La forma correcta del amor

Nery Alexis Gaitán

El amor es el compendio de todos los valores positivos que abrigamos en el alma. Cuando brindamos amor somos generosos, caritativos, ayudamos al necesitado, damos de comer al hambriento, siempre hacemos el bien a nuestro prójimo. La bondad y la misericordia hacia los demás es la finalidad en todo empeño que realizamos. El amor implica la búsqueda del bienestar común para construir un mundo de hermandad.

¡Amar, qué bello es amar! El corazón se siente realizado al impulso del amor porque está al servicio de la bondad. El amor otorga la más alta calidad de vida posible; fortifica nuestra alma y la prepara para afrontar todas las adversidades posibles. Al influjo del amor la vida se comprende en su mejor expresión y desplegamos la más exquisita condición humana. A través del amor todos nuestros actos rinden culto al bien y concebimos a la humanidad como una gran familia; todos son nuestros hermanos. El amor es la más completa filosofía de vida.

Esa gran virtud del amor es el resultado de trabajar sobre nosotros mismos eliminando todo lo negativo que yace en el alma. Solo aman verdaderamente aquellos que están eliminando la ira, los apegos, los resentimientos, la avaricia, la envidia, la vanidad, etc., de momento en momento. Pensar que amamos y estar llenos de yoes, que nos manipulan hacia el mal, solo es engañarnos ingenuamente. Mientras seamos egoístas, iracundos, vanidosos, jamás amaremos; solamente actuaremos por impulsos, por los apegos generados por los yoes.

En estos tiempos de modernismo y tecnología es innegable que las condiciones de vida han mejorado; aunque no para todos, pero los avances en la ciencia han originado beneficios en diversas áreas, desde la salud hasta la educación. Desgraciadamente los seres humanos seguimos siendo los mismos salvajes desde el amanecer de la vida. Maravilloso sería que unido al desarrollo tecnológico y científico hubiera un incremento en los valores del alma; así se podría construir una sociedad en hermandad, bajo el amparo del amor, con un alto desarrollo técnico-científico.

Pero los seres humanos nos hemos alejado del amor, es decir, de los valores trascendentes de la vida. Y diciendo que amamos justificamos los apegos de todo tipo y nos aferramos a los demás de una forma enfermiza; en nuestros actos se manifiestan los deseos de manipular, queremos que los demás hagan nuestra voluntad, que nos quieran, que nos traten como si fuéramos grandes reyes, de lo contrario reclamamos angustiadamente porque no nos alaban el ego. Amar ha pasado a significar recibir alabanzas al amor propio de forma constante.

El verdadero significado del amor, hacer el bien, ser justo y misericordioso, respetar su cuerpo y no prostituirlo, se ha extraviado en los tiempos modernos y ha sido reducido solo a una relación erótica malsana en la pareja. Así, en la sociedad de consumo la explotación del sexo, como un producto más, ha pasado a formar parte de la vida cotidiana. Lo malo, lo grave, lo desastroso es que todo este mercadeo está encaminado hacia la depravación sexual.

El mercado del sexo, inundado de pornografía, induce a la perversión y degeneración sexual. Lo que conlleva inevitablemente a la decadencia moral. A la pérdida de los valores espirituales. A demeritar la condición humana. Y es que la fidelidad es uno de los valores trascendentes y esenciales en el componente del amor. Y en este caso la fidelidad sexual es un requisito indispensable en la vida espiritual correcta.

Dios y la naturaleza dejaron dispuesto el cuerpo físico de una forma que se pudiera realizar el sexo correctamente. Entregarse a prácticas sexuales que impliquen infidelidad o a relaciones contranaturales, es alejarse de lo divino. Estas prácticas impiden que nazca el verdadero amor. La fidelidad sexual conlleva a la fidelidad espiritual. Se hace necesario que los jóvenes, sobre todo, comprendan que se debe volver a la sexualidad normal, porque en ella se encuentra el portal hacia lo espiritual. Es decir, al ser fieles sexualmente, estamos siendo fieles a las leyes de Dios. “No fornicar, no adulterar, no desear a la mujer del prójimo” es la finalidad.

La forma correcta del amor implica -además de ser bueno, generoso, caritativo, servicial-, respetar y no pervertir el cuerpo físico. No adulterar, no fornicar. El amor se construye sobre la fidelidad en todos los aspectos. Si respetamos la ley de Dios vamos a respetar a los demás y a nosotros mismos. El amor construye el bien y la hermandad.

Práctica: Hagamos el bien hasta donde sea posible. Amemos a la familia humana. En lo personal seamos sinceros y fieles con todas las personas que nos relacionemos. Practiquemos la fidelidad con nuestra pareja, así construiremos el verdadero amor.