EL ACERTIJO

A propósito de la controversia china, tomamos párrafos de un artículo de opinión –del Washington Post– acreditado al prestigiado comentarista estadounidense Farid Zakaria: “México podría estar entrando en una era dorada, perfectamente posicionado como está, para beneficiarse de la creciente tensión entre Estados Unidos y China”. “Partes del país ya están experimentando un auge a medida que las empresas se diversifican fuera de China e invierten en él”. De hecho, una buena parte de esa inversión la están realizando empresas chinas que están encontrando la manera de seguir vendiendo productos a Estados Unidos”. El Estado de Nuevo León, donde está concentrada mucha de la infraestructura manufacturera, ha recibido cerca de $7 billones de inversión desde finales del 2021 y el gobernador ha anunciado un plan de Tesla de invertir en una giga fábrica que generará $10 billones. Laredo, Texas, que se enfoca casi exclusivamente en el comercio con México, el pasado octubre desplazó a Los Ángeles como el puerto norteamericano más ocupado. “Pero estos prometedores vientos económicos están siendo sofocados por malas políticas”.

El interés nuestro en esta pieza informativa sería no tanto lo relativo a la cantidad de inversión que México haya captado o pueda granjearse consecuencia de este desplazamiento de empresas, operando en China, hacia otros destinos desde donde puedan acceder al mercado norteamericano. Es perfectamente entendible que algunas buscarán la proximidad geográfica con los Estados Unidos, y de allí el atractivo de trasladar sus operaciones a México. Sin embargo, esta coyuntura, resultado de los conflictos comerciales entre los superpoderes, ofrece una oportunidad única a otros países que tienen en su haber tratados comerciales que hacen posible el acceso directo al gran mercado norteamericano. Precisamente aprovechando el tratado de libre comercio entre México y los Estados Unidos es que esas mega inversiones han llegado a México o tienen proyectado ubicarse allá. Y si esto ya ocurrió y sigue ocurriendo –ya que esta guerra comercial entre los dos gigantes no da señales de pronta solución– no habría razón para que la región centroamericana no entre al juego competitivo. Tanta cercanía hay de México al mercado norteamericano como la hay de los países centroamericanos. Entonces serían otros factores a considerar los que podrían hacer de estos pintorescos paisajes acabados foco atractivo a esas inversiones. Estos serían los factores que tanto el gobierno como el sector empresarial debiesen sopesar, con mente despejada, inteligencia despierta y los ojos bien abiertos, no apagados. Una vez la región centroamericana se coloque de tú a tú con México, como designación propicia, el siguiente paso sería incidir en el ánimo de los inversionistas a decidir en cuál país instalarse.

El juego de oportunidad, entonces, se convierte en una competencia entre las naciones centroamericanas; de cuál de todas ofrece las mejores condiciones y los mayores atractivos. Aquí entran, entre otras consideraciones, los factores logísticos, económicos, ventajas comparativas, costos, elementos de confianza y situaciones políticas. Zakaria da algunas razones por las que México estaría poniendo en riesgo su oportunidad: “Todo el mandato de López Obrador es tomado de la cartilla del texto peronista: pretende hablar por los pobres, atacando a las élites y, mientras tanto, dirigir un gobierno de mala calidad e incompetente”. “López Obrador hizo campaña con la promesa de combatir la corrupción”. “Pero de acuerdo con un grupo no gubernamental, su gobierno adjudica tres de cada cuatro contratos usando un sistema “sin licitación” sin siquiera requerir ofertas competitivas”. “El Estado ha perdido su capacidad de controlar a los carteles de la droga, que controlan gran parte del país”. (Conseguir que una o varias de estas mega empresas se instale en Honduras –interviene Winston– podría ser el ansiado milagro que revierta el estado agónico de la economía nacional. ¿Qué ventajas o desventajas tendría Honduras –pregunta el Sisimite–frente a las otras naciones centroamericanas? Ni idea –interrumpe Winston– más bien sería tema de deliberación, después de una profunda meditación –en receso de los poemas– para que el colectivo ensaye dar respuesta al acertijo).