UN lector manda una postalita del colombiano Garzón: “El problema del país es usted: Que no le gusta leer, que no quiere estudiar, que no le gusta madrugar, que no quiere trabajar, que vive esperando el viernes, que solo piensa en fiestas, que solo habla de futbol…”. Hay un mural en una de las universidades en tributo al asesinado periodista y humorista que se convirtió en leyenda: “Si ustedes los jóvenes no asumen la dirección de su propio país nadie va a venir a salvárselo… ¡Nadie!”. Estas fueron palabras de su última entrevista antes de ser asesinado por sicarios: “Si uno vive en este país tiene una tarea fundamental que es transformarlo. Esto genera que el miedo de vivir aquí le da uno el valor de querer un país mejor”. A propósito de las frases de cierre de los editoriales de Winston, un amigo manda la siguiente semblanza: “Winston Churchill además de haber sido Primer Ministro del Reino Unido, dos veces, y uno de los líderes aliados durante la Segunda Guerra Mundial, es considerado uno de los mejores oradores y escritores del siglo XX”.
“Destacándose entre muchas cosas por ‘sazonar’ sus discursos con frases generalmente dirigidas a sus oponentes. Razón por la cual se le conoció como “la víbora de Downing Street” (calle donde quedaba la residencia del primer ministro). Sea con frases indirectas u otras muy directas, como se dice ‘a la yugular’, el inglés fue un auténtico maestro del insulto elocuente”. Célebres fueron sus diatribas contra Neville Chamberlain y su política conciliadora antes de la Segunda Guerra, como por ejemplo dijera alguna vez: “En las profundidades de esa alma polvorienta no hay sino la más abyecta perdición… contempla los asuntos exteriores desde el interior de un cloaca municipal…”, o esta otra, “… Un apaciguador es alguien que alimenta al cocodrilo, esperando que se coma a otro antes que a él”, además de la famosa “le dieron a elegir entre la guerra o la deshonra, eligió la deshonra y ahora también tendrá la guerra”. Para referirse al primer ministro Attlee empleaba estos otros calificativos: es “un cordero con piel de cordero”. En otra ocasión para describir a su rival político dijo: “es un hombre modesto con buenas razones para serlo” o un chascarrillo como, “un taxi vacío se detuvo en Downing Street; de él bajo Clement Attlee”. De uno de sus colegas en la política: “Tiene todas las virtudes que desprecio y ninguno de los vicios que admiro”. Sobre otro político: “No hace mal a nadie, pero habría sido mucho mejor para Inglaterra si él nunca hubiese nacido”. De un joven diputado liberal que se unía al Partido Laborista: “Es la primera vez en mi vida que veo una rata nadando hacia un barco que se hunde”.
Con la primera mujer miembro del Parlamento inglés, tuvo este memorable cruce de palabras. Decía ella: “Si fuera usted mi marido, endulzaría su café con veneno…”. Él ni corto ni perezoso le replicó: “Estimada señora, si yo fuera su marido, ¡me lo bebería!”. Cruce de palabras con quien lo acusó de acudir borracho al Parlamento: “Usted está borracho. Más aún, usted está horriblemente borracho”. Churchill contestó: “Usted es fea. Más aún, usted es horriblemente fea. Pero cuando yo despierte mañana estaré sobrio, y usted seguirá siendo fea”. Durante la guerra, en una de las reuniones con Charles De Gaulle, el general francés se empeñaba en que se llevara a cabo una operación de resultado claramente incierto, pero de un elevado costo financiero. El británico se negó una y otra vez, entre otras cosas porque tenía en mente otros planes que no quería revelar. Así que toda su negativa obstinada se tuvo que centrar en el alto coste de los planes que De Gaulle proponía. Este, exasperado, le espetó: “Los británicos parece que solamente están dispuestos a luchar por dinero, mientras nosotros los franceses lo hacemos por la dignidad y el honor”. Churchill, le miró unos segundos en silencio y finalmente le contestó: “Claro, cada uno pelea por lo que le falta…”. El escritor Bernard Shaw, “muy amigo suyo”, envió a Churchill dos entradas para la noche de estreno de su obra teatral, “una para usted, y otra para un amigo, si es que lo tiene”. De inmediato Winston le contestó, devolviendo las dos entradas, junto a una nota en la que lamentaba no poder asistir a la primera función: “Pero me gustaría tener entradas para la segunda”, continuaba, “si es que la hay…”. (Lo anterior le trajo a Winston a la memoria un cumplido del director fundador de LA TRIBUNA, periodista Oscar Armando Flores Midence, a un amigo que lo atacaba: “Es que heredó todos los defectos del papá, pero ninguna de las virtudes de la mamá”).