MANEJO DE BOSQUES

HONDURAS, por su condición natural de país tropical del hemisferio norte, exhibe y esconde diferentes tipos de paisajes y de bosques. El más conocido es el bosque de pinos numerosos y rumorosos. Siguen en orden de importancia los bosques de selva, sabana, jungla y manglar, con variedad entremezclada de árboles frutales y de hoja ancha, sin olvidar los bosques subacuáticos de coral en el mar Caribe. Es oportuno aclarar que la gente suele confundir la selva con la jungla, muy diferenciadas entre sí.

Dada la abundancia de pinos en los cerros, serranillas y montañas, cuyas maderas son propicias para la combustión, en nuestro país los incendios forestales suelen ser devastadores en las áreas respectivas, sobre todo en los alrededores de Tegucigalpa, San Pedro Sula y otras municipalidades. Siendo los principales causantes de tales incendios los pirómanos ociosos e irresponsables, y una parte de las mismas autoridades municipales que se hacen de la vista gorda con los dueños de potreros y zacatales.

Por regla general las autoridades edilicias se encargan de perseguir y multar a un vecino que corta un árbol viejo que está a punto de caer sobre su casa poniendo en peligro la vida de sus familiares y de los transeúntes. Pero frente a los incendiarios de bosques completos, se vuelven ciegos o se hacen los sordos. Las medidas preventivas, como se dice popularmente, “brillan por su ausencia”.

En los países con larga tradición y experiencia en estos temas, se aplican políticas científicas de manejo de bosques. Dos ejemplos que podemos resaltar son los de Suiza y Australia. Uno en el centro de Europa y otro bañado por los océanos Índico y Pacífico. En la República Helvética (es decir Suiza) las autoridades cantonales cortan los pinos viejos que tienden a caerse y a poner en peligro las vidas de los turistas y transeúntes. Serruchan la madera, de cada pino, en pedazos de leños; los amarran en ataditos y los colocan en los senderos, con el fin de que sean recogidos por los campesinos o habitantes suburbanos que necesitan calentar las chimeneas en los meses más helados. A la par del pino viejo cortado, siembran uno o dos arbolitos más, dándoles seguimiento.

En la Mancomunidad de Australia, un inmenso país continental de paisajes secos, que en estos últimos años ha experimentado los más grandes incendios a nivel planetario, los aborígenes tenían la práctica milenaria de hacer rondas gigantescas y de provocar pequeños incendios en forma deliberada, con el objeto ulterior de neutralizar aquellos grandes siniestros. Las rondas son limpiezas de montes, zacatales o malezas en torno de los bosques y potreros, que los aborígenes y campesinos modernos realizan con machetes y azadones, con el fin de evitar la expansión de los incendios de una “propiedad” a otra, y entre las mismas comunidades colindantes. Tal ha sido la magnitud de los incendios forestales en Australia, destructores de biodiversidad, que las autoridades estatales, además de rociar agua con avionetas y helicópteros, también han vuelto a la antigua práctica aborigen de hacer rondas y pequeños incendios controlados, con la experiencia positiva en la parte occidental de aquel continente.

Los hondureños, por su lado, en las zonas rurales y semiurbanas, hace unos cuarenta años chapeaban los alrededores y con ello controlaban los incendios. Las autoridades municipales tienen que aprender y ponerse al día. Sobre todo en materia de manejo científico de bosques.