Gustavo Adolfo Milla Bermúdez
La historia política se transforma y se modifica entre los hombres perversos de ayer y de hoy. Tiene su origen después de la segunda guerra mundial que quedaron secuelas de los soldados que cayeron bajo las balas asesinas, encarnadas en el cerebro de la humanidad por un homicida llamado Adolfo Hitler, el fhürer, genocida por naturaleza criminal, creador del holocausto más terrible que puede recordar la humanidad, aquel acto deshumanizado que se recuerda con mucho dolor y lágrimas ante la historia. Hoy existe otro que superó a Hitler, Vladimir Putin, “el genocida”.
Ya está escrito “que la revolución se engendra en la guerra”. Hay algo que confirma esa tesis: “la Revolución cubana comandada por Fidel Castro, Ernesto Che Guevara y su hermano Raúl Castro. Esa es la historia del comunismo soviético que quedó en los países como semilla de la maldad, desde aquel entonces no hemos tenido paz todos los hombres y pueblos del mundo libre acostumbrados a vivir en democracia y libertad. Ese es el sistema más oprobioso y malvado que se produjo y se desarrolló como virus en la isla comunista de Cuba y continua el virus con variantes de pandemias heredadas por tres jinetes apocalípticos. ¿Así lo recordará la historia al gobierno fascista de Xiomara y “Mel”?
Para el próximo 5 de abril está programada la cita de “Los siete fascistas del patíbulo” latinoamericano. Allí en ese “cónclave” expondrá cada uno sus ideas maquiavélicas, cómo se manejan sus doctrinas filosóficas del “socialismo demócrata” y del socialismo del siglo XXl mancomunado con el comunismo esclavizante. Todos, cada uno de los dictadores independientemente podrá exponer cómo ultrajan a sus ciudadanos y les prohíben el derecho de opinión pública, robándoles su libertad que es un derecho universal natural en la vida de los hombres y de los pueblos. Los derechos humanos están estatuidos en la Carta de las Naciones Unidas y apoyado después por otras naciones que se incorporaron y se apegaron a la Carta confesa en el concierto de las Naciones Unidas.
Lo cierto es que los dictadores izquierdista, fascistas-comunistas no respetan los derechos de sus ciudadanos y mucho menos las constituciones y demás leyes que rigen a sus pueblos, son déspotas con toda maldad, que ellos nacieron para hacer el mal, son leviatanes que comulgan con la filosofía y las leyes del infierno.
Cuál será la tesis que expondrá Manuel López Obrador a sus invitados descalabrados mentales y con fiebre de diarrea mental socialista-comunista bajo ese contexto del “cónclave” tienen al maestro Raúl Castro de la perversa revolución cubana para darles una maestría o doctorado cómo se maneja y mantiene un pueblo esclavo negándoles hasta un mendrugo de pan y manteniéndolos tras las rejas opresoras en las sombras de la perversidad y maldades.
Seguro estoy que asistirán muchos neófitos en el campo doctrinario del socialismo del siglo XXl y del “socialismo demócrata”. López Obrador les va inyectar el odio y desprecio al capitalismo liberal, porque solo él quiere comer; ya quedó demostrado cuando vino a Honduras a asesorar a la Presidente Xiomara Castro, que no asistiera a la Cumbre de la Américas, auspiciada por el presidente Joe Biden. Pero López Obrador sí fue después a la casa Blanca a ponerse de rodillas. López Obrador no tiene dignidad y mucho menos moral y ética. Ese cadejo negro no es amigo ni hermano latinoamericano. “Desprécienlo, óbvielo, es una paradoja tóxica”.
Ese llamado “cónclave” de los siete fascistas del patíbulo, no tiene y no tendrá jamás cabida en nuestra manera de pensar. Estamos dispuestos a dar la batalla y ya están en el Congreso Nacional los diputados liberales, nacionalistas y los de Libre como barreras y banderas infranqueables en defensa de nuestra democracia que vivos en libertad. No queremos a los que quieren robarnos y asaltar nuestro modo de vivir. Nuestra convivencia democrática es la paz en armonía con nuestros hijos y los hijos de los hijos que son el porvenir y futuro de nuestro suelo patrio que nos legaron los héroes de aquellas luchas y batallas de hombres aguerridos con espíritu de patriotas que se ciñeron la corana de laureles para dejar como herencia a sus simientes defensores de la patria.
¡Luchar por la libertad, es forjar una patria digna!