Miércoles de Ceniza

Jorge Valladares Valladares

“Memento homo, qui pulvis es, et in pulverum revertiris (polvo eres y en polvo te convertirás). Cita de Génesis 3:19, que dice textualmente: “Mediante el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas a confundirte con la tierra de que fuiste formado: Puesto que polvo eres, y a ser polvo tornarás”. Con esta frase lapidaria nuestro Creador nos recuerda la fragilidad de la vida, la inminencia de la muerte, frente a la cual toda soberbia y afán caen, o deberían caer al suelo. Llamando al arrepentimiento y conversión.

La fecha cambia de año en año, la tradición dice que la noche que el pueblo judío salió de Egipto, había luna llena, esto les permitió mirar el terreno que pisaban y dirigirse así a su destino sin necesidad de lámparas o antorchas. Y ese hecho marcaría el anunció de la Pascua en base al ciclo lunar.  Sin embargo el método de cálculo es en realidad mucho más complejo, llamado computus, basado en diferentes criterios, entre ellos la fase de la luna. Recomiendo su lectura por cierto.

La ceniza nos recuerda en diferentes culturas el símbolo de la muerte, el luto, los heraldos de malas noticias y la precariedad de la vida, su significado se relaciona con el hecho de que seremos inexorablemente el residuo frío luego de la extinción del fuego, de la vida terrenal y pasajera. Pero con la esperanza de la promesa de la vida eterna si hay arrepentimiento bajo los preceptos bíblicos. De eso se trata la cuaresma, de un espacio para el re encuentro con nuestra fe.

La cuaresma se relaciona numéricamente con los 40 días de Jesús en el desierto, 40 años de tránsito de los judíos en el desierto, 40 días que duró el diluvio, etc., cifra que sirvió al cristianismo primitivo como referente para la preparación de todo cristiano ante la fecha de inmolación del hijo de Dios por los pecados del hombre en Semana Santa.

Esta práctica cristiana se remota al año 384 de nuestra era, marcando el inicio de los 40 días antes de la cena pascual, que marca el inicio del suplicio de Jesús por nuestros pecados. El ritual en esa época era cubrirse la cabeza de ceniza y usar atuendos de penitencia y ayuno frente al público, en una confesión social de ser cristiano en conversión.

Las cenizas se obtienen de los restos de las palmas del domingo de ramos del año anterior, otros dicen se usa también la quema de estampas de santos, las que se rocían con agua bendita y se aromatizan con incienso, luego se bendicen en el ritual de la misa de imposición. Nos recuerda asimismo la destrucción de los errores cometidos y la oportunidad de enmienda y perdón.

Aplicado a nuestros días, este 22 de febrero, Miércoles de Ceniza, no puede caer en mejor terreno en Honduras, luego de los pleitos por poder, pobreza extrema, luto, orfandad de nuestra niñez, corrupción, impunidad, litigios por propiedades y dinero, muertes, violencia campante, cinismo, ambición sin límite que sobrecoge hasta al más insensible. Es entonces una oportunidad de enmienda y arrepentimiento, pero no vacío, sino con la intención real de subsanar los males causados, de rehabilitar, de reparar la mala obra. Esta época es para eso, no para asistir hipócritamente a la imposición de la santa cruz como una moda social.

Ojalá nuestros líderes políticos, empresariales y todos nosotros podamos decir como lo hizo Abraham, al exclamar: “Aunque soy polvo y ceniza, me atrevo hablar a mi Señor”.  Ese es signo de conversión. Que así sea.