Cnel. FAH ® José A. San Martín F.
Existen en todo lugar y aparecen en cualquier momento para hacer notar algunas inconformidades, justificadas o no, por cualquier razón, desde sentimentales hasta políticas e incluso militares. Estas últimas jamás deberían existir dada la naturaleza rígidamente disciplinada de las instituciones armadas, incluyendo a la Policía Nacional; sin embargo, a veces se observan en nuestro ambiente, y, en el de otros países de similar idiosincrasia.
Recientemente han proliferado algunas de estas notas, cuya característica principal es que nadie se responsabiliza por su elaboración. Obviamente poseen una razón, propósito o intención: exponer un criterio u opinión sobre alguna situación con la que no se está de acuerdo, crear incertidumbre para “echar agua a su molino”, sembrar caos y conflictos para que dos fuerzas se destruyan entre sí, etc., habrá libelos bien o mal intencionados que exponen realidades con las que no se está de acuerdo, sean de carácter político o de otra naturaleza y, por desgracia, también dentro del ambiente militar institucional.
Leímos detenidamente algunos de dichos escritos en las redes sociales y claramente denotan desacuerdo de sus autores sobre la actual situación política del país, así como también sobre la administración interna del instituto castrense, relacionados con los ascensos y promociones en los mandos militares. Muchos considerarían la participación de oficiales en situación de retiro como gestores o involucrados en la elaboración de estos libelos, sin embargo, fácilmente se puede deducir que no existe ningún interés particular de ellos en expresarse anónimamente sobre la actual situación política del país ni sobre el manejo administrativo de la institución militar. Los oficiales en situación de retiro nos caracterizamos por decir lo que pensamos y que nos interesa, de frente, y si lo expresamos por escrito, lo hacemos con nombre y apellido. Ante cualquier inquietud sobre la institución militar, de donde provenimos, nos avocamos a sus altas autoridades para hablar sobre el asunto y aclarar conceptos, porque, aunque en la honrosa situación de retiro, siempre enaltecemos nuestro lema de “lealtad, honor y sacrificio”.
Los oficiales en situación de activo están sujetos, invariablemente, a la norma constitucional, a sus leyes y reglamentos derivados, donde se establecen los parámetros bajos los cuales deben conducirse en su vida profesional y personal, basados en los principios éticos, morales y disciplinarios que deben caracterizar a todo militar, activo y retirado. Por eso condenamos, aunque no está probado, que del medio militar se presten a emitir dichos anónimos, aunque que pueden ser elaborados por quien sea; y que cuando decimos por quien sea queremos decir eso precisamente, por cualquiera, civil o militar. Los militares, en ambas situaciones, quiérase o no, somos parte integral de la entidad castrense. Los retirados siempre nos mantenemos atentos a la conducta institucional y vigilamos porque se mantengan dentro del parámetro legal.
En repetidas ocasiones nos reunimos para mantener vivo ese vínculo de camaradería militar, para revivir aquellos momentos que nos hermanaron y forjaron el “Espíritu de Cuerpo”, vital para mantener incólume el principio de unidad, disciplina y obediencia a las leyes y reglamentos militares. La oportunidad que nos brindan dichos encuentros, igualmente nos permite opinar sobre todos aquellos temas sociales, económicos, políticos y de seguridad que inciden en el desarrollo de la nación y en el bienestar de la población. Claro que opinamos, como todo ciudadano, sobre las falencias y fortalezas de la institución militar, del desempeño de la conducta empresarial, de los partidos políticos y sus dirigentes, de su comportamiento y las consecuencias, positivas y negativas, que provoca tal conducta. Nos actualizamos de la realidad nacional.
No apreciamos ningún indicio que claramente señale a los militares retirados para que emitan documentos anónimos, no lo necesitamos; tampoco damos crédito a que sean militares en activo quienes los produzcan, la ley y la doctrina militar se los prohíbe. Sin embargo, debemos tratar de indagar sus orígenes para conocer los intereses que, tras bambalinas, los provocan.
Seguros estamos que, como hondureños, debemos hacer honor a nuestra condición de ciudadanos respetuosos de la ley, de nuestra extracción militar como defensores de la patria, atentos a que nuestra nación se mantenga tal y como la ley dicta: “… como República libre, democrática e independiente para asegurar a sus habitantes el goce de la justicia, la libertad, la cultura y el bienestar económico y social” (Art.1). Igualmente estar conscientes que “… no se le debe obediencia a quienes asuman funciones públicas usando procedimientos que quebranten o desconozcan lo que la Constitución y las leyes establecen” (Art. 3). Estos mandatos de nuestra Carta Magna son normas que todos los hondureños, civiles y militares, debemos cumplir, así como la disposición que la ley expresamente le ordena a las Fuerzas Armadas “… mantener la paz, el imperio de la Constitución, los principios del libre sufragio y la alternabilidad en el ejercicio de la Presidencia de la República”.
Los militares activos y en la honrosa situación de retiro, no necesitamos de los libelos para dar a conocer nuestras inquietudes y preocupaciones sobre las deshonestas actuaciones de nuestros políticos; cuando corresponda, lo denunciaremos con responsabilidad, en la espera que procedan acorde a la norma constitucional y en favor del bienestar del pueblo hondureño. Ya han existido incursiones de ciudadanos exmilitares que han mostrado su interés en proyectarse políticamente para competir en la carrera política que busca el bienestar nacional. Consideramos que este comportamiento debe crecer, porque todos tenemos el derecho y deber de velar por el crecimiento de Honduras.