YA QUE VAN A REGULAR

UNA amiga comparte una caricatura: El niño –como muchos zombis de esta generación– con cara de desconcierto ojeando un libro; pero se intuye que no entiende lo que tiene en sus manos. La maestra le explica: “Ese dispositivo se llama libro, y al usarlo estarás leyendo”. “Es la manera en que la gente instala nuevas aplicaciones en su cerebro”. Para ir evacuando los mensajes recibidos otra columna de espacio interactivo: Una joven abogada: “¡Excelente como siempre! Me encantó la descripción del tintero, no lo sabía, siempre aprendo algo nuevo con usted”. Otro lector: “La tecnología actualmente es una especie de red que entre más se trata de salir la persona más se enreda”. “Quiere abrir un archivo. Inmediatamente le manda un mensaje: Su versión es muy antigua, para poder acceder a ese archivo tiene que descargar la APP tal». “Ahí va uno probando, por último, se convence que lo que hay que hacer es comprar la versión más moderna de celular, computadora de escritorio o laptop”. “Es un gancho «numismático». “En nuestros países padecemos de enorme atraso de tecnología y de bochornosos contrastes”. “Gente viviendo en la periferia de las ciudades «apiñados» en los bordos, y sin trabajo, y otros en un “pent-house” de un moderno edificio que les costó medio millón de dólares y que solamente de seguridad pagan cincuenta mil lempiras mensuales”. “¿Cómo se llegó a esa disparidad?”.

(Aunque la ironía sea que el desocupado, que no ajusta ni para la comida, menos para sostenimiento del hogar, primero se muere de hambre o lo maten por lo que debe, que dejar de pagar recargas o planes para andar luciendo un teléfono portátil. Trasteándolo todo el día, dando rienda suelta a su insaciable apetito de distracción. Gastar lo que no tiene, en llamadas banales –aquí ando yo, y vos que estás haciendo…– “dándose tacos de persona ocupada. Pavoneándose, sin rumbo específico, de acá para allá y de allá para acá –entre el gentío de otros zombis con la cabeza agachada viendo sus celulares, que tampoco le prestan atención– como jactándose que nada tiene que envidiar al zombi millonario del lujoso “pent-house” ya que, será acabado, pero pisto se consigue para disfrutar de esas chucherías tecnológicas”). “Ajá –escribe otro buen amigo–brillante explicación sobre el “tintero inteligente” y un cierre magistral del Sisimite”. “Me ha hecho recordar mis clases de caligrafía en el San Miguel, los cuadernos nítidos y cada alumno esforzándose por dibujar la mejor letra posible”. Ahora, no hay “cuadernos únicos” ni de “caligrafía” y menos de “moral y cívica” o de “actividades prácticas”, etc.” Entramos a la era de las gabachas –la cura a la deserción escolar y con lo que se va a remontar el atraso en calidad educativa– de los zombis con aparatos inteligentes que nos vuelven estúpidos”. “Los muchachos crecen sin lo esencial de los valores para la construcción de una mejor sociedad”. “A propósito, me acuerdo cuando iba a la escuela me daban un tostón y me ajustaba para el pan con mantequilla, el fresco, las botonetas, los churros y el mango verde”. “Con un búfalo compraba los lápices y el borrador y con “el daime” los lápices de colores con todo y cuaderno”.

Otra lectora: “Buena la definición de “vistos y leídos” o “bandeja de entrada”, muy razonado el término para dichos mensajes, así que en términos de la generación actual o de los zombis, sería: V.L o B.E (para los que atropellan el español acortando todo)”. “Me trajo recuerdos de una película de Robbin Williams “el hombre Bicentenario” que trata sobre la búsqueda de romper los límites de la creación”. “Inicia como un robot de servicios domésticos, luego una humano se enamora de él; él de ella, e inicia aquella relación basada en el amor que rompe fronteras”. “Este busca la forma de encajar en la sociedad por ella, para que no lo vieran como bicho raro por andar con un robot y cada pieza va creándose, encaminada a parecer humano, (ya no un latón). La tecnología va evolucionando el modelo de robot agregando piel, emociones, detalles gesticulares, lágrimas, sentimientos”. “El proceso de desarrollar aquel robot hasta que lo llevó al lecho de muerte con su amada”. “También me recordó a Raj en “The Big Bang Theory”, cuando compra su primer iPhone 4, creo que era, y conoce a Siri”. “Jajajajaja, la va a buscar hasta su oficina para conocer su atractivo”. “La tecnología, sin negarlo, es el camino más cercano al futuro, pero ¿estaremos preparados para vivirla?”. “Las mentes prodigiosas hacen maravillas con ella, pero no podemos olvidar que también existen las mentes malignas que podrían acabar con la misma humanidad”. “Pero bien con la inteligencia artificial de allá y acá con las gabachas inteligentes”. (Ya hay pláticas allá en Silicon Valley –el Sisimite informa a Winston– pidiendo monitoreo y regulación de la Inteligencia Artificial. Cuentan que un tipo acabó quitándose la vida después de una adictiva dependencia que adquirió conversando con un “chatbot” de una tal “Eliza”. Sí, eso estaba leyendo –le responde Winston– hay gente destacada firmando una petición alertando de los riesgos, que eso puede ser comparable a la energía nuclear. _Así es –irrumpe el Sisimite–pero a otro que deben regular es a ese magnate firmante de la petición que acaba de comprar Twitter, quien también es responsable de tanta división y conflicto que sufren las sociedades).