Juan Ramón Martínez
Concluidas las negociaciones, en que los partidos acordaron la integración de la Corte Suprema de Justicia, nos preguntamos, finalizada la tragicomedia, cuál será el siguiente espectáculo. Después de ver a los dirigentes partidarios, cambiando fichas, firmando acuerdos, modificándolos sobre la marcha y obligando hincarse al PL, -después que se ofendiera a PSH-, el factor básico para el encumbramiento de Libre; es inevitable preguntarnos, quiénes ganaron y quiénes perdieron. Y la respuesta es fácil: solo hay un ganador y muchos perdedores. Incluso la mayor parte de estos últimos (los hondureños), ni siquiera sabían que estaban participando en este juego de toma y daca; e incluso, ignoraban que tendrán que pagar por los resultados.
El éxito logrado por “Mel”, confirma su superioridad frente a casi todos los políticos. Y teniendo en su contra, su baja escolaridad, -hay dudas de su bachillerato, no es egresado universitario y no habla inglés- indefinida postura ideológica que le permite ser terrateniente e izquierdista, antiimperialista, mientras sueña con vivir en USA. Por lo que, cuando perdió el gobierno en el 2009 su refugio y su muro de los lamentos fue la Secretaría de Estado; e incluso por su condición de un simple secretario general de un partido, no tiene que responderle a nadie. Sin parangón en la historia política. Solo comparable con Fidel Castro y Stalin. No siendo diputado, controla el Congreso. Redondo es su incondicional servidor. No participó en las elecciones y dirige el Ejecutivo, manteniendo secuestrada a su esposa, contando con su disposición y mansa servidumbre, obedeciéndole a su marido. Cuando sale del país, lo deja al frente del gobierno. Y, además, todos los dirigentes lo aceptan no solo como interlocutor, sino que le permiten -que igual que lo hizo con Nasralla- modificar lo acordado, revisarlo y regresar, para doblarle el brazo al Partido Liberal, en el ánimo de darle el puntillazo final al partido que lo hiciera presidente en el 2006. No es leal, sino consigo mismo.
Zelaya tiene ventajas que no cuentan otros. Especialmente los liberales que han sido, junto con el PSH, los ofendidos y paradójicamente; los que más domina. Zelaya es un “animal político” (Aristóteles). Vive en la política, para la política y de la política. Tiene más de 42 años de activar políticamente. Desde diputado, ministro en tiempos de Reina Idiáquez. Flores, lo destituyo mientras estaba en Estocolmo para darle una lección que no ha olvidado. No tiene posturas ideológicas definidas. Todo lo mide en función de sus intereses: imagen, figuración, protección de lo suyo y gozo de sus ánimos vengativos que, cada día que pasa, lo vuelven más duro, sectario y peligroso. Y, tiene una “ética” política muy elástica que, le permite, manejar una doble moral, privilegiar los procesos más que los resultados, por lo que su vocación para ir hacia adelante, es ilimitada. Después de cada éxito, se plantea nuevos retos en la búsqueda de aceptación que nadie, sino algunos adversarios que respeta, mitigan con elogios discretos. Es memorioso, cobrador de ofensas, y resiente la crítica, la burla y la descalificación. Y no perdona nunca.
Además, Zelaya, tiene capacidad para construir enemigos -Sibrián es un buen ejemplo-, no perdona sino para gozar el daño que inferirá; y puede enviar contra sus enemigos a los “colectivos fascistas”, con los cuales, hacerlos temblar y ceder. Y atraerlos después. Sabe usar las redes sociales para desprestigiar, incluso sin que se sepa que, tras las mentiras, está su mano porque sabe jugar al inocente y juguetón, cuando le conviene.
Después del éxito -que Mauricio Villeda ha tenido el valor de reconocer- es seguro que no se tomara un respiro. Buscará neutralizar a los que le hacen resistencia. Ira tras el PN que se ha negado a apoyarle en la reforma de la Constitución e incluso chantajeará a Estados Unidos. Buscará, su viejo sueño: ser líder continental, una vez que Maduro empieza a perder imagen. Y buscará la Constituyente. Para lo cual, el objetivo será la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia. Pero igual que Napoleón, Waterloo lo espera. En el sur, hay un político que no le tiene miedo; y que, lo puede derrotar, poniéndole fin a su carrera de exitoso e invulnerable político. Los triunfadores crean resistencia. Cargan en la mochila, el pasaje a la isla de Elba.