Nasralla: culpa, contrición y perdón (CONTRACORRIENTE)

Por: Juan Ramón Martínez

Desde la mañana, en que SPS, nos amenazó con cerrar el canal y señalar que tenía que terminar hablando, solo, en las gradas de la catedral; no he vuelto a ver a Nasralla. Ni siquiera de largo. Pero he seguido, obligado por momentos, toda su militancia, su obsesión presidencial, su última campaña levantando el brazo a Xiomara Castro, bailando ridículamente en las tarimas electorales; y, por supuesto, sus declaraciones. Especialmente, sus posturas como “opositor” que, desde adentro y en este último año, ha hecho desde el gobierno del cual es, formalmente parte. Responsable, además, de lo que se haga; o se deje de hacer. Por lo que de palabra y por escrito he dicho que, Honduras en sus peores momentos, deberá contar con Salvador Nasralla para salvar la democracia, defender la Constitución. Y asegurar la paz y la tranquilidad nacional.

Hay que tener presente que, Nasralla como todos los políticos, tiene un ego desmesurado y una opinión insuperable, de sí mismo; y de su papel en la vida nacional. Además, acusa un mesianismo mecánico en que, está convencido que es “el salvador de Honduras”. Y que, en consecuencia, tiene una misión inevitable; y, de cuyo cumplimiento, dependerá la existencia de todos. Y por herencia cultural, como nos enseñara Paz en “El laberinto de la soledad”, tiene el temple del caudillo árabe, la actitud del chaman indígena y el afán superior del conquistador español. Es, igual que Manuel Zelaya, un caudillo en todas sus “potencialidades” y amenazas. Su desempeño político en las últimas tres campañas electorales, confirman que tiene fuerza, valor y temple que, le permite como a nadie, enfrentar al poder al que, como es natural en su personalidad esquizoide, no teme, sino que más bien, está convencido que puede doblegar. Desde esta perspectiva, Nasralla, con todos sus defectos, es un activo positivo del que el pueblo tendrá que echar mano en algún momento. Por supuesto, después que el haga algunas rectificaciones personales.

La primera de ellas es reconocer sus culpas. Es necesario que pida perdón a todos, aceptando que se equivocó pactando dos veces con la familia Zelaya. Y aceptar que, pese a su talento, fue engañado, en lo plano. Nos basta con generalizaciones. Es necesario que nos de detalles, de la forma como se organizó la última emboscada en que Farah, Barquero y otros, lo convencieron de la posibilidad de un gobierno compartido, en donde el, -desde su talento desmesurado-, tendría la responsabilidad de orientar y animar la marcha y operación del gobierno de Xiomara Castro. Es necesario saber, donde estuvieron las promesas para que el, que ya había sido engañado, -ofendido de palabra por “Mel” Zelaya-, estuviera dispuesto a aceptar el riesgo de otro probable engaño, cosa que, por su condición de ingeniero, debió anticipar, incluso en los últimos rincones de su auto adormecida conciencia individual. Para desde allí, pedirnos disculpas por el desastre del actual gobierno, en el que se nota la ausencia de su dirección, la falta de compromiso con los objetivos nacionales y el distanciamiento con los valores democráticos que exigen, tolerancia, respeto mutuo y obligada fraternidad.

Aceptada la culpa, hace falta la humilde disposición para solicitar perdón por las ofensas cometidas. Porque nos ofendió a todos. Engaño a muchos que le dieron su respaldo; y ha puesto en vilo el futuro nacional, porque el gobierno que llevo al poder, amenaza el futuro de todos. Sin esta humilde aceptación, es difícil que la colectividad, le perdone por sus responsabilidades.

Somos conscientes de lo que pedimos. Recomendarle al mesías, al que nos iba a salvar y que ha terminado convertido en un cohetillo mojado, es un atrevimiento. “Dios” no se disculpa y menos Nasralla, que no necesita de nuestras indicaciones, oraciones, sugerencias; e, incluso reclamos. Pero, tiene la obligación, si quiere seguir en la política, de hacer un acto de arrepentimiento que, aunque doloroso, debe hacer humildemente para convencernos que, pese a sus errores de cálculo, le podemos seguir confiando. De lo contrario, y sin el perdón, siguiendo en su actitud de no rectificar, nada podrá hacer. Y, más bien, la familia Zelaya que ya le ha tomado la medida, lo usara, atribuyéndole todas las culpas por la destrucción de Honduras. Porque será un Mesías fracasado, sin respeto alguno. De nadie nunca más.

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