Por: Segisfredo Infante
Dina Ramos Mármol me ha dispensado la amable atención de informarme sobre el fallecimiento reciente de algunos amigos. Hace quince días aproximados traspasó los espacios incorpóreos de la eternidad Evelyn Romero, una eficiente diagramadora de periódicos y revistas. Justamente la conocí cuando ella laboraba en los talleres de computación de LA TRIBUNA, a finales de la década del noventa, cuando hacíamos el satisfactorio suplemento “La Grulla Económica” y otras publicaciones. Siempre Evelyn, una muchacha joven y guapa, estaba dispuesta a servirle a los demás. Nunca ponía cara fea, por muy cansada que estuviera, cuando solicitábamos su colaboración. Jamás le escuchamos hablar mal de nadie ni tampoco hacerles trampas a los visitadores. Ella dejó de trabajar en el periódico; pero mantuvimos el contacto telefónico. Un gran pesar embargó mi alma al enterarme de su fallecimiento. Ha dejado huérfana a una hija adolescente y a nosotros un vacío existencial. “Evelyn eran una santa”, me ha confirmado nuestra amiga Dina Ramos.
La semana pasada abandonó el terruño de la vida el abogado y notario Roberto Carlos Echenique Santos. Nos conocimos cuando éramos adolescentes en el movimiento estudiantil de secundaria. Roberto estudiaba en el Instituto “Hibueras” de Comayagüela, y más tarde en el Instituto “Jesús Milla Selva” de la colonia Kennedy, dentro de una atmósfera inmadura que a veces exhalaba sectarismo, entre unos y otros bandos. Era buen orador, lo digo por las pocas veces que lo escuché hablar en público. Y era muy amigo de Aníbal Barrow (QEPD), quien a la sazón estudiaba en el colegio nocturno “Luis Andrés Zúñiga”. Pero a pesar de ser amigos muy cercanos eran bastante diferentes, en tanto que Aníbal era locuaz y le gustaba cantar, mientras que Echenique lucía a veces como un hombre reservado. Roberto Echenique estudió abogacía en la UNAH. Ahí nos distanciamos un poco, sin perder la amistad. En tanto que mi actitud en la Universidad fue la de alejarme de todos los frentes estudiantiles, sin excepción. Naturalmente que me mantuve cerca de Héctor Hernández y de Roberto Salinas Avery, quienes en la década del ochenta y comienzos del noventa dirigían el Sitraunah. Nosotros (don Roque Ochoa Hidalgo y el autor de estos renglones) nos hicimos cargo de la revista sindical “Frente”, en un momento histórico dramático en que todo mundo parecía salir huyendo.
Sin embargo, la amistad con Roberto Echenique fue invariable en el curso de las décadas, hasta que falleció. Siempre me firmó documentos notariales sin cobrarme ni un solo centavo. Y siempre llegaba a nuestros labios el tema de la política, sin ahondar demasiado. En cierto momento me confesó cómo realmente habían sucedido las cosas cuando el doctor Roberto Suazo Córdova pretendió mantenerse dos años más en el solio presidencial, transgrediendo la Constitución de la República. Me explicó que aquello había sido de “compadre hablado” entre Suazo Córdova y Ricardo Zúñiga Augustinus, y que a él solamente lo habían utilizado. Me sugirió enfáticamente: “Segisfredo, hermano, leo todos tus artículos, por favor no vayas a escribir nada sobre estos detalles que casi nadie conoce, salvo que yo haya fallecido”. He cumplido al pie de la letra su deseo y su encomienda. Empero, la noticia de su muerte me ha consternado. Tanto por la amistad como por aquello que somos de la misma generación, y que ambos hemos padecido de crisis asmáticas recurrentes, de problemas renales y de otras desgracias. También era amigo íntimo de mi tío materno el prestigioso penalista Carlos López Osorio (QEPD), y de mi amigo personal el abogado litigante Francisco Flores Quiroz, quien en estos últimos meses también ha estado “malito de salud”. Así que por este medio envío un saludo solidario y caluroso a sus amados hijos, a su hermano el poeta Nelson Echenique, y a su tío Arturo Echenique Santos. Siempre recordaremos a Roberto con amplia simpatía y gratitud, por su calidez y sus acciones desprendidas.
Por otro lado, he venido postergando, involuntariamente, los nombres de otras personas fallecidas el año próximo pasado y creo que el antepasado, como el caricaturista de LA TRIBUNA don Napoléon Ham, un hombre que parecía retraído, y con quien conversamos, en su cubículo de trabajo, apenas un par de veces. También falleció Nelia Idelina Chavarría, directora de la “Escuela Nacional de Música”. Ella me facilitó en dos oportunidades el auditorio y el piano finísimo de la mencionada escuela, con el objeto de hacer dos presentaciones televisivas del músico selecto don Ruddy Thompson (QEPD), un afrodescendiente hondureño extraordinario, de posible origen inglés. Nunca tuve la oportunidad de agradecerle tan noble gesto a “Doña Nelia”. En fechas navideñas murió en forma trágica Benigno Tejeda, profesor del Instituto “18 de Noviembre” en Catacamas, Olancho, a quien lastimosamente nunca conocí.
Distrito Central de Honduras, 29 de enero del año 2023.