JUEGO ABURRIDO

BIDEN inició su mensaje del estado de la Unión apelando a la unidad; a la responsabilidad en aras del país, de demócratas y republicanos a trabajar juntos. Inició su discurso –ahora que los republicanos en las elecciones de medio término consiguieron el control de la Cámara Baja– intentando mostrar sus credenciales bipartidistas. No desconociendo que uno de los desafíos que enfrenta es conseguir apoyo de legisladores de la oposición ahora que es imperativo aumentar el límite de endeudamiento federal para evitar el incumplimiento de pago de la deuda nacional de EE. UU. Aunque lejos de ponerse a la defensiva en ese tema –haciendo referencia a las demandas republicanas de vincular un aumento del límite de la deuda con recortes del gasto público– recordó que “ningún presidente agregó más a la deuda nacional que su predecesor, Donald Trump”.

Esa afirmación –pese a la exhortación inicial del presidente de la cámara a sus compañeros de partido de escuchar el discurso con respeto– exaltó los ánimos de varios republicanos que respondieron con gritos. Pero eso no lo hizo retroceder. Adelante intentó “vincular las demandas republicanas sobre el límite de deuda con algunas propuestas conservadoras para recortar fondos a la Seguridad Social y el Medicar, dos programas populares de jubilación y seguro médico administrados por el gobierno federal”. Los republicanos respondieron con gritos y abucheos. Sin embargo, el presidente –acostumbrado a acres discusiones y debates acalorados durante fungió como senador– lució enérgico y combativo. Dirigiéndose a quienes lo increpaban respondió con frases directas. Esos episodios deliberativos, son raros en un ambiente reposado –en que el orador da un mensaje mientras la concurrencia aplaude o se queda de brazos cruzados– más propios del estilo parlamentario de los europeos. Sin embargo, el esquema polémico jugó a su favor permitiéndole lucir como un líder resuelto y revigorizado. Les dijo, además, que “presentaría su plan presupuestario pidiendo a los republicanos proponer el suyo”. «Podemos sentarnos juntos y discutir ambos planes», les propuso. “El ofrecimiento bien podría leerse como una trampa cuyo fin sería dejar constancia de los recortes republicanos propuestos, dando a los demócratas un blanco para atacar”. Y otra vez aparece el tema que nos atañe. Lo que lleva varios períodos gubernamentales, tanto de demócratas como de republicanos, sin resolver. Cada vez que introducen legislación pertinente, los intereses de las campañas políticas acaban desmoronándolo todo. «Unámonos también en materia de inmigración –les dijo Biden– y hagamos que sea un tema bipartidista de nuevo».

Así que nuevamente el Ejecutivo tira la pelota de la reforma de las leyes de inmigración a los legisladores. “En las últimas semanas, los funcionarios de la administración han citado un nuevo programa que proporciona un camino legal a Estados Unidos contribuyendo a una caída reciente en los cruces fronterizos”. (Trump, en su primer discurso de campaña en busca de la reelección se jactó de la forma como presionó con sanciones al gobierno de López Obrador, si no paraba de tajo a las migraciones y si no aceptaban ser tercer país seguro, con un programa denominado “Quédate en México”). “Los problemas fronterizos de Estados Unidos no se solucionarán hasta que el Congreso actúe”. “Si no aprueban mi reforma inmigratoria integral –dijo Biden– al menos aprueben mi plan para proporcionar el equipo y los agentes para asegurar la frontera; y un camino hacia la ciudadanía para los ‘dreamers’, los que tienen un estatus temporal, los trabajadores agrícolas, los trabajadores esenciales”. (Esa reforma inmigratoria –reclama el Sisimite– llevan años tirándose la pelota. Juego aburrido –agrega Winston– la pelota va y viene de uno a otro lado de la cancha, y nunca, ninguno mete el gol).