“El Español en el Mundo ante el Siglo XXI, una Perspectiva desde Honduras”

Marlon Brevé Reyes, Carlos Flores, Galel Cárdenas y Róger Martínez

El día de hoy, 14 de abril, toma especial relevancia encontrarnos en este importante evento, ya que se conmemora el día de las Américas, fecha significativa para todas las Repúblicas en el continente americano, y con ello se recuerda los lazos de integración, solidaridad y respeto entre los países latinoamericanos, así como la decisión soberana de formar parte de una comunidad que busca unión, paz y libertad para sus pueblos.

Según el Instituto Cervantes, el idioma español es la segunda lengua materna más hablada en el mundo, 500 millones de personas son hispanohablantes nativos, de los cuales 400 millones viven en América Latina ¿No nos hace eso ya una gran familia? La influencia económica, comercial, política, académica, científica y digital del español en el mundo es trascendental. En el conjunto de países donde el español es el idioma oficial o mayoritario, se genera el 6,2% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial; los hablantes del español tienen un poder de compra conjunto, del 9% del PIB mundial; es el segundo idioma más relevante en el sector de turismo idiomático, el tercer idioma más usado en la Organización de las Naciones Unidas,  el más utilizado en los organismos de integración americana e iberoamericana, la segunda lengua más utilizada en la publicación de textos de carácter científico después del inglés, repartiéndose principalmente en tres áreas académicas (ciencias sociales, ciencias médicas y artes y humanidades). También es una de las lenguas más estudiadas en el mundo, en 2022 casi 24 millones de personas lo estudiaron como lengua extranjera sobre todo en países anglófonos como Estados Unidos y Reino Unido.  El 8% de los usuarios de internet se comunican en español, es la tercera lengua más utilizada en la red después del inglés y el chino, pero es la segunda lengua más utilizada en plataformas digitales como Facebook, YouTube, Twitter y Wikipedia.

Nuestro idioma está experimentando un ciclo expansivo, el cual representa una coyuntura única para que su alcance global pueda traducirse en la mayor oportunidad que tiene América Latina para buscar tan anhelada integración y empezar a jugar un papel más relevante en el concierto global de naciones, así como el que tiene su idioma.

Sin embargo, el idioma español enfrenta importantes retos. En el texto «La Andadura del Español por el Mundo” de Humberto López Morales, se establece en sus últimos capítulos la riqueza del español en América, España y otros países, así mismo, la manera de cómo el proceso de la globalización ha incidido en la lengua, al menos en una proporción pequeña, distanciándose  de la norma culta, o de la lengua estándar, esta última permeada por un español que sufre la inclemencia de los usuarios de internet y otras redes sociales invadidas por los jóvenes nacidos en el filo del cambio del siglo, es decir del año dos mil en adelante, y que son hijos de la tecnología de la informática y que el autor refiere como una nueva lengua de jóvenes y adolescentes que «manejan sus mensajes electrónicos de comunicación con los cuales rompen las normas lingüísticas del español estándar y el español culto”.

Tomado de Don Quijote de la Mancha: “Mire vuestra merced, respondió Sancho, que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que volteadas del viento hacen andar la piedra del molino”.

Quizá, aquellos eran entonces, los linderos entre ilusión, o para ser más precisos, alucinación, de la realidad. Sin embargo, hoy, más que un debate sobre la importancia del español en Honduras, o en cualquier otro país de habla hispana, otro es el fenómeno que merece ser objeto de discusión. La realidad es la guerra popular, generalizada, sin cuartel contra el idioma. La lengua enfrenta verdaderos gigantes—estos no son molinos de viento, no son enemigos imaginarios– que amenazan con desnaturalizarla.

El “Big Bang” tecnológico de las comunicaciones –si bien todo avance debe ser motivo de celebración– ha permitido que la socialización, la interacción a través de portátiles, sus aplicaciones, y otras plataformas y aparatos digitales, sea utilizando figuras, íconos, prescindiendo de las palabras, del texto, del alfabeto y de la buena ortografía.  Se trata de una aparente regresión a la época prehistórica, a la simbología figurativa de antiguas civilizaciones, que pone en riesgo el lenguaje como la forma conocida, fluida y natural de comunicarse. De paso, golpea la forma de convivencia. Y, a su vez, degenera las propiedades y los rasgos fundamentales del idioma.  Sobre eso, sobre qué hacer ahora ante esa amenaza evidente, sobre su efecto hoy y los retos que ello plantea en el próximo futuro, a nuestro criterio, debe cifrar el interés que motive cualquier conversación sobre el idioma español.

Remontándonos a la historia, la lengua española en América fue establecida por políticas del lenguaje que consiste en la incidencia de actos políticos de los aparatos del Estado a través del sistema educativo, como propone Atanasio Herranz en su libro «Estado, sociedad y lenguaje: la política lingüística en Honduras», en el cual explica cómo la Constitución hondureña declara al español como lengua oficial del país, y se habla en todo el territorio, presentando algunas particularidades debido a la presencia de regionalismos y expresiones, de la influencia de las lenguas de los nueve pueblos indígenas y afrodescendientes que contribuyen a la riqueza lingüística y cultural hondureña.

En Honduras se ha reconocido el carácter pluricultural y plurilingüístico de la sociedad hondureña y asume este carácter de diversidad como un recurso que puede impulsar el desarrollo interno del país. Por ejemplo, en Honduras el español coexiste con cuatro lenguas precolombinas (misquito, pech, maya-chortí y tolupán), con la lengua garífuna de origen africano y con el inglés “creole” de las Islas de la Bahía en el Mar Caribe.

Así se produce la castellanización de culturas y lenguas nativas, mediante estas políticas de lenguaje que respetan y rescatan esa cultura diversa e histórica y que la van incorporando a la literatura nacional indígena contemporánea.

El español en el mundo de la globalización se va enriqueciendo y consolidando a través de, el uso de la lengua estándar, como la lengua dialectal que en cada país se produce. A ello contribuyen las institucionalidades de las academias de la lengua, los institutos de investigación, las universidades y los centros culturales respectivos, así mismo las editoriales y los autores literarios en todos los continentes planetarios.

La humanidad vive en estos momentos un proceso histórico que integra los estadios de la economía, la cultura, la sociedad, la política y por ende, el factor que lo impulsa, la tecnología, produciendo como nunca antes, una interconexión eficaz y dinámica.

Sobre la influencia del idioma español en el desarrollo, analicemos el entorno latinoamericano. Las relaciones económicas, comerciales, políticas y diplomáticas con dos de nuestros mayores socios y amigos, la Unión Europea y los Estados Unidos de América, deben de fortalecerse teniendo en cuenta que el idioma español, en conjunto con nuestros valores democráticos e ideales comunes en la búsqueda del desarrollo sostenible, son nuestras grandes herramientas para promover mayores y mejores lazos de cooperación e intercambio.

España, la madre patria de la hermandad hispanoamericana, es nuestro gran interlocutor con la Unión Europea, hito importante en el que asumirá la presidencia del Consejo de la Unión Europea para fortalecer y colocar los intereses comunes con América Latina en la palestra europea. Por otra parte, los más de 50 millones de hispanohablantes en Estados Unidos contribuyen de manera significativa al desarrollo económico de esta nación y a su influencia cultural en el mundo. En ese sentido, considerando que, para construir relaciones más sólidas y justas entre nuestra región latinoamericana y las potencias globales, existe la necesidad de integrarnos en un solo bloque. Dicho esto, la oportunidad más grande que tiene América Latina para consolidarse como una sola fuerza, es el empuje global del idioma español.

Una América Latina integrada económica y políticamente ha sido un sueño para la región. Desde la Gran Colombia promovida por el libertador Simón Bolívar, desde la República Federal Centroamericana, proyecto del prócer centroamericano, Francisco Morazán, en el siglo XIX, hasta las organizaciones creadas en las décadas más recientes, los intentos hasta el momento de lograr la integración regional siguen siendo un reto.  Hoy en día, ese sueño vuelve a tomar fuerza ante la voluntad política que muestran los nuevos gobiernos progresistas y latinoamericanistas en nuestra región.  Quizá la herramienta más poderosa que tenemos a nuestro alcance para impulsar un futuro de integración y formar un solo bloque comunitario, sea nuestra historia en común y el gran legado que esta nos ha dejado: el idioma español.

Finalmente, no me quiero despedir sin antes agradecer a Carlos Flores, político, empresario y expresidente de Honduras, Galel Cárdenas, escritor y poeta, y a Róger Martínez, letrado y académico, tres connotados intelectuales hondureños, quienes contribuyeron en la construcción de esta ponencia.

¡Muchas gracias!