Guillermo Fiallos A.
Vivimos tan ocupados en el afán del día a día que solo volteamos hacia los lados, en frente o hacia atrás; ya sea buscando el sustento cotidiano o protegiéndonos de otros que pueden estar al acecho.
La determinación es correr y correr para ganarle tiempo al tiempo y ser más productivos; sin embargo, en esta carrera vertiginosa a través de toda la vida, olvidamos ciertos acontecimientos que -aunque no nos afecten mucho-, son parte de los difíciles tiempos que experimentamos.
Hasta nuestra comunicación con Dios se ha visto entorpecida por el mundo tan acelerado en el que estamos. Hemos dejado de mirar hacia lo alto y si lo hacemos es, únicamente, cuando necesitamos obtener la gracia de la fe y de la esperanza.
En esta oportunidad, deseo referirme a una de las maravillas del universo, que nos visita después de un prolongado periodo de ausencia.
El cometa milenario denominado C/2022 E3 (ZTF) se acerca a la Tierra, luego de un viaje lejano de más de 55,000 años. Con respecto a la nomenclatura del mismo, brevemente, explicaré su significado. La C, alude a que este cometa no tiene una órbita periódica; 2022, fue el año en que se descubrió; E3, se refiere a la denominación aprobada por la Unión Astronómica Internacional, y el número 3 es debido a que fue el tercer objeto astronómico descubierto en el mismo periodo; y ZTF, es porque dicho cometa se descubrió con los telescopios de la Instalación Transitoria de Zwicky.
La última vez que estuvo cercano a nuestro planeta fue en la edad Paleolítica, precisamente, en plena evolución del ser humano.
Por aquella época, el Homo sapiens se enfrentaba a la última glaciación y además de tratar de subsistir ante un entorno hostil y desafiante, iba sentando las bases para convertirse en la criatura más inteligente de esa era.
Los mejores días para poderlo divisar serán el 1 y 2 de febrero. Sin embargo, va ser un poco difícil observar ese astro a simple vista pues quienes vivimos en ciudades, estamos expuestos a la luminosidad artificial; que hace prácticamente imposible, contemplar al visitante lejano que se acercará a las fronteras del espacio terrestre.
¿Qué significado tiene para nuestras vidas el paso del cometa mencionado? En realidad, la respuesta lleva matices astronómicos pero, sobre todo, filosóficos. La llegada del cometa debe hacernos reflexionar sobre el caminar acertado o desafortunado de la humanidad en estas decenas de miles de años.
Tras un recorrido increíble por los confines del universo, este cuerpo astral regresa y será testigo al encontrar -esta vez- un ser humano más evolucionado, inteligente y conquistador absoluto del planeta. Miles y miles de años de avances y retrocesos, han transcurrido desde aquellos ancestrales tiempos en los que estuvo de visita.
Debemos aprovechar este acontecimiento sideral para hacer un alto en el camino y preguntarnos qué tanto ha actuado la especie humana con responsabilidad sobre sí misma, las otras criaturas y su hábitat. Han sido siglos de perfeccionamiento, descubrimientos y también, milenios de tragedias gigantescas que tal parece que, debido a estas, aún permanece -el Homo sapiens- en estado cavernario.
Se han dado pasos hacia adelante, no obstante, se han producido saltos hacia atrás. Vicios, malas acciones y actitudes desoladoras de un pasado recóndito, todavía siguen floreciendo por los cuatro puntos cardinales.
Es tiempo de cambiar y de aprovechar el tránsito de este cometa, para pactar lo mejor y justo entre todos nosotros y así, tener y heredar un mundo mejor para los demás. No sigamos siendo irresponsables con el entorno y con los seres a nuestro alrededor.
El cometa, muy difícilmente volverá por acá pues su órbita se ha modificado y además, ya sería otra humanidad la protagonista. Nosotros, estaríamos convertidos en un vago recuerdo de tiempos pretéritos y quizá, en un puñado de polvo de estrellas.
¿Habrá cambiado la humanidad para bien dentro de los próximos 50,000 años? A este momento, no tenemos la respuesta.