Superemos el pasado y avancemos hacía el futuro

Diez lecciones del 2020

Por: Eduardo Enrique Fuentes Cálix*

El decimosexto Presidente de los Estados Unidos de América, Abraham Lincoln, un creyente de la justicia, la libertad y la paz, lideró a los Estados Unidos durante la guerra de Secesión. El conflicto más sangriento y quizás también, la mayor crisis moral, constitucional y política que ha sufrido la nación estadounidense. Su experiencia en estos sucesos estableció las Ocho leyes de la Sabiduría, siendo éstas:

– No llegarás a la prosperidad despreciando la economía;
– No puedes ayudar al obrero degradando al que le paga su salario;
– No puedes fortalecer al débil debilitando al fuerte;
– No promuevas la hermandad de los hombres incitando al odio de clases;
– No puedes ayudar al pobre destruyendo al rico;
– No puedes establecer una seguridad bien fundada con dinero prestado;
– No puedes dar al hombre valor y carácter, quitándole su iniciativa y su independencia;
– No puedes ayudar a los hombres haciendo lo que ellos podrían hacer.

Hoy 162 años después del deceso del Presidente Lincoln, éstos principios siguen vigentes y se observa con mucha preocupación, la ausencia de ellos en el primer año de gestión gubernamental en Honduras que dirige la familia Zelaya Castro. Muestra de ello han sido las últimas declaraciones públicas de la Presidenta Castro.

Durante la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), las declaraciones de la presidenta generaron la retirada del embajador de Perú en Honduras tras expresar su condena el “golpe de estado” en Perú y su solidarización con el Ex Presidente Pedro Castillo- Asimismo, mostró su apoyo pleno con la Vicepresidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner catalogando como “persecución judicial”, cuando se condenó a la Vicepresidente de haber encabezado una asociación para defraudar al Estado cuando era Presidente; en el mismo espacio agradeció a los dictadores antidemocráticos de América latina, quienes han sumido a sus pueblos en la pobreza con la bandera de anti neoliberalismo, culpando a otros países de tratar a nuestros pueblos como “ciudadanos de Segunda Categoría”, cuando en realidad durante su gestión, no se ha establecido una sola medida para que nuestros ciudadanos no migren al exterior; al contrario, las caravanas de migrantes se han masificado, esto debido a políticas públicas con un modelo Ahuyenta Capitales, discursos y acciones culpando a la derecha internacional de planificar golpes de Estado cuando claramente solo es un chivo expiatorio para justificar todos los desaciertos económicos de su mal Gobierno.

El lugar que ocupa América Latina en la economía mundial es muy pequeño, por lo tanto, hay que salir a venderse al mundo para atraer más inversiones y para poder exportar más. Ante este tipo de circunstancias, es inevitable cuestionarse: ¿Este tipo de discursos promueven la inversión o la ahuyentan?

En el marco de su primer año de Gobierno es válido repasar las acciones de su gestión; entre otras: la aprobación de la Ley de amnistía para la liberación de Presos Políticos y presos de conciencia que dejó en libertad a exfuncionarios del Gobierno de Manuel Zelaya Rosales, acusados por corrupción, asimismo, se derogó la ley de empleo por hora sin presentarse ninguna alternativa para la generación de empleo, causando así, despidos masivos en todo el país.

Demostrando así con sus políticas que, el patriotismo que promueven en el exterior, es estéril porque para ellos, incluso la Ley pasa a un segundo plano cuando no coincide con sus planteamientos.

El engaño populista, culpa al Modelo Económico actual de su fracaso, el que se debe “desmontar” por ser “excluyente”, culpando a la década, como “Década Perdida” por las exoneraciones a la empresa privada por generación de empleos. Empleos que el propio Estado no puede generar; motivando en el pueblo hondureño que pone mucha atención a sus palabras, el discurso de lucha de clases que tanto daño a causado a la economía hondureña, ya que, debido a esto, se ha destruido, quemado y vandalizando muchas fuentes de trabajo que le permitían al ciudadano, llevar la comida a su hogar y ahuyentando fuertemente la inversión extranjera y local en nuestro país.

Los hechos anteriormente narrados nos obligan a reflexionar los principios expresados en el introito de esta lectura. Es imposible alcanzar el desarrollo colectivo si no se potencian las libertades individuales y si no se garantiza la seguridad ciudadana. Como igual de imposible es, desarrollar una nación en una guerra abierta con la libre economía, con la empresa privada y la comunidad internacional.

Más allá de fanatismos ideológicos, menester superar la obsesión de culpar el pasado para justificar el presente y procurar construir institucionalidad, mejorar el sistema educativo, atraer inversiones, generar confianza inversionista e incrementar la presencia en mercados extranjeros, como piedra angular del desarrollo nacional.

*Máster en Gobierno & Administración Pública y Catedrático Universitario.

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