BARLOVENTO: Aquilatar cada discurso

Por: Segisfredo Infante

No es posible que ningún ser humano individual lea, escuche o estudie todos los discursos “importantes” que se escriben y pronuncian todas las semanas; mucho menos los “memes”, los chismes diarios y las informaciones tantas veces distorsionadas, con las excepciones del caso, que aparecen en las redes sociales. Tal acto podría conducir a la locura. Pero sí es posible, por el contrario, seleccionar unos pocos discursos, procesarlos y aquilatarlos, según el valor real que cada uno posea.

Con un análisis más o menos detenido, o concienzudo, se puede concluir que el autor que pronunció un discurso “equis” o “ye”, posee conocimientos históricos, económicos, políticos e inclusos filosóficos satisfactorios. No se pueden esperar cosas trascendentes de un orador ocasional. O que simplemente repite los estereotipos de los cuales otros autores, o parlantes, hacen gala. O, lo que es peor, el discurso de que se trate se encuentra infestado de superficialidades, inconsistencias y lugares comunes.

Dentro de los últimos discursos interesantes que he escuchado, dos de ellos han salido de la boca del presidente francés Emmanuel Macron. Uno que lanzó el año pasado en el seno de la Organización Mundial de las Naciones Unidas (ONU) y el discurso de Año Nuevo. El primero lo percibí como el de alguien que desea ejercer un auténtico liderazgo y enderezar los entuertos del mundo. En el segundo discurso el hombre habló de cristalizar “refundaciones” en Francia. El concepto de “refundación” lo pronunció casi literalmente. A menos que el traductor se haya equivocado. Pero, como lo repitió varias veces, tuve el cuidado de escuchar atentamente el resto del discurso. En ningún momento Emmanuel Macron insinuó la pulverización de las instituciones del Estado, que conservan ricas tradiciones desde mediados de la “Alta Edad Media” y, sobre todo, desde los tiempos de la modernidad con el filósofo y matemático René Descartes; el Barón de Montesquieu; los aspectos moderados de la “Revolución francesa”; Napoleón Bonaparte en los tiempos en que se desempeñaba como “el primer ciudadano”; y con los aportes defensivos antinazis del general Charles de Gaulle. En consecuencia, percibo que cuando Emmanuel Macron habla de “refundación” se refiere a un cambio drástico en el estilo de hacer política y de gobernar. Naturalmente que tal cosa depende de las circunstancias reales y concretas de la sociedad francesa e internacional. No de los deseos de un solo individuo ni tampoco de un pequeño grupo. La clase trabajadora organizada de Francia posee, también, reivindicaciones sociales y económicas consolidadas y una tradición de lucha nada desdeñable, desde mediados del siglo diecinueve, a pesar que a veces se suman individuos lumpescos que introducen la anarquía.

Uno de los análisis políticos más interesantes que he leído en mi vida, se encuentra entre las páginas del libro “El 18 brumario de Luis Napoleón” escrito por Karl Marx, con el objeto de aclarar los acontecimientos durante la “Segunda República” de Francia en el contexto histórico de 1848 y 1852. Al respecto también publicó un texto interesante el gran narrador francés Víctor Hugo. El libro de Marx fue traducido al español como “El 18 brumario de Luis Bonaparte”, un personaje que estaba interesado en imitar las acciones, fuera de contexto, de su tío Napoleón. Con estas lecturas coincidimos alguna vez con Carlos Antonio Arita Valdivieso (QEPD) y con el dirigente obrero Luis Alonso Morel (QEPD). Con este último coincidíamos, además, en nuestras conversaciones recurrentes, que la gran mayoría de los cuadros de “izquierda” y muchos “marxistas” jamás habían leído esta formidable obra del señor Karl Marx. Por descuido o por haber quedado atrapados en el “Manifiesto comunista” de 1848, un documento más doctrinario y panfletario que analítico. Sin embargo, el Karl Marx de 1852, fecha en que se publica el segundo libro, es un autor más agudo y más maduro que cuatro años antes, en que todavía estaba influido por Friedrich Engels, menos profundo que Marx.

Lo que más me llamó la atención de “El 18 brumario de Luis Bonaparte”, es la crítica que Marx puntualizó en relación con la clase dirigente francesa. Me parece (aquí debo confiar en mi frágil memoria) que la acusaba de pretender obligar a la realidad a que esta se acomodara a la ideología de turno, en vez de obligar a la ideología en curso a que se adaptara a la realidad. Este es un error en el cual reiteradamente han incurrido varios dirigentes y teóricos, de diferentes ideologías, en el devenir de la “Historia”, es decir, el deseo personal de obligar a la realidad, o a los pueblos, a que se adapten a cualquier “teoría” preconcebida. Tal fenómeno lo hemos observado en las acciones harto impositivas de varios dirigentes de los siglos veinte y veintiuno. De ahí los grandes descalabros históricos, económicos y financieros. Mi única recomendación, por ahora, es que aprendamos a leer con sobriedad, ecuanimidad, fraternidad y pluralidad.