“TANTO QUE HACER…”

EL Sisimite –con su versión del daño que ha sufrido el bosque hondureño a tal grado que ya quedan pocos árboles de caoba, roble, guacamaya, guayabo, cedro real, nogal, acacia, granadillas y otras maderas preciosas, valioso insumo, la madera de color, para la elaboración de muebles de fina ebanistería– le dio vuelta de carnero al bonito cuento de ayer de las herramientas de la carpintería. El carpintero, desanimado por el poco trabajo y los escasos ingresos, termina yéndose mojado en caravana de desocupados, mientras que el serrucho indignado por un clavo que le hicieron, y temeroso del rumbo de la carpintería abandonada, también se marcha, llevándose consigo, el cepillo, el nivel de gota, los lápices con todo y las escuadras, el taladro y las brocas, a los que igual injuriaron por las redes sociales. (¡Ay no! Exclamó Winston –este está igual que Edgard Allan Poe: “el terror de mis relatos, proviene de la densa oscuridad de mi corazón”– pero ofreció contar el suyo, menos infeliz, antes que finalice la Semana Santa). Pues bien –gentil cortesía de un afiliado al colectivo– lo prometido, es deuda:

“Érase una vez un viejo ermitaño refugiado en las montañas para dedicarse a la meditación y la oración”. “Siempre se lo veía muy ocupado”. “Un día alguien le preguntó: ¿cómo puedes tener tanto trabajo si vives solo?”. Él respondió: «Tengo varias cosas que hacer: Entrenar a dos halcones. Entrenar a dos águilas. Calmar a dos conejos. Disciplinar a una serpiente. Motivar a un burro y domar a un león”. “No veo ningún animal por aquí, ¿dónde están?”. El ermitaño respondió:
“Estos animales son los que todos llevamos adentro”. “Los dos halcones, se lanzan sobre todo lo que se les presenta, bueno o malo, tengo que entrenarlos para lanzarse solo sobre cosas buenas: -Son mis ojos”. “Las dos águilas con sus garras, provocan sufrimiento y destruyen, tengo que entrenarlas para ponerse al servicio y ayudar sin hacer daño: -Son mis manos”. “Los conejos quieren ir a donde se les antoje, y pueden crear problemas difíciles. Tengo que enseñarles a estar tranquilos, incluso si tengo problemas, o cualquier cosa que no me guste: -Son mis pies”. “Lo más difícil es mirar a la serpiente, está encerrada en una jaula fuerte, pero siempre está lista para atacar, morder y colocar su veneno sobre cualquiera que esté cerca. Tengo que disciplinarla: -Es mi lengua”. “El burro es terco, no quiere cumplir con su deber, siempre está cansado y se niega a cargar su carga todos los días: -Es mi cuerpo”. “Finalmente necesito domesticar al león, él quiere ser el rey, es arrogante y siempre quiere ser el primero, es vanidoso, está orgulloso, cree que es el mejor: -Es mi EGO”. «Como puedes ver, tengo mucho trabajo por hacer”.

“Reflexión: Pidamos a Dios que nos permita aprovechar estos días para dominar todo lo que llevamos en nosotros, para que podamos ser: Los mejores testimonios, las mejores personas, los mejores socios, los mejores amigos”. “Sobre todo, los mejores amigos de Dios”. (Propicio a la temporada santa –reacciona el Sisimite– y a este cuento, como al gato, no le voy a buscar tres pies sabiendo que tiene cuarto. Así que mejor escuchemos lo que las escrituras cuentan sobre lo ocurrido durante la agonía hasta el fatídico instante de la última espiración: San Lucas 23:44-48: “Desde el mediodía y hasta las tres de la tarde, toda la tierra quedó en oscuridad”. “El sol dejó de brillar, y el velo del templo se rasgó por la mitad”. “Jesús gritó con fuerza y dijo: -¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!”. “Y al decir esto, murió”. “Cuando el capitán romano vio lo que había pasado, alabó a Dios, diciendo: -De veras, este hombre era inocente. Toda la multitud que estaba presente y que vio lo que había pasado, se fue de allí golpeándose el pecho”).