“LOS SOÑADORES”

COMO obsequio al espacio interactivo una buena amiga manda al colectivo el texto de unos bellísimos versos de la poeta nicaragüense –a quien décadas atrás su lucha contra el somocismo le costó el destierro, y ahora nuevamente, ya al atardecer de su vida– que en nada hace palidecer la vehemencia de su pluma –perseguida por otro régimen abusivo– al igual que tantos otros intelectuales –abandona su tierra natal. El gobierno acaba de despojarlos de su nacionalidad dizque por delitos de “traición a la patria”. (Qué placer siente toda mentalidad autocrática meter a ese feo costal lo que contradice su arbitrario capricho. Traición es –para mentes constreñidas– todo proceder contrario al mezquino interés de un capataz. Traiciona quien –en actitud decente y con criterio propio– defienda la libertad. Traidor sería, entonces, aquel o aquella que –aliado al superior interés de la patria– no se someta a esos antojos de intolerancia –e inmutable ante la murmuración insidiosa de monitos cilindreros del organillero, no transa sus principios.).

Gioconda y sus hermosas letras, “Los Portadores de Sueños”: “En todas las profecías/ está escrita la destrucción del mundo./ Todas las profecías cuentan/ que el hombre creará su propia destrucción./ Pero los siglos y la vida/ que siempre se renueva/ engendraron también una generación/ de amadores y soñadores:/ Hombres y mujeres que no soñaron/ con la destrucción del mundo,/ sino con la construcción del mundo/ de las mariposas y los ruiseñores./ Desde pequeños venían marcados/ por el amor,/ detrás de su apariencia cotidiana/ guardaban la ternura del sol de medianoche./ Las madres los encontraban llorando/ por un pájaro muerto/ y más tarde también los encontraron/ a muchos muertos como pájaros./ Estos seres cohabitaron con mujeres traslúcidas/ y las dejaron preñadas de miel y de hijos/ verdecidos por un invierno de caricias./ Así fue como proliferaron en el mundo/ los portadores de sueños./ Fueron atacados ferozmente/ por los portadores de profecías/ habladoras de catástrofes./ Los llamaron ilusos, románticos,/ pensadores de utopías/ dijeron que sus palabras eran viejas/ y, en efecto, lo eran porque /la memoria del paraíso es antigua como/ el corazón del hombre./ Los acumuladores de riquezas les temían/ y lanzaban sus ejércitos contra ellos,/ pero los portadores de sueños/ todas las noches hacían el amor /y seguía brotando su semilla/ que no solo portaba sueños sino que los multiplicaban/ y los hacían correr y hablar./ De esta forma el mundo engendró de nuevo su vida/ como también había engendrado a los que inventaron/ la manera de apagar el sol./ Los portadores de sueños sobrevivieron a los climas helados./ “Son peligrosos”, imprimían las grandes rotativas./ “Son peligrosos”, decían los presidentes en sus discursos/ “Son peligrosos”, murmuraban los artífices de la guerra./ “Hay que destruirlos”, imprimían las grandes rotativas/ “Hay que destruirlos”, decían los presidentes en sus discursos/ “Hay que destruirlos”, murmuraban los artífices de guerra./”.

“Los portadores de sueños conocían su poder, por eso no se extrañaban./ También sabían que la vida los había engendrado/ para protegerse de la muerte/ que anuncian las profecías./ Y por eso defendían su vida, aún con la muerte./Por eso cultivaban jardines de sueños/ y los exportaban con grandes lazos de colores./ Los profetas de la oscuridad se pasaban las noches/ y días enteros vigilando los pasajes/ y los caminos buscando estos peligrosos cargamentos/ que nunca lograban atrapar/ porque el que no tiene ojos para soñar/ no ve los sueños ni de día ni de noche./ Y en el mundo se ha desatado un gran tráfico de sueños/ que no pueden detener los traficantes de la muerte;/ por todas partes hay patentes/ con grandes lazos/ que solo esta nueva raza de hombres/ puede ver la semilla de estos sueños/ no se puede detectar/ porque va envuelta en rojos corazones/ en amplios vestidos de maternidad/ donde piececitos soñadores alborotan/ los vientres que los albergan./ Dicen que la tierra después de parirlos/ desencadenó un cielo de arco iris/ y sopló de fecundidad las raíces de los árboles./ Nosotros solo sabemos que los hemos visto,/ sabemos que la vida los engendró/ para protegerse de la muerte que anuncian las profecías”. (Fin de los versos). (A veces, del colectivo vienen las frases para que el Sisimite y Winston no se quiebren la cabeza en la rebusca: “El pensamiento del hombre… ¿hasta dónde avanzará? ¿Dónde encontrará límites su atrevida impudicia? Si la villanía humana y la vida humana deben crecer en justa proporción, si el hijo siempre debe superar la maldad del padre, los dioses tienen que añadir otro mundo a este para que todos los pecadores puedan tener espacio suficiente”. Eurípides, Hippolytus-428 a.C).