¿EL FINAL DEL PRINCIPIO?

INCREÍBLE cómo se revolvió el colectivo con este último editorial: “Lawfare: Persecución judicial, instrumentalización de la justicia, judicialización de la política, guerra jurídica o guerra judicial es una expresión usada para referirse a la utilización abusiva o ilegal de las instancias judiciales nacionales e internacionales, manteniendo una apariencia de legalidad, para inhabilitar o provocar el repudio popular contra el oponente”. (Wikipedia). Se refiere a la frase de cierre del editorial: (Solo es cuestión de discernir –suspira el Sisimite– ¿por qué caen cuando caen? Ah, y ¿cuántos caen por delitos comprobados, cuántos por rencores políticos, y cuáles por ambas cosas? Pues bien, levanten la mano, ¿quiénes creen que aquí en Honduras no se practica el “Lawfare” o guerra judicial?).

La primera reacción de un lector: “No levanto la mano porque aquí en el país por supuesto que no solo se aplica el Lawfare sino que es práctica consabida para provocar repudio popular contra el oponente”. La estrategia de provocar repudio popular contra un oponente puede ser de otro partido político o carnicerías internas dentro del mismo partido. “¿Cuántas honras no han mancillado con ese patrón de denuncias armadas? Basta con hablar de “indicios que el señalado cometió un delito”, para que, una vez lanzado el dardo a la opinión pública, los enlodados queden en indefensión”. Una lectora opina: “Bonito que cuando las investigaciones son contra gobiernos o figuras de la izquierda, entonces sí es Lawfare, pero cuando la persecución se trata de investigaciones y acusaciones de la fiscalía a gobernantes y a figuras de la derecha, entonces sí son casos de corrupción”. Este fue el párrafo de cierre del editorial: (A propósito de lo que cae. Una cita de las Páginas del Diario de Juan Pérez, que Winston saca del libro Presencia del Olvido de Oscar A. Flores: “Eva como Newton vio de un árbol caer una manzana. En vez de descubrir el principio de la gravedad, descubre la gravedad de un principio. El de la vida, ciencia del bien y del mal”). El comentario de un fundador del colectivo: “Qué pedazo de frase la de don Oscar A. Flores Midence. Dios puso en el Edén el árbol del bien y del mal, el árbol de obedecer o desobedecer. ¿Por qué siempre los políticos, al igual que sucedió en el Edén, escogen el desobediente fruto prohibido? ¿Será porque es el camino más fácil? Gracias por ponerle sabor a fruto prohibido a mi café de hoy”. Otro lector escribe: “Estupendo cierre del editorial; estamos ante el principio del mal con la manzana caída en manos de Eva, pero también la gravedad es que cuando el objeto cae libremente en el espacio “su aceleración es proporcional a la fuerza neta aplicada”, por lo que, además del inicio del mal, en esta joven democracia, las crisis políticas responden a la Ley de Newton”. “Y sobre la Lawfare, aquí pasó a aplicarse a políticos, a empresarios, a muchos inversionistas, frenando el desarrollo de muchos campos en la economía nacional”.

Otro lector opina: “Excelente editorial, momentos muy difíciles se viven en Perú; pero creo que Castillo es culpable de disolver los poderes del Estado, culpable de la violencia actual en ese país, y más vale prevenir que lamentar, por eso es mejor hacer la ronda”. Otra contribución: “Concuerdo con lo que expresaba en su otro editorial que hoy Perú, parecido a las hogueras del Amazonia, –gracias a los juegos pirotécnicos de los políticos que impiden la marcha normal de los asuntos de Estado, sumiéndolo en una crisis de inestabilidad prolongada– se encuentra en llamas”. “Pero alguien podría explicarme ¿con qué cara quieren que uno se trague que fue golpe lo que le dieron a Castillo si como bien explica el editorial lo sacaron por disolver el Congreso, anunciar la intervención del Poder Judicial y amenazar que durante la transición gobernaría en estado de excepción mediante decretos ley”. “Y cuando lo detienen alega que a saber qué sustancia injirió; que no recordaba lo que había leído; lo que otros escribieron y lo pusieron a leer”. (Esa crisis que sufre Perú, con tantos muertos entre manifestantes y uniformados, protestas que lejos de aplacarse más se encienden –reflexiona el Sisimite– quizás solo se sosiegue si el gobierno interino anuncia echar a andar un proceso electoral inmediato. Correcto, concuerda Winston, y citando al otro Winston: “Este no es el final, ni siquiera el principio del final, más bien el final del principio”).