflexiva y una pregunta emparejada: «Si los nativos digitales de Noruega, Finlandia, Francia, etcétera, tienen un IQ más bajo que sus padres, ¿qué pasará con los muchachos en AL y específicamente aquí en el país?”. Otra lectora: “Ja, ja, ja… yo creo que Winston tiene razón”. Una diputada: “Estuve con 200 jóvenes porque les llevé una sicóloga para tratar la problemática de la depresión juvenil”. “Ellos me dijeron que sus padres solo pasan en celulares al llegar a la casa y no los escuchan”. “En fin, saqué muchas conclusiones”.
Una doctora amiga: “Ya se los enviaré a mis hijos para que ellos y mis nietos no se hagan dundos; qué adicción más terrible, igual que el alcohol o las drogas. La diferencia es que no se ven los efectos por fuera, pero los daños del cerebro no se perciben a simple vista”. “Ni cuenta se dan”. (Ni cuenta nos damos –corrige el Sisimite– hijos y padres, ya que la responsabilidad en el hogar, de cuidar que no prospere una enfermedad, es compartida). ¿Será que pronto tendremos centros de rehabilitación de los chunches? Y claro que ya hay tratamiento psicológico y terapias interactivas a los adictos para desengancharse. “La nomofobia consiste en el miedo irracional a no llevar el teléfono móvil encima”. El nombre de esta patología proviene del concepto en inglés ‘no mobile’, es decir, sin móvil. Un afiliado al colectivo envía un artículo publicado hace unos años en un diario español: “Consultar el móvil en el cine o no separarse de él de camino al altar… Ya hay terapias psicológicas para curar la nomofobia”. “Ni Instagram, ni el correo electrónico del trabajo, ni los grupos de WhatsApp ni la velocidad 4G”. “La responsable de que nos volvamos adictos al móvil se llama dopamina”. “¿Han oído hablar de ella? Está dentro de sus cuerpos”. “Es un neurotransmisor que produce euforia y placer, se genera cuando recibimos un nuevo mensaje y por ello muchas personas se vuelven adictas a esta sensación”. “Nuestro organismo es el responsable de que miremos el móvil una media de 150 veces al día, encendamos la pantalla en el cine, nos escapemos al baño en mitad de una cena para consultarlo, sintamos vértigo al descubrir que nos lo hemos dejado en casa o, por barajar situaciones más extremas, lo llevemos en el bolsillo de camino al altar”.
“Consultar el móvil de forma compulsiva está considerado socialmente como un mal común”. “Pero es algo más: es una adicción”. “Lo confirman los expertos”. Ya hay gabinetes de psicólogos que ofrecen terapias para desintoxicarse del móvil e internet y en su carta de servicios aparece la terapia de móvil junto a otras adicciones más nocivas para el cuerpo –y con peor fama– como el juego, el alcohol, el tabaco, la marihuana o la cocaína”. “Este trastorno ya tiene nombre: nomofobia”. “Y se considera la enfermedad del siglo XXI”. “A los gabinetes especializados, acuden cientos de jóvenes en España a tratar la dependencia”. “Jóvenes, sí”. “Porque estar enganchado al teléfono afecta, principalmente, a adolescentes y menores de 35 años”. “¿Sus principales adicciones? El chequeo de las redes sociales, los juegos y chatear por WhatsApp”. Una psicóloga explica “que pusieron en marcha este servicio porque vieron la necesidad en la sociedad y también porque empezaron a llegar pacientes con esta dependencia”. «No podían salir a la calle sin móvil y sin que esto les generara ansiedad». “La metodología para abordar este trastorno es peculiar: combina diferentes terapias psicológicas –como la cognitivo conductual– con la hipnosis, (colocar al paciente en estado de relajación como herramienta)”. (Mandan unas frases de Antonio Machado a Winston y al Sisimite: “Si cada español hablase de lo que entiende, y de nada más, habría un gran silencio que podríamos aprovechar para el estudio”. “En España de cada 10 cabezas, nueve embisten y una piensa”. ¿Si eso era entonces –se pregunta el Sisimite– cómo será ahora? Ni se te ocurra pensar –interrumpe Winston– que la única que pensaba ahora también embiste”).