El socialista burgués

Por: Tomás Monge*

– Una desagradable mutación política”

Todos conocemos la retórica populista de campaña de los partidos de izquierda, que viven “guindados” en la ficción de las descripciones exageradamente heróicas de algunas figuras izquierdistas, y viven convencidísimos del ideal ─mayormente utópico─ del “paraíso terrenal” que se logrará disfrutar una vez que los “incansables guerreros” que se parten el pecho por el “bienestar del pueblo” logren derrotar y destruir al imperialismo, a la oligarquía y al capitalismo, para así instalar el anhelado “Socialismo del Siglo XXI”. Sin embargo, lo verdaderamente interesante es verlos ya en el poder, en donde, por varias razones, la nariz, la trompa, las orejas, y la cola siempre les crecen rápidamente.

En este sentido, el principal aspecto a señalar es que, en la actualidad, los dirigentes sindicales, gremiales y demás líderes “zurdos” son sustancialmente diferentes de lo que solían ser hace varias décadas; principalmente porque antes sus discursos no se consideraban incómoda y vulgarmente populistas, ya que se sabía que entre ellos y sus bases no había casi ninguna diferencia de clases. Es decir, que dichos líderes vivían en el mismo tipo de casas, comían el mismo tipo de comida, se transportaban de la misma manera, iban a los mismos hospitales y vestían la misma ropa que los miembros de sus bases; ya que devengaban los mismos salarios, tenían las mismas prebendas y la única diferencia es que ellos tenían el interés, las habilidades y las agallas para sentarse a las mesas de negociación y lograr mejores condiciones para todos por igual, pero pasaban toda una vida con el mismo nivel socioeconómico, porque se negaban a volverse multimillonarios a través de la traición y venta de sus bases.

No obstante, si los comparamos con los actuales líderes sindicales, dirigentes gremiales y miembros del gabinete del “Gobierno del Socialismo Democrático”, nos daremos cuenta que su realidad ahora es radicalmente diferente. Sin miedo a equivocarme, diría que al menos una gran parte de ellos pareciera que fueron expuestos a algún tipo de radiación letal que los hizo mutar de una forma tan extraña, en la que ahora quieren llevar un estilo de vida burgués, oligarca y nepótico, pero venderle a la gente baratos discursos populistas de “igualdad”.

Lo que no entienden estos mutantes, es que por más que se pongan boinas y sombreros importados y levanten con tanta seriedad su puño para cantar el Himno Nacional, eso no tapa la innegable ─y cada vez más amplia─ brecha que hay entre ellos y sus bases, gracias a las nuevas y enormes mansiones que se han construido en tan poco tiempo, a los helicópteros y flamantes y deslumbrantes camionetas de lujo blindadas en las que se transportan con sus guardaespaldas, a sus espectaculares viajes de placer (mayormente al “odiado imperio”; no a Venezuela ni a Cuba), a la ropa que visten (marcas capitalistas del “abominable imperio”), a los lugares tan exclusivos en donde comen y beben, y a la forma tan opulenta y ostentosa de llevar su vida en el poder (algunos de ellos incluso son exitosos dueños de prósperos negocios a quienes les va muy bien como empleadores y acumuladores de capital).

Por consiguiente, la pregunta más natural y evidente ante mi planteamiento sería: ¿qué de malo tiene escalar en estatus económico y social, si uno para eso trabaja? A lo cual yo contestaría: “Absolutamente nada, es perfectamente natural e incluso ideal tener éxito y ─con el tiempo─ proveer una mejor calidad de vida a aquellos que amamos”. Sin embargo, hay dos puntos que, a través de este escrito, me gustaría señalar: el primero, que es injusto que ciertos individuos cambien de clase social tan abrupta y estrepitosamente, gracias a haber traicionado a su base por una desenfrenada concupiscencia de lucro y poder; y el segundo, que este fenómeno actual de líderes políticos de tipo burgués y opulento en la izquierda hace que, tanto sus intentos irrisorios de “profesar” el socialismo, al igual que su ─ya vieja y desgastada─ costumbre de abusar del populismo se vean cada vez más caricaturescos y ridículos.

Es un hecho que, después de un año de haber tomado posesión, las burbujitas de la falaz efervescencia de su triunfo están casi completamente desvanecidas, y por más que se pongan un uniforme de futbol y se “echen una potra” con la gente de un barrio para que les tomen fotos, sus propias bases saben que ya no son de la misma clase social que ellos, y esta descarada hipocresía cada vez les genera más descontento.

Por lo tanto, o se dedican solamente a ser iguales que los del gobierno anterior con sus excesos y abusos, pero dejan de autoproclamarse “socialistas” (porque el socialismo es amigo de la igualdad de clases y es enemigo de la acumulación individual); o renuncian de una vez por todas a la opulencia burguesa en la que ya llevan un año completamente borrachos, se bajan sus sueldos, y eliminan sus beneficios y privilegios laborales para estar más al nivel de los sueldos y prebendas de sus bases; ya que solo con su actuar podrán modelar un verdadero socialismo y sus discursos de luchas contra molinos de viento ya no están siendo tan efectivos.

*Consultor Educativo y Catedrático UPNFM.