“CON TODO RESPETO”

CON todo respeto a los que no leen, pero, a ver si vamos entendiéndonos con los lectores inteligentes. Ya dijimos que, en un proceso irregular, como igual fue el anterior, dichosamente eligieron –después de varias rondas de negociación, de trabas, de poner y de quitar, de patear la lata hasta extender el período de la corte anterior más allá del término legal de la vacancia– a los nuevos magistrados del más alto tribunal de la República que, en apego a la Constitución, debieron elegir el 25 de enero. Debe celebrarse que al fin lo hicieran; sumado al hecho que –después de varias semanas de suspenso y de zozobra– da al país tranquilidad. Queda el sistema de gobierno debidamente integrado, con sus tres poderes del Estado funcionando. Sin embargo, “reconocer la equivocación y aprovecharla –del repertorio de frases célebres del Sisimite– es un alarde que ronda la genialidad”. Bien harían, los políticos, aprender de lo sucedido, para meterse en la cabeza que la feligresía –alias la opinión pública, entre ella una multitud de jóvenes desencantada– no ve con buenos ojos estos espectáculos de prácticas incorregibles, si el deber de quienes persiguen sus votos es dar estabilidad institucional, actuar como demócratas, éticamente, respetando la Constitución y las leyes, ganarse la confianza perdida, despojándose de los inveterados resabios de poner el interés subalterno sobre todo interés superior.

Además, desengañarse que ese bombardeo de twitters y de poses fingidas, del diente al labio –hablando para la exportación ya que en privado es otra cosa– les gana imagen en el imaginario colectivo. Uno que llevaba la cuenta aseguraba que iban empatados. (En puntos negativos, sería, ya que nadie gana nada si Honduras pierde). Ahora bien, la experiencia que sirva para las justas reparaciones. No abona ensuciar el proceso demeritando el buen esfuerzo de la Junta Nominadora. Pero si de corregir lo malo se trata, una que otra observación. Sí entregaron una lista de muchos profesionales excelentes. Sin embargo –más modestia– tampoco fue evaluación prístina encomendada al reino celestial: Un test de preguntas improcedentes a notarios de examinadores de otras profesiones para eliminar a la primera tanda. Otros filtros –un coladero tan fino para negar el derecho de defensa a juristas íntegros y excluirlos siguiendo prejuiciada línea política y un pascón roto por donde pasó todo padrinazgo afortunado de los sectores que impusieron su control. Pasando a la etapa del arreglo político. Mejor bajarse de esa nube de espejismos de ilusos repartiéndose dizque “lo que nos toca”, sin el respaldo moral de los votos suficientes en la elección general. Tanto para acreditarse ese derecho como contar con un número decisorio de diputados. A la hora de oficiar misa antes de entrar a la batalla, para hacer valer una exigencia, no basta solo la plegaria. Es menester saber ¿con qué ejército se cuenta, si son batallones integrados o pelotones desordenados y dispersos, si obedecen a un solo mando o cada uno anda ofreciéndose y consiguiendo por su lado?

La negociación principal fue entre el partido de gobierno y el mayor partido de oposición –con sus bancadas unidas y con el número necesario de diputados para producir la mayoría calificada. Cualquier otra fuerza política accesoria –no necesaria para alcanzar la suma de las dos terceras partes de los votos, peor con su bancada en tuquitos– queda limitada tanto en lo que pueda reclamar, u obtener, si no representa más que el fuste (la tripa) del acordeón. Más bien agradecer si alguien obtiene “lo justo y necesario” para salvar cara y no quedarse fuera de ese poder. (De más está decir que una cosa es querer, desear, aspirar, pedir y otra muy distinta es poder). Claro que para generar melodía toda parte del instrumento musical es útil. En este caso, la importancia de lo secundario consistió en el sello que aporta, para efectos de certificar un acuerdo multipartidario vendible a la opinión pública. La distribución 6, 5, 4 –a criterio de algunos, magnánima para la oposición, aunque otros quisiesen el pastel entero que no ganaron en las urnas– no da al oficialismo una mayoría absoluta. ¿No les parece –si no perfecta o ideal– en cierta medida consistente a la publicitada aspiración del tan exigido equilibrio? De todas formas, si lo dicho por políticos del diente al labio se toma en serio, ¿el interés superior no sería conservar la democracia, y hacer un servicio a la patria contribuyendo a que no se rompa el Estado de Derecho? El juego democrático es complicado. Requiere que sea limpio no de tahúres apostando con dados cargados. El bullicio –antes, durante y después– es parte de la función que entretiene al auditorio. Inevitable el cotilleo. Habrá quienes opinarán con sensatez, otros con ingenua buena fe y hay quienes manejan la murmuración con brillante estupidez –sin ánimo de ofensa a los animalitos– de atelos adiestrados (maquisapas) de organilleros. (Lo anterior, a manera de ilustración al colectivo, no de polémica, siguiendo el consejo que Mark Twain le dio a Winston: “Nunca discutas con gente estúpida, te hará descender a su nivel y ahí te vencerá por experiencia”. ¿Será cierto –se pregunta el Sisimite respecto a una frase colaboración de una lectora del colectivo– que la expresión “con todo respeto” viene del latín “a ver pendejo…”?).