Cardenal Rodríguez aboga por una buena justicia y apoyo a los inmigrantes

La feligresía católica ha abarrotado la Basílica de Suyapa la mañana de este viernes, para participar en la Santa Eucaristía presidida por el Cardenal Óscar Andrés Rodríguez, en honor a los 276 años del hallazgo de la Virgen de Suyapa.

En la Santa Eucaristía participaron, la presidenta Xiomara Castro, parte de gabinete de gobierno y miembros de la Iglesia Católico.

Con esta pequeña imagen que simboliza, el amor de la madre para un pueblo, en la primera lectura de Génesis, lo que escuchamos no es una leyenda, ni un simple género literario, es la realidad y el drama del ser humano, que quiere ser como Dios.

Sigue el mensaje, en ese lenguaje vemos varias cosas que no han terminado como la serpiente, el tentador, el espíritu maligno, causo la primera división en una familia, separo al esposo y a la esposa, que simplemente se echaban culpa uno al otro, esa serpiente sigue a lo largo de los siglos causando división, esa fue la primera Eva y el Señor manda a la segunda Eva, María que hace todo lo contrario.

«María es la madre del amor, la madre de la unidad, de la madre de la comunión, por eso todas nuestras familias hondureñas tren a sus hijos, para que desde pequeños entiendan que la familia es el valor máximo y ese valor lo tenemos que proteger», dijo.

“El papel de la Virgen de María es unir al pueblo hondureño, porque la división causa confrontación, rivalidad, odio y a veces hasta la muerte, por eso hoy, todos queremos pedir a los pies de nuestra Señora de Suyapa, que nos conceda vivir como un único pueblo hondureño, sin confrontación, sin odio, sin violencia, unidos, porque somos hijos de un mismo Padre, nuestro Padre Dios y quiere que todos seamos hermanos”.

No debemos ceder, ante las tentaciones de la serpiente, que hoy se puede llamar las ideologías, las ideologías causan confrontación, el evangelio causa unidad, comunión, confraternidad, la palabra continua, la antigua serpiente, siguió acechando, pero la virgen aplasto y seguirá aplastando su cabeza.

Nuestra Honduras tiene que vencer el crimen, la maldad, la muerte y por consiguiente, esto no se hace, si en la base no está la familia que enseña los valores, la familia que enseña que hay un mandamiento de la ley de Dios, que dice «No Mataras» y esto deben comprenderlo los niños desde pequeños.

Lamento que se ha llegado a irrespetar la vida que, de tal manera, ahora se mata cada día por cualquier cosa, no se puede continuar así, no se puede continuar en la indiferencia, cada hijo de Dios, tiene una dignidad y nadie puede atropellarla.

Además, no podemos tolerar que en nuestra Honduras siga el feminicidio, sino el respeto por otros y el respeto de la madre, de la hermana, de la esposa, de la hija, esa es una enseñanza de la Virgen María y es una enseñanza de la carta de Romanos, un buen hijo no puede maltratar a la mujer.

Debemos practicar la hospitalidad frente a ese problema de las migraciones, duele, cuantos de nuestros hermanos tienen que migrar por distintas causas, pero duele más que un país como el nuestro que pide que sean respetados los migrantes nuestros, no respetemos a los migrantes que vienen de otros países y que son abusados por la autoridad.

La Virgen María, que fue peregrina, que fue migrante hasta Egipto, tiene que enseñarnos que debemos de apoyar en la medida de lo posible a los migrantes y ayudarlos, porque también los hondureños son migrantes y la devoción a María no es un simple sentimiento, sino que debe realizarse en obras y las obras son precisamente las obras del amor.

Honduras es una sola y todos los hondureños tenemos dignidad, tenemos que aprender a respetarnos y amarnos, porque no somos un pueblo de enemigos y por consiguiente nunca más el asesinato, la muerte, sino al contrario, proclamar el valor de la vida.

Presidenta Zelaya

El Cardenal Rodríguez también comentó que hace un año comenzó una nueva etapa de la iglesia en Honduras y una nueva etapa de nuestra historia, hace un año aquí, señora presidenta (Xiomara Castro), usted también como devota de María, le presento su trabajo que venía, ya hemos recorrido todo un año y sin duda alguna la madre, no se ha despegado de usted, porque la ama, así como usted ama a nuestra madre.

Por eso hoy también todo este pueblo sigue orando, para que ustedes sigan adelante haciendo el bien y construyendo una Honduras mejor. Hace un año citaba unas palabras del Papa Francisco, ruego al Señor, que nos regale más políticos a quienes le duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres.

“Pedimos por todos los estamentos políticos, especialmente a nuestros legisladores, ya que el paso que están a punto de dar es decisivo para el futuro de la patria y para eso es necesario recibir inspiración de Dios a fin de decidir lo mejor” en la CSJ», señaló.

Historia de la celebración patronal

En el año 1925, el papa Pío XII declaró a Nuestra Señora de Suyapa, Patrona de la República de Honduras, y se escogió el 3 de febrero como el día de la celebración patronal, con misa y oficio propios.

La diminuta imagen de “Nuestra Señora de la Concepción de Suyapa” fue hallada un sábado del mes de febrero, hace ya 276 años, por Alejandro Colindres, un joven y humilde labrador y por un niño de ocho años llamado Jorge Martínez, quienes regresaban a la aldea de Suyapa, cansados de trabajar todo el día en la cosecha del maíz.

Ya llevaban la mitad de la jornada cuando les anocheció. Habían llegado a la quebrada del Piligüín un buen lugar para pernoctar. Allí se acostaron en el duro suelo. Enseguida, Alejandro sintió que un objeto, al parecer una piedra, le impedía acomodar la espalda. A oscuras lo tomó del suelo y lo arrojó lejos.

Curiosamente, al recostarse nuevamente sintió aquella molestia en el mismo lugar y esta vez no lo tiró sino que, intrigado por lo acontecido, lo guardó en su mochila. A la luz del amanecer descubrió sorprendido que el misterioso objeto era una pequeña imagen de Nuestra Señora de Suyapa, tallada en madera de cedro.

Nuestra Señora de Suyapa mide apenas seis centímetros y medio; obra muy antigua, posiblemente trabajada con devoción por algún artista aficionado. En su mirada angelical se refleja la nobleza de la raza indígena. Es morena, de rostro ovalado, mejillas redondeadas, y su lacia cabellera le llega hasta los hombros.