Por: Juan Ramón Martínez
El totalitarismo, que hemos sufrido en el pasado, -Carías, Medina, López Arellano- produjo y producirá inevitablemente, reacciones defensivas del cuerpo social. Algunas veces con relativo éxito; o se acomodará, hasta que la dictadura se deteriore a sí misma. O cambien las condiciones internacionales. Las últimas investigaciones biológicas, confirman que, en el interior de las células, hay unidades que se perfeccionan; y cuya existencia tiene como finalidad la defensa del sistema. De forma que, aunque algunas células mueren y terminan haciendo metástasis y provocando la muerte del cuerpo que hacen parte, hay otros especímenes de la misma especie que reaccionan, derrotando a los virus enemigos amenazantes.
Igual ocurre en las sociedades. La idea que la sociedad operaba bajo reglas diferentes a la naturaleza es un error. Muestra de egolatría humana que, ahora con el cambio climático estamos pagando. Se ha comprobado que no es cierta y que, las sociedades humanas y las animales, incluso las vegetales y en fin toda la materia, opera bajo las mismas reglas. Demostrando que la idea que los humanos somos singulares -que operamos fuera de las reglas de la naturaleza-, es falsa. Y que el mundo, es uno; que opera con las mismas reglas, matemáticas y de difícil comprobación algunas de ellas. Sin olvidar que el hombre no es bueno, porque dentro de cada uno, hay un Caín agazapado que va a la guerra. Porque es fiel a una maldición: es el único animal que mata, sin que el fin sea el comerse la carne de sus víctimas.
Honduras está siendo severamente atacada por virus externos y además, debilitada interiormente por cuerpos celulares “incompetentes” que no cumplen con su funcion. El cuerpo social está enfermo: hay apatía en una parte de la sociedad, que no reacciona; y otra que, opera irregularmente, con códigos ilógicos, pretendiendo destruir al cuerpo social, en la creencia que puede eliminar la resistencia de las células que reaccionan en contra de la muerte y la destrucción de partes del tejido necesario para la existencia de Honduras. Desde una perspectiva biológica, el camino correcto es potenciar el sistema glandular que reacciona y ordena mecanismos de defensa, al tiempo que se extraigan las áreas enfermas que amenazan con hacer metástasis en el órgano social. El problema es que el “enfermo” está en manos de un “médico loco” (es una metáfora, no quiero ofender a nadie), que, en vez de buscar la curación, cree que consigue méritos acelerando su muerte, en la consideración ilógica que, desde la destrucción y la muerte, puede producir algo nuevo. Contradiciendo a Spinoza que sostiene que, nunca una acción negativa, puede producir algo positivo, por más que la dialéctica marxista, quiera sostener lo contrario.
Los daños en el cuerpo social, que no son culpa del actual gobierno, sino que responsabilidad de esta y la mayoría de las generaciones anteriores. Nunca ha quedado claro que es lo que queremos ser: una hacienda o una encomienda colonial; o una democracia. No hemos construido una institucionalidad sólida, con una base capitalista que, lo que se diga en contrario, es la única que ha dado resultados. Por supuesto que tiende a la concentración de la riqueza y que es injusto en distribuir las utilidades entre quienes le ayudan a producirlo. Pero es perfectible. Y que la democracia, como expresión de tolerancia, discusión crítica y prueba ensayo y error, puede darnos lo mejor mediante los más calificados talentos. Es la única alternativa. Porque el totalitarismo, además de la pérdida de la libertad, la exposición de lo peor del Caín que todos llevamos adentro, es ineficiente porque por seguridad, establece pasividad y dependencia.
La amenaza actual que enfrenta a Honduras está representada por unos grupos sociales desafectos que, animado por la prohibición de su participación en la UNAH, encontraron en Libre y en Zelaya -al que algunos escolarizados menosprecian por su reducida intelectualidad- la oportunidad para llegar al poder, salir de pobres y vengarse de los seguidores de Julieta Castellanos, Herrera y JOH. Esta “juventud rebelde”, solo sabe destruir. Y, por lo que, la impulsan las pasiones más que la razón. Esa es la causa para que en el gobierno se comportan como opositores, de su propio gobierno incluso. Destruyen, expulsan y alejan, olvidando que gobernar es convencer, sin sectarismo y sin el machete amenazante. Para concertar.