Se describe rebelde patológico sin llegar a ser un vago. Estudió cine en Cuba pero no lo sedujo Fidel Castro ni el sistema. Alumno de García Márquez en un taller de cuentos de quien recuerda sus borracheras. En resistencia popular después del golpe de Estado del 2009 pero no es “melista”. Es Óscar Estrada, escritor y guionista hondureño que regresa estos días al país a presentar otra rebeldía de su vida: “Tierras de Narcos”, una trama real en la que desnuda con pelos y señales quién es quién en esta mafia y cómo se apoderaron del país. Sin mucho preámbulo, aquí nos adelanta más detalles de su vida y su libro.
¿Niñez caótica?
Sí, mi padrastro era un tipo muy violento, duros castigos.
¿Violación sexual?
No, pero sí violencia física, que de alguna forma me marcó mucho mi relación con la autoridad, tengo un problema patológico con la autoridad, una rebeldía nata, nunca fui capaz de aceptar el poder simplemente porque era el poder.
¿Se reconcilió con él?
Logré perdonarlo, antes que muriera de VIH en 1999, una tragedia que marcó a la familia, para ese entonces yo era un hombre de 25 años.
¿Drogas, aritos, vagancia?
El arito lo llevo desde los 14 años, me lo ponía al salir de casa y me lo quitaba al regresar, nada de droga ni jugar naipe aprendí, crecí en un ambiente religioso, mi abuelo era pastor adventista.
¿Su madre sobrevivió?
Sí, vive en los Estados Unidos.
¿Se adoctrinó ideológicamente en su estadía en Cuba?
Desde joven me identifiqué con las ideas progresistas, con círculos de estudios marxistas aquí en la UNAH, pero la escuela de cine y televisión donde estudié es un espacio distinto del resto de Cuba, había otro tipo de relación política y era más un interés hacia las artes, la literatura, la narrativa, la parte cultural.
¿Lo recomendaría como modelo?
Como modelo para hacer un copy paste, no. Lo que se vende de Cuba ideológicamente en el resto del mundo es muy distinto de lo que viven los cubanos, es una sensación de encierro sin poder escapar por ser una isla, la autoridad imperante, hay mucho descontento, quizás sin ese bloqueo Cuba podría haber sido otro tipo de sociedad, pero ya no, ya no lo fue, ni lo será.
¿Y por qué esa fascinación de gente que va a Cuba y regresa más fidelista que Fidel?
Como te digo, depende dónde uno va, mucha gente fue a la Escuela de Medicina y la experiencia que ellos tuvieron es diferente porque la Escuela de Medicina sí es parte del sistema cubano.
¿Conoció al comandante Fidel Castro?
Una vez, pero no teníamos celulares así que no teníamos selfies, fue en una cena en La Habana, de repente yo sentí que la atención de la gente había cambiado y ahí me di cuenta que él estaba precisamente en el mismo salón, era un hombre muy alto, imponente.
¿García Márquez era parte de esta escuela de cine?
Sí, precisamente él la fundó con el comandante Fidel, pero en ese momento que yo estudiaba se recuperaba de un cáncer.

¿Lo conoció?
Después, convocó a un taller de cuentos, hicieron una selección de 10 egresados de la escuela en los 15 años de existencia. Trabajamos un mes con él, nos contaba todas sus historias, fue una experiencia invaluable que me marcó.
¿Una anécdota con él?
Las borracheras que se pegaba con Fidel, eso era casi todos los días, cuando él llegaba a La Habana, Fidel le daba su Mercedes Benz, tenía tres, completamente idénticos. Conocí también a su esposa Mercedes.
¿Cómo llegó a estudiar a La Habana?
Un poco caradura, tenía apenas mil dólares de los 13 mil que costaba el programa, tomé la decisión de irme aunque me corrieran a los dos meses, pero luego saqué un préstamo en Educrédito y pidiendo aquí y allá completé mis estudios por el resto de los dos años y medio.
¿Trabajó en otra cosa?
Antes de irme, trabajaba en una ONG de atención a los afectados del huracán Mitch.
¿Se ha codeado con la élite del cine?
No, solo he escrito guiones aquí en Honduras, precisamente, por la falta de desarrollo de la industria es muy difícil que un realizador de nuestro país logre dar el salto no por mucho talento que tenga, algunos logran cierta cercanía, por ejemplo, Juan Carlos Fanconi, pero es muy difícil poder realmente “colarse” en la industria.
¿Cómo está el cine hondureño?
Ha tenido varias etapas, van cerca de 60 películas de largometraje en los últimos 15 años, siento que estamos en un punto de poder dar el salto a una industria moderna y decente pero faltan ciertos retos como la construcción de narrativa.

¿Se paga bien el cine?
Es más por amor al arte, la mayor parte de las veces uno hace cosas que no se pagan, es un precio más simbólico.
¿Hay material para hacer cine hondureño?
Sobran las historias y un proceso de aprendizaje en los actores.
¿Qué lo motivó a escribir sobre un tema tan peligroso como el nacotráfico?
Mira, ese libro yo le escribí un poco cuando estaba trabajando en el periódico El Pulso, allá por 2016, siempre he tenido un interés por la parte histórica del país y no quedarme en el escándalo sino de tratar de entender por qué se dan las cosas en Honduras.
¿Es ficción o realidad lo que cuenta?
Todo está documentado, como las historias de Ramón Matta Ballesteros y Wilfredo Leva Cabrera, luego seguí investigando en la hemeroteca y eso me llevó, finalmente, a que una persona que estaba en el narcotráfico directamente me contara la historia sobre quién eran quién y de esa forma yo logré construir este mapa del narcotráfico en Honduras.
¿Menciona nombres?
Ahí menciono nombres de familias y de grupos de poder, creo que el narcotráfico es una fuerza económica muy grande que ha filtrado todas las estructuras de poder económico y político del país, es muy difícil poder liberarse.
¿Teme que lo maten?
Vivo en Estados Unidos, no tengo temor, te soy honesto, porque yo creo que lo que estoy diciendo, primero, ya está registrado, o sea, no hay secretos.
¿Qué otras interioridades relata?
En resumen, hablo de quiénes son todos estos personajes que hemos visto, por ejemplo, cuáles fueron las guerras de “Chepe” Handal con Don H, con “El Rojo” o con Chinchilla en San Pedro Sula.
¿Menciona el caso de JOH?
JOH es una figura que siempre está mencionada, pero en rumores, todo el mundo me dice yo supe, yo me enteré que…, pero nunca nadie me dijo yo estaba con él, mi personaje no creo que lo haya conocido.
¿Tiene partido político el narcotráfico?
La narcoactividad no tiene partido, trascienden los grupos económicos, Fuerzas Armadas, Policía, oenegés, iglesia está realmente filtrado en todos lados. El narcotráfico tiene que ver más con el partido que ha estado en el poder, si el Partido Liberal hubiera seguido en el poder quizás habríamos visto historias parecidas a los 12 años de los nacionalistas.

¿Siguen vivas las estructuras aun con todos los extraditados?
El narcotráfico está vivito y coleando y vemos que ahora están haciendo plantaciones en Olancho o en Yoro, siguen cayendo avionetas y siguen moviéndose porque el mercado no ha cambiado hacia los Estados Unidos.
¿Piensa venderle un guion a Netflix?
Me encantaría (se ríe) pero habrá que ver si alguien quiere pagarlo porque eso es caro.
¿Lleva dedicatoria el libro?
No, uno de mis esfuerzos, precisamente, es quitar la narrativa de que solamente el Partido Nacional está relacionado con el narcotráfico, es un fenómeno que requiere un entendimiento mucho más profundo.
¿Se desmarcó del Frente Nacional de Resistencia Popular?
Bueno, yo luché en las calles con la Resistencia Popular pero luego que surgió el Partido Libre, ahí los dejé.
¿Lo invitaron a integrar el gobierno?
No me quieren en el gobierno. Ellos se la pierden (se ríe ). Nunca fui “melista”, fui de la Resistencia Popular que son cosas diferentes.
¿Un consejo a este gobierno?
Si realmente quiere hacer una diferencia en la educación, tiene que reformar
Educrédito porque es peor que un banco, es una de las peores instituciones del país, lo digo siempre que puedo.
ÉL ES…
Óscar Estrada es escritor y guionista hondureño. Ha publicado varios libros, sus más recientes “Tierra de narcos, cómo las mafias se apropiaron de Honduras” (Grijalbo, 2022) y la novela “Cuando el río suena (2022”). Como guionista ha escrito los largometrajes entre ellos La Condesa (2020). Productor de radionovelas y editor de Casasola Editores.
