Rostros de los forjadores de UNAH-TEC Danlí, que las nuevas generaciones no deben ignorar

Autor: Luis Alonso Gómez Oyuela
Email: [email protected]

DANLÍ, El Paraíso. La historia se escribe con alegría, con nostalgia y muchas veces con lágrimas, pero hay que escribirla y enriquecerla. Detrás de una gran obra hay muchas personas que estuvieron al frente unidos con un solo propósito: la universidad presencial para la zona oriental. ¿Quiénes son los demás protagonistas y cuál fue su papel protagónico?

Las construcciones en la mente y el corazón no existen. En el caso de la Universidad presencial para Danlí, el siguiente paso fue obtener el terreno. Henry Valladares y Rafael Morales solicitaron a Olguita Bendaña de Sevilla el terreno. El alcalde Luis Alberto Sanabria (QDDG) en conjunto con la corporación municipal donó 2 manzanas. Posteriormente la señora Bendaña vendió dos y donó 6, para completar 10 manzanas, de las que actualmente dispone el centro universitario. Por su parte el señor Celín Discua, diputado para entonces, gestionó con la rectora de la Universidad José Cecilio del Valle, la elaboración de los planos a través de la carrera de arquitectura.

Los proyectos a seguir estuvieron bajo la responsabilidad de Rafael Morales, además de su trabajo como coordinador de vinculación, era gestor de ayudas para iniciar el proceso de consolidación física de UNAH-TEC-DANLÍ. La alcaldesa Luz Victoria Oliva, hizo un donativo de 200,000 lempiras para construir la cancha polideportiva; obra que estuvo a cargo del profesor Nicolás Maradiaga, registrando un sobrante de 3 mil lempiras que fueron reintegrados al tesoro municipal.

Ramiro Chacón, Santos Héctor Valladares, Gustavo Sevilla Gamero y Norma Martin de Reyes (comisión de transición UNAH).

En aquel momento era urgente la instalación de cinco líneas de telefonía, además, la instalación de la energía eléctrica. Los gerentes de ambas instituciones Santos Héctor Valladares y Carlos Cubas, atendieron el llamado como parte de su contribución al proyecto de educación superior. El servicio de agua fue posible a través del ingeniero Alberto Solano. La tubería metálica de grueso calibre fue donada por la gerencia del SANAA.

Con todo lo anterior disponible, la UNAH no tenía la facultad para realizar desembolsos para la construcción del edificio en un terreno que no estaba registrado a favor de la máxima casa de estudios. Ante este impasse, el señor Morales presentó formal solicitud al alcalde municipal José Antonio Urrutia para que el terreno quedara inscrito a favor de la universidad. Dicha solicitud fue aprobada por 7 regidores, pero el alcalde Urrutia y tres regidores no avalaron el dictamen del resto de corporativos. Por lo tanto, sin ese requisito, el primer edificio para laboratorios no sería construido.

Sin embargo, tras una conversación con el abogado y notario Gustavo Sevilla, este lamentó que una ayuda de 12, millones de lempiras se perdiera por un impasse en la legalidad del terreno. “No es posible perder esta ayuda, comentó Sevilla en aquel momento que era decisivo para la educación superior. Por lo tanto, solicitó los documentos y el respectivo acuerdo municipal de entrega por la municipalidad de los terrenos a la universidad y a la rectora de entonces Julieta Castellanos. Finalmente, el abogado Sevilla, elaboró la escritura, indicando que era una contribución de su parte a UNAH-TEC, solicitando el anonimato al respecto. No obstante, y en honor a la verdad histórica hoy se conocen estos hechos para que exista memoria entre los desmemoriados, detalló Rafael Morales.

Otros aportes importantes que no deben quedar en el olvido son: 90 mil lempiras de la directiva del Festival del Maíz a través del tesorero Leopoldo Motiño. Un aporte de la alcaldesa Luz Victoria Oliva, para la construcción del sistema de aguas negras. Mariano Castellanos y familia hicieron una donación mil volquetas de material selecto para las áreas de parqueo de la universidad. Para la construcción de la bahía, el ingeniero Ramiro Chacón, en calidad de alcalde, respondió satisfactoriamente a través de la corporación. Mediante su apoyo personal se construyó el muro perimetral, la verja y tres portones de acceso. Y, nuevamente, Mariano Castellanos y familia la donación 800 volquetas de material selecto para los drenajes y rellenos correspondientes.

Ramiro Chacón, Santos Héctor Valladares, Gustavo Sevilla Gamero y Norma Martin de Reyes (comisión de transición UNAH).

La participación de los alcaldes municipales en este proceso universitario fue decisiva, dejarlos en el anonimato sería una injusticia. Juan José Osorio, Luis Alberto Sanabria (QDDG) Luz Victoria Oliva y Ramiro Chacón. El grupo gestor, alcaldes, Celín Discua Elvir, grupo Solidaridad y la junta de transición de la UNAH, fueron la columna vertebral de la universidad presencial en esta ciudad.

Rafael Morales, uno de los artífices fundamentales de UNAH-TEC.DANLÍ, recuerda que, entre las últimas gestiones realizadas con el alcalde Ramiro Chacón, está el estudio topográfico para ubicar el sistema de aguas negras para conectar los edificios de laboratorios en el presente y a futuro edificaciones de UNAH-TEC.DANLÍ. Una vez realizado el estudio y diseño, de la directora de la Escuela Normal España Dilcia Argeñal, la universidad quedó integrada a la red de servicios básicos.

Gracias a los que en el pasado inmediato fueron los forjadores y creadores de esta gran obra social, hoy existe la universidad presencial. Ojalá que al paso de los años jamás se olvide a quienes hicieron posible esta invaluable obra para Danlí. Que la universidad no solo recuerde a José Trinidad Reyes, y se haya olvidado de Francisco Morazán, quien dejó para la posteridad su legado: “La educación es el alma de los pueblos y abono de los ejércitos de la libertad”. No olvidemos a los nuestros que con amor sembraron la semilla para el porvenir de sus hijos.

LA TRIBUNA, siempre ha estado presente desde que se dieron los primeros pasos con la fundación del grupo gestor apoyando cada iniciativa. Hoy continuamos con el mismo propósito, escribiendo; para no olvidar que las letras hacen la historia. Queda una hoja en blanco en la que deben aparecer los nombres de Adolfo León Gómez, Jorge Haddad Quiñónez, Norma Martin de Reyes, José Celín Discua Elvir y Rafael Morales.