Aunque no nos amemos

Iris Amador/Pedacitos de Vida

***Una canción escuchada por más de 100 millones de personas en el mundo da paso a conversaciones sobre las formas de relacionarnos y desligarnos, pero no puede considerarse un manifiesto feminista. 

La has escuchado, la he escuchado, la han escuchado millones de personas en la red. Y la han escuchado a todo volumen los vecinos de Shakira en Barcelona, donde ella la puso, en repetición, este fin de semana, según constata el diario La Vanguardia, que reprodujo un video grabado en la calle. Desde luego me refiero a “la canción”, que oficialmente se llama “Music Sessions #53”, y la cantante usó como desahogo con la ayuda del productor discográfico argentino Julián Conde, más conocido como Bizarrap.

Debatí realmente si abordar el tema; había decidido quedarme en la orilla y no mojarme los pies. Después de todo, el mar está picado. Pero en los debates que se han generado —y la verdad la situación sirve para tener muchas conversaciones constructivas desde varios ángulos— se han hecho algunas aseveraciones que se prestan para confusión y valdría la pena aclararlas, por el bien colectivo.

El domingo una amistad me compartió el artículo de una colega en España, quien decía que la cantante se ha vuelto algo así como un “ícono feminista” de la noche a la mañana. Hay quienes han dicho que la sesión musical se posiciona como un “himno feminista”. Y bueno, hay que decir que la canción podrá ser muchas cosas, pero feminista no es.

Lo primero es que sigue con la tradición de cosificar a las mujeres. La cantante se objetifica a ella misma y a la nueva pareja de su amor pasado, haciendo comparaciones con relojes y automóviles. Es su derecho expresarse como quiera. El derecho no se cuestiona. Mi intención tampoco es disuadir a nadie que se cambie del partido que ya escogió. Solo que entendamos qué cosa es qué, con algunos puntos a considerar.

Lo segundo y más dañino es que compara al nuevo afecto de su ex con ella, diciendo que en una balanza ella es mejor y vale por dos. Esas expresiones son violentas, lo siento, pero lo son. Y, como me comentaba una mujer desde el extranjero, “hay discriminación clasista” en ellas también.

Si algunas o algunos piensan, “bueno, a mí no me importa el feminismo, me gusta el chambre”, vale, están en su derecho también. Lo que verdaderamente no quisiera es que muchas mujeres, especialmente las jóvenes, aprendieran que su valor o atractivo depende de ser “mejor” o “peor” que otra mujer. Esa forma de pensar nos ha hecho incalculable daño.

Miren, ser más una cosa o tener más que otra persona no es lo que determina la atracción entre dos personas. Y la rivalidad entre mujeres es terrible. De eso no se trata el feminismo, la postura política que lucha para corregir desequilibrios todavía vigentes.

Dicho sea de paso, muchísimas mujeres no pueden (no podemos) facturar aunque quieran, comenzando por los trabajos exhaustivos (físicos y mentales) de cuidado y manejo que se realizan en casa sin ser reconocidos como los aportes valiosos que son siquiera. Los miembros de la familia que no aportan ni atención, ni tiempo, deberían compensar su ausencia o desinterés económicamente, sin esperar que se los pidan idealmente.

Julia Mengolini

No cualquier acto de poder

Al feminismo le debemos el reconocimiento como ciudadanas, el derecho al voto, la libertad de usar pantalones, el derecho a tener finanzas propias, a conducir vehículos grandes o pequeños, motos incluso; y a alquilar sin tener el permiso de un hombre, etc. Que nos sirva el recordatorio para establecer diferencias.

“No cualquier actitud de poder de una mujer es un acto feminista” escribe la periodista Julia Mengolini desde Argentina, explicando una de las razones por las cuales la canción de ritmo pegajoso no puede enarbolarse como símbolo. “Para que sea una actitud feminista tiene que necesariamente ser algo que nos empodere a todas”.

Igual que ella, no cuestiono la libertad de expresión, cuestiono que se diga que es algo que no es. Shakira tiene derecho a expresarse como ella quiera, nos guste o no. Es más, por demasiado tiempo se nos ha exigido a las mujeres no hablar para proteger la imagen del ex, del familiar, del jefe, etc. Celebro francamente cuando chicas agredidas sacan videos de los superiores dando gritos, como hemos visto últimamente.

“Si cualquier expresión femenina es feminismo nada es feminista”, explica Julia, quien fue atacada por fans de la cantante por decirlo.

Tampoco se trata de que las mujeres no muestren enojo. De nuevo, por siglos se nos ha exigido que no mostremos ni dolor, ni rabia, ni hambre, ni nuestra piel, ni hastío, ni estrías, ni el deseo sexual, ni alegría, ni la menstruación, ni la menopausia.

Entiendo que, por sus razones particulares, muchas mujeres aplaudan “que se las dejara ir todas”. En fila. Solo quisiera que aprendiéramos la diferencia entre un reclamo válido y uno que no. No es lo mismo decir: “estoy enojada porque x persona violó mi espacio privado” a decir “estoy furiosa, este hombre me debe amar a mí, porque en mi calculadora —híjole, qué tal si es Casio— yo valgo más que su nuevo amor”.

“No es un himno y esperemos que este nuevo sencillo no se convierta en una tendencia que las mujeres utilicen para enemistarse con otras y ser finalmente parte del bullying colectivo”, expresó una activista de un grupo basado en Texcoco, México.

Ni santos ni demonios, humanos

Que si estamos ante la nueva “Paquita del barrio” o si es despecho, lo dejo a su criterio. De serlo, es decididamente más peligroso el despecho de hombres que no han aprendido a perder el afecto de una pareja y su solución es ahorcarla, apuñalarla o sacarle una pistola, lo cual merece atención porque a diario asesinan a más de 100 mujeres en el mundo —sin olvidar los casos en Honduras de al menos dos mujeres que mandaron a matar a sus maridos. Una avisó que estaba en un restaurante y la otra le abrió la puerta al criminal para que entrara hasta la habitación y lo fulminara en la cama; y no de manera divertida.

Esa actitud de que otro ser humano es una pertenencia personal, tanto que si se desea, se elimina, es una amenaza. Y me voy a atrever a decir que la exigencia de “para siempre” también lo es. Es un mito romántico, que bastantes exigen, pero el que muchos no encuentran del todo satisfactorio.

Clara no es un demonio. Es una chica joven. Un ser humano igual que Shakira y Gerard Piqué, quien es 12 años mayor que ella a propósito; todos con derecho a enamorarse y a desenamorarse, como lo tiene cada individuo. Creo, eso sí, que debe haber cuidado y cortesía incluso cuando se da la media vuelta, por humanidad, si no es posible por el amor compartido que un día sintieron las personas, ese cuidado se debe extender entre ellos y los niños.

Recuerdo a una señora que vi en un video de YouTube hace un tiempo —adulta mayor— y ella decía, “de joven tuve  relaciones (íntimas) con varias personas, algunas con amor y otras sin amor, pero lo que sí pedía yo es que mis parejas fueran amorosos conmigo, aún si no me amaban”. De tal manera que es posible relacionarnos de otras maneras, de mejores maneras, aunque no nos amemos.