Nery Alexis Gaitán
En la búsqueda de la prosperidad espiritual, se debe pedir ayuda divina. Solos es muy difícil, aunque no imposible. Debemos apelar a nuestra fuerza de voluntad primero; y luego, solicitar intercesión de Dios para que nos asista en el trabajo de eliminar los yoes o pecados que cargamos en el alma. ¡Orar, constantemente, es una urgente necesidad!
Orar es establecer contacto con la divinidad. Es acercar el alma al templo de lo divino que siempre está abierto para nosotros sin importar las circunstancias. Orar es rendir culto a Dios; orar es respetar profundamente la ley divina y su santa voluntad.
La oración es el consuelo de los afligidos. Es el bálsamo que nos reconforta ante las inclemencias de la vida. Es el pedir humildemente que se nos conceda un bien; es rogar a Dios que nos otorgue favores diversos (salud, trabajo, protección…) para ayudarnos a sobrellevar las situaciones adversas.
La oración es indispensable en la vida. Por medio de la oración rogamos a Dios que nos conceda todo aquello que en su momento necesitamos; además, nos da fuerza para continuar el trabajo sobre nosotros mismos en la eliminación de los yoes.
Es nuestro deber orar constantemente por el bienestar de los demás, por la paz del mundo, por misericordia para esta humanidad extraviada de lo espiritual. Pero debemos orar de la forma correcta a nuestros padres divinos.
Es necesario aclarar que en el alma humana hay un componente divino. Esta divinidad del alma está compuesta por la madre divina y el padre divino en cada uno de nosotros; cada quien tiene sus respectivos padres divinos, que forman parte del misterio del ser. El padre divino da fuerza y sabiduría; y la madre es amor. Ellos son los encargados de todos nuestros procesos espirituales. A ellos hay que hacerles todas nuestras peticiones, las recogerán y les darán el curso necesario de acuerdo a su santa voluntad. En lo divino todo tiene un orden, y de acuerdo a nuestra petición, así nuestros padres divinos le darán el tratamiento apropiado que finalmente implica si será concedida nuestra petición o no.
Es una gran verdad que hay que merecer para obtener. Así, entre más méritos espirituales tengamos, hay más probabilidades de que se nos concedan nuestras peticiones. Pero lo cierto es que le debemos mucho a la ley divina por todos los pecados que hemos cometido. Por lo tanto, hay que pedir por misericordia, esa puerta nunca está cerrada para el pecador; lo mismo que el portal del arrepentimiento, que es el inicio de la transformación en nuestras vidas.
Una petición constante a nuestros padres divinos debe ser sobre nuestro trabajo de eliminación de los yoes. Específicamente a la madre divina, ella es la encargada de eliminar los yoes de nuestra alma. Yo que se manifiesta y que es observado debe eliminarse inmediatamente mediante la petición correspondiente. Si, por ejemplo, evidenciamos un yo de la vanidad, debemos pedir con mucha fuerza y convicción: madre mía, elimíname este yo de la vanidad. Y la madre divina actuará eliminando ese yo o pecado.
El trabajo espiritual requiere de sacrificios, ya que es una lucha constante contra nosotros mismos; contra nuestros deseos producidos por el ego. Sin sacrificios no hay avance espiritual. Por lo tanto, hay que orar sin cesar para que se nos dé fortaleza en el trabajo de eliminación de los yoes. Recordemos las sabias palabras de la Biblia: “Pedid y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá”.
Práctica: Debemos amar a nuestros padres divinos. Son ellos los que tienen el control de nuestra vida. Hay que aprender a orar constantemente. Solicitemos sin descanso a nuestra madre divina la eliminación de los yoes.