Juan Ramón Martínez
El viernes 17 de marzo, a las 6:15 de la tarde, falleció en la ciudad de La Paz, Alexis Machuca Domínguez, educador escritor e historiador de indudables e indiscutibles méritos. Posiblemente uno de los que más se inclinó por investigar, desde el interior del país; y, colocando su ojo observador, en las familias y sus relaciones, expresados en hechos y personajes locales. Sus contribuciones son muy valiosas, de forma que los historiadores del futuro, podrán usar sus valiosos hallazgos para construir la gran historia de Honduras. Nació en la Paz, el 23 de junio de 1952. Fue hijo de Santos Machuca y Cándida Domínguez. Además de sus contribuciones bibliográficas, una de las mayores de todo el país, hay que destacar su capacidad de promotor cultural y sus valiosas aportaciones a la mejor Casa de la Cultura que cuenta el país, la de su ciudad natal, La Paz. Contrajo matrimonio con Maritza Alcerro, con la cual procreó cinco hijos, ya todos mayores. Se graduó de profesor de educación media en la especialidad de letras en la Escuela Superior del Profesorado Francisco Morazán, de Tegucigalpa, con el grado de licenciado en literatura. Se desempeñó como catedrático de literatura y español en The Mayan School, Macris e Instituto Tecnológico de Administración de Empresas de Tegucigalpa. Tenía una enorme facilidad para los idiomas, de modo que manejaba muy bien el inglés, alemán, el francés y el italiano. Y tenía muy buena formación en latín. Cosa que, sin duda le facilitó para entender la lógica de idiomas, incluidos algunos indígenas, hablados todavía en Honduras. Además de la enseñanza, la pasión de Machuca fue la investigación histórica y la producción literaria. En la primera especialidad fue un pionero del estudio de las relaciones entre las familias de la ciudad de La Paz y de cuyo resultado publicó posiblemente la obra más voluminosa y a la que dedicó más trabajo y entusiasmo: “Los Apellidos de la Ciudad de la Paz”. Allí se encuentran, en orden alfabético las familias de su ciudad natal y vía las relaciones personales y familiares, muestra un tejido de integración de las familias, sus descendencias, con un estricto respaldo documental que permite a los sociólogo y antropólogos, conocer las vías como se consolida el poder, como se disemina; e incluso como se termina, en la medida en que las familias quedan sin descendientes. Hay que esperar que, en el futuro, se hagan estudios similares en las principales ciudades de Honduras. Y que al final, podamos identificar a nivel nacional a las familias protagonistas inevitables como expresión del poder, uniéndose y diversificando, pactando no solo relaciones matrimoniales, sino que, además, cuotas de poder político y económico. Distribuyéndose incluso el territorio nacional.
Además de “Los Apellidos de La Paz”, a nuestro juicio su obra cumbre, publicó: “El Noticiario Paceño”, “Paisanos”, Reseña Histórica: Maestros Jubilados de la Paz. Deja muchas obras inéditas. Entre ellas, una que debí haber apoyado su publicación cuando en su oportunidad me la presentó: “Los discursos fúnebres”, pronunciados en el momento del sepelio de los compatriotas más distinguidos de Honduras, desde el padre José Trinidad Reyes, José Trinidad Cabañas, Manuel Bonilla, Ramón Villeda Morales y Modesto Rodas Alvarado, pasando por Marcos Carias Reyes, Policarpo Bonilla, Paulino Valladares, Tiburcio Carías Andino y otros muchos más, distinguidos en la vida política, económica y social de nuestro país. Ojalá que sus descendientes, conserven y promuevan la publicación de los trabajos inéditos como el citado y de repente otros muchos más, porque Machuca era un incansable trabajador, un fino investigador y una talentoso narrador, profesional y muy dedicado a sus tareas.
Su fallecimiento constituye una gran pérdida para la cultura nacional, para sus alumnos, amigos y admiradores que, en esta hora, sentimos el vacío de su ausencia. Y especialmente para sus admiradores y colegas, entre los que me incluyo humildemente. Tan solo con la esperanza que seguirá vivo en sus libros y en el recuerdo de las generaciones que recibieron el influjo de su formación, sus visiones puntuales sobre la realidad, la fina ironía con la que siempre juzgo el poder; y su fuerza misionera que lo empujo siempre a involucrarse en las mejores causas. En sociedades en crisis perpetua, como la nuestra, de repente su muerte, muchos lo convirtieron en un hecho común, como cualquiera otro. A ellos, le decimos que Alexis Machuca Domínguez, fue un gran hombre, un gran hondureño, un gran escritor que debe llenar de orgullo a todos los paceños especialmente y, en fin, a todos los hondureños. Porque fue ser humano total. Un hombre bueno, honrado y cabal. < Que honro lo mejor de los seres humanos. Paz a su alma.