Seguridad jurídica: por esta única vez

Por: Coronel ® José Antonio Pereira Ortega

“El afán de riqueza oscurece el sentido de lo justo y lo injusto”
Antífanes de Rodas

A tono con las situaciones y acontecimientos pertinentes a la vida política, social y desarrollo (por no decir supervivencia) de los hondureños, que cada día se sienten avasallados por las preocupaciones ingentes que de estos acontecimientos se derivan, entre los que se destacan: la inseguridad hospitalaria, la inseguridad alimentaria, el elevado desempleo, la inseguridad pública y por supuesto la inseguridad jurídica, que pasa en estos momentos por una crisis sin visos de resolución, situación intencionalmente creada por las ambiciones de las organizaciones políticas, cuyos líderes y diputados manifiestan una gran incapacidad para negociar y si la tienen; la hipotecan para ponerse al servicio del mejor postor, sin importar los perjuicios para Honduras y los hondureños.

En tal sentido y tratando de despertar su interés por Honduras, se les exhorta a cumplir una frase demagógica “Por esta única vez” acuñada al servicio y beneficio personal y del partido o del funcionario de turno o como muletilla de campaña, explotada al antojo de los incondicionales al cacique de turno.

En este caso, se les pide a los diputados que actúen con prudencia y sensatez, por esta única vez piensen en Honduras, es tiempo de devolverle la confianza y esperanza al pueblo que con la expectativa de un futuro prometedor, votó por ustedes nombrándolos mandatarios para que lo representen en El Congreso, debiendo por ello servir y cumplir de manera correcta ese mandato, compenetrarse que se depositó en ustedes la aquiescencia de representación para que promuevan al menos, los principios expresados en el preámbulo de la Constitución de la República vigente; y que se insertan aquí a manera de recordatorio “asegurar una sociedad política, económica y socialmente justa, que afirme la nacionalidad y propicie las condiciones para la plena realización del hombre como persona humana, dentro de la justicia, la libertad, la seguridad, la estabilidad, el pluralismo, la paz, la democracia representativa y el bien común”.

Como puede verse, está claro el mandato, el cumplirlo debe darse sin cortapisas y en aras del servicio al pueblo, poner de manifiesto sus capacidades y cualidades personales para negociar, llegar a acuerdos y mejorar los desacuerdos, en la vía del diálogo, ser capaces de juntarse, dialogar y cumplir con las tareas de beneficio público para lo cual fueron designados conforme a la legislación vigente, en particular con la Constitución de la República.

Está claro que con las condiciones económicas y sociales actuales, se esgrimen posiciones difusas, sus beligerantes presentaciones y apariciones públicas; tanto presenciales como virtuales de unos y otros de los dirigentes y representantes legales de las organizaciones políticas de mayor trascendencia en Honduras, hacen sentir que lo que buscan es obtener o mantenerse en el poder a como dé lugar, quienes aun y cuando en su mayoría son producto de la escogencia de los electores en elecciones primarias, al asumir sus cargos, desestiman los principios y valores de sus orígenes y por los cuales fueron escogidos, se olvidan del país y del elector, al decantarse por su real interés: la obtención del poder público, y los beneficios que a través de ese poder se obtiene, en el entendido que así tendrán el acceso y el control de los recursos estatales de manera absoluta, sin dar cuenta y si lo cuestionan no ser sancionado porque la autoridad los cubre de todo.

La cuestión en mención; está referida al proceso en marcha para la elección de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y el cual tiene en vilo a la gran mayoría de los hondureños, y que a pesar de las dudas que generan sus principales protagonistas, se mantienen vivas las esperanzas que se cumplirán las normas legales de elección, en el marco del respeto y convivencia pacífica, evitando los pleitos consuetudinarios y acomodados a los intereses de grupos y personas de sus partidos.

Es incuestionable, no deben repetirse conductas viciadas del pasado, por las cuales se ha exhibido innecesariamente al país, es tiempo de rectificar y empezar a botar ese proceder que puede generar confusión y llevar al caos político con efectos en la condición social y económica, se debe apostar por restablecer el alicaído sistema judicial, iniciando con la escogencia de magistrados capaces, probos y con carácter para decir que sí y decir que no, que tengan independencia en sus decisiones y en la aplicación de las leyes sin ver caras ni partidos hacer suyo el lema “Que la ley prevalezca, aunque el mundo perezca”.

En lo referente al diálogo para alcanzar el debido consenso, es oportuno reconocer que se han hecho esfuerzos, pero no se entiende, el porqué debe ser sujeto el mismo al precepto partidario de determinar cuántos magistrados deban ser de tal o cual partido, así no puede haber independencia ni justicia a la hora de actuar de los que sean seleccionados. Hay que pensar en Honduras y en el pueblo.

[email protected]