Ángela Marieta Sosa
Es importante conocer datos que nos muestran vulnerables como país, a causa de la violencia de género, para ser más cuidadosos en cuanto al respeto y protección de los derechos humanos de las mujeres en Honduras, por ejemplo, en mayo del 2022, Unión Europea y Naciones Unidas, divulgaron por medio de Spotlight, que el 50,7 % de las mujeres y niñas que viven en Honduras, han sufrido violencia física en algún momento de su vida.
En este contexto, asume el poder Xiomara Castro, primer Presidente mujer en Honduras, quien seguramente conoce de esta realidad, lo cual le obliga a tomar todo tipo de precauciones sobre el asunto, ya que despertó altas expectativas en la mujer hondureña, puesto que en “campaña” prometió protegerla e impulsarla para su desarrollo, sin embargo, en el primer año de su gobierno, ante repetidos sucesos de violencia de género por parte de funcionarios de su gabinete, lejos de que las mujeres adeptas a su partido político (Libre) se sientan protegidas e impulsadas, han sido sujetas de agresiones verbales serias que han puesto en peligro en algunos casos, hasta su integridad personal.
Estos hechos no pueden pasarse por alto, porque la diferencia ahora es que nos “gobierna una mujer”, que tiene poder público, que es madre, esposa, abuela, hija, hermana y eso debe condicionar una actitud empática, que debe reflejarse en la prevención de violencia de género en y por parte de sus funcionarios públicos, a mujeres afines o no a sus principios políticos socialistas.
Lo irónico de todo esto es que esas mujeres fueron claves para la capitalización política, y andaban en sus comunidades convenciendo a la gente de que votar por “Xiomara” era la mejor opción; ahora que son atropelladas por sus mismos compañeros de lucha, la piedra les da en los dientes, por suerte han acudido al sistema de protección de derechos humanos especializado para delitos contra la mujer, en donde se han caracterizado por ser eficientes cuando de este tema se trata.
Ya son varios funcionarios públicos titulares de altos puestos, que tienen denuncias por violencia contra la mujer, sin embargo, como dicen en el pueblo “no se oye padre”, sería conveniente que se retornara información sobre el seguimiento de esas denuncias, para que no queden en escándalos del momento o como decimos en Honduras “llamarada de tuza”, mediatizar estos casos desde el inicio hasta el final es un factor decisivo para infundir respeto hacia la mujer, así sea por temor al escándalo público.
El caso más reciente fue el otrora gerente general del Servicio Autónomo Nacional de Acueductos y Alcantarillados (Sanaa), quien hizo gala del macho que lleva adentro y fue suspendido de su cargo, según el gobierno de Libre, en cumplimiento con lo dispuesto en la Constitución de la República, en el artículo 245, numeral 18, que reza: “compete a la Presidencia de la República el velar en general, por la conducta oficial de los funcionarios y empleados públicos para la seguridad y prestigio del gobierno y del Estado”; es que claramente, debían hacerlo ante la divulgación que esas valientes señoritas les montaron, justificadamente, porque ningún ser humano debe tratar así al prójimo, mucho menos cuando es en relación a una mujer, que ya bastante costo paga por serlo, para que encima la sigan pisoteando.
Como mujer hondureña, espero que la Presidente priorice la prevención de violencia de género en su gabinete y en sus congresistas, que filtre por psicólogos o psiquiatras a quienes elige para altos cargos, así será menos el abuso de poder en contra de la mujer. Ya por último debería hacerlo por marketing político. Asimismo, impulsar grupos de autoayuda sería un gran aporte no solo para los funcionarios izquierdistas que nos mal gobiernan, sino para la mujer en general, que aún sufre en nuestro país, el abuso, el rechazo, el maltrato, los golpes verbales, físicos y hasta la muerte por parte del hombre machista, misógino y patriarcal. Mas que murales o pancartas demagógicas con rostros de Berta Cáceres y Frida Calo, necesitamos que se nos demuestre consistentemente su empatía y proteja a las mujeres hondureñas, como lo prometió.