Queda un espacio vacío…

Por: Blanca Moreno*

En el ambiente de las salas de redacción se suscitan angustias, sobresaltos, exabruptos, competencias y regaños. En ese entorno existió un ser que irradiaba serenidad.

Fue siempre un punto de equilibrio para hacer de una entrevista o un reportaje, una obra de arte. Ponía el balance como eficiente diagramadora. La diagramación, es un oficio del diseño y edición para organizar espacios y contenidos escritos, hasta llegar a la impresión.

Lo que la hacía especial, era su trato. Una vez discutimos por una sección, pero nos desarmó cuando llegó a pedir disculpas. “La quiero tanto, que no quisiera defraudarla nunca”. Eso nos hizo reforzar nuestra amistad y compañerismo. Cuando nació su Camila Valeria, entendió que Dios nos da fuerza para luchar. Y ella lo hizo, pero el Señor tenía otros planes.

Esta percepción de su calidad humana, es común denominador de muchas personas y que lo resumen sus amigas más cercanas:

“Deja un enorme vacío en mi corazón, conocerla fue el mejor regalo de vida, un ser lleno de mucho amor hacia los demás, luchadora, llena de fe, leal, cariñosa, definitivamente un ser como pocos. Había tanta nobleza en ella, que siempre que uno la necesitaba estaba para apoyar, era tan fácil amarla: solo puedo decir gracias por permitirme ser parte de su vida”. (Valentina Méndez).

Una de sus compañeras por 25 años en LA TRIBUNA (Doris Borjas):

“Doy gracias a Dios por la oportunidad de conocerla y compartir con una persona especial como era mi linda y querida amiga, hermana y compañera.

Noble, prudente, paciente, respetuosa, callada, siempre dispuesta a ayudar, sin esperar nada a cambio. Madre ejemplar y amorosa. Cómo olvidar la número 7 del futbolito!

Mientras los sepultureros con sus palas tiraban la tierra al féretro, su exjefe inmediato, Estanislao Soto, también recordó cuando llegó como adolescente dispuesta a aprender. Ahí estaba su padre Roxne, su esposo Rainiery, su hermana y su amada Camila Valeria…

“Que descanse en paz mi bella guerrera” musitó Valentina. “La quiero mucho”, se despidió Doris.

Hay personas que se quedan en nuestros corazones, aunque hayan partido por el ignoto camino. Y Evelyn Romero es un ejemplo de personas nobles, cuya presencia en la tierra dejó huellas de amor, prudencia y amistad.

Adapto a esta nota inusual con un fragmento de la canción de Alberto Cortez:

“Cuando una amiga se va/queda un espacio vacío/que no lo puede llenar/

la llegada de otra amiga./ Cuando una amiga se va/ queda un tizón encendido/

que no se puede apagar/ni con las aguas de un río/ Cuando una amiga se va

una estrella se ha perdido/ la que ilumina el lugar/donde hay un niño dormido…

-Que en paz descanse! nuestra querida e inolvidable Evelyn Romero.

* Periodista. Alfabetizadora de Adultos.