CONSUELOS

ESTOS días –pese a sugerencias de algunos actores de la última controversia, que le entremos, que defendamos lo que otros no quieren defender, que aboguemos por el interés de muchos que, por el riesgo que implica, prefieren no sacar la cara esperanzados que otros, por amor al arte, lo hagan por ellos– no hemos estado en ánimo de incursionar en la enmarañada telaraña de los conflictos. Quizás más adelante, tiempo es lo que sobra. De momento, mientras otros se enfrascan en estériles debates –tomando la frase de Winston que tenemos más a la mano: “nunca percibimos la verdad, más bien, solo creemos lo que percibimos”– de momento, dado el clima de crispación que mantiene a la gente estresada, mejor ofrecer consuelo a las aflicciones del alma.

“Qué bello homenaje a un amigo” –escribe una fundadora del colectivo quien resume lo sentido por muchos otros que igual enviaron su pésame–. “Realmente la peregrinación a sus nacimientos se fue haciendo –por quienes nacimos en la capital– una tradición familiar”. “Asistíamos a verlo con toda la familia y si venían personas de otras ciudades o países, con orgullo, también, los llevábamos a verlo”. “Incluía temas de actualidad o que se hubiesen desarrollado a lo largo del año y eso además de hacerlo único, lo hacía muy nuestro; no solo por local, sino porque también llamaba a la reflexión”. “Así como firmábamos el libro de asistencia al final del recorrido, seguramente él ya firmó su libro de ingreso al paraíso celestial y desde allá, con otra perspectiva, y su inigualable talento se encargará del nacimiento”. “Descanse en paz don Fernando Martínez”. Un lector envía al colectivo el TikTok de un tipo recitando unos versos, erróneamente atribuyéndolo a García Lorca, cuando su autor es otro Federico García. Pero a algunos les gustará la letra independientemente del autor de “La Cuesta de la Vida”: “Si un día el camino, que venía liviano/ Se te vuelve oscuro, y encima empinado/ Buscá a tus amigos, tomales sus manos/ Apoyate en ellos, para repecharlo./ No lo intentes solo, no podrás lograrlo/ Y si lo lograras, será a un costo alto/ Con los que te quieren, se hará más liviano/ Y todo lo oscuro, un poco más claro./ Cuando el cuerpo afloje, te sientas cansado/ Cuando la tristeza, a tu alma haya entrado/ Buscá a tus amigos, buscá a tus hermanos/ Contá con nosotros, que para eso estamos./ Lo oscuro permite, distinguir lo claro/ Se conoce el dulce, probando lo amargo/ Tras subir la cuesta, se disfruta el llano/ Así es nuestra vida, te lo juro hermano./ En los tiempos duros, encontrarás manos/ Abiertas, tendidas, de amigos, de hermanos/ Ya para empujarte, ya para un abrazo/ Y al fin de la cuesta, disfrutá del llano”.

Y una pariente manda lo que a su juicio son “los versos más hermosos de uno de sus poetas favoritos”. “En Paz”: “Muy cerca de mi ocaso,/ yo te bendigo, vida,/ porque nunca me diste/ ni esperanza fallida,/ ni trabajos injustos,/ ni pena inmerecida./ Porque veo al final/ de mi rudo camino/ que yo fui el arquitecto/ de mi propio destino./ Que si extraje las mieles/ o la hiel de las cosas,/ fue porque en ellas puse/ hiel o mieles sabrosas:/ cuando planté rosales,/ coseché siempre rosas./ Cierto, a mis lozanías/ va a seguir el invierno:/ ¡mas tú no me dijiste / que mayo fuese eterno!/ Hallé sin duda largas/ las noches de mis penas;/ mas no me prometiste/ tan solo noches buenas;/ y en cambio tuve algunas/ santamente serenas…/ Amé, fui amado,/ el sol acarició mi faz./ ¡Vida, nada me debes!/ ¡Vida, estamos en paz!”. (Amado Nervo). (Hasta aquí, con la esperanza que las palabras bien dichas sirvan de bálsamo a los pesares y sean útiles a la cultura. Aunque el Sisimite advierte que una vez escuchó decir a Confucio: “Enseñar a quien no está dispuesto a aprender, es malgastar palabras”. A propósito de la vida –Winston citando a San Agustín: “¡Que hablen todos los que te amaron, oh mundo! ¡Que digan si tuvieron en su vida goce sin dolor, paz sin discordia, descanso sin miedo, salud sin flaqueza, luz sin sombras, risas sin lágrimas!”).