Nos salió “guaya”…

Por: Blanca Moreno (*)

“Aquel gato no tenía más esperanzas. Era la sexta vez que se escapaba de morir”. Píldoras anti-conceptistas. Marco Almazán.

Un conferencista paraguayo con ancestros alemanes expuso una teoría en torno a que guerras y epidemias son métodos para la profilaxis o “purgas” de la tierra.

No en Honduras. Aquí además de mortandades, existen mafias que hacen negocios con guerras, fenómenos naturales, epidemias y elecciones de patronatos, mercados, diputados y magistrados. Y viene de siempre…

En teoría, antes de la guerra del fútbol, el Ejército de Honduras era indestructible. Equipado y con soldados preparados para cualquier eventualidad. La partida presupuestaria para pagar la planilla millonaria de Defensa, lo justificaba.

Pero el 14 de julio de 1969 que El Salvador invadió Honduras, por tierra, mar y aire, se cayó el teatro. La conflagración los “desnudó”. Eran cifras maquilladas para justificar fondos. No había ni 200 soldados en un batallón.

Si la Organización de Estados Americanos (OEA) no hubiese detenido las hostilidades, seríamos salvadoreños.

En cien horas quemaron y saquearon comunidades fronterizas del occidente y sur del país. No hay cifras oficiales, pero se estima que murieron más de 50 mil personas, la mayoría civiles.

Cinco años después un huracán (Fifí) destruyó la zona norte y la comunidad internacional envió donaciones a los damnificados. Otro negocio, sin investigar.

La desgracia más reciente: la pandemia del COVID-19. Al principio había pánico y el sistema de salud colapsó.

La estafa de los hospitales móviles superó el escándalo del Instituto Hondureño de Seguridad Social. Venta “loca” de mascarillas, falsificación de pruebas, escasez y alza del precio de limones, jengibre, productos de limpieza… El titular de la Cancillería fue a Rusia a comprar vacunas. Salió más caro el viaje que la inmunización.

Un Comité Permanente de Contingencias (Copeco), cuyo jefe resultó un “bagre” para escabullirse, salió “ileso” de las escandalosas compras amañadas.

El 2022 inició con el triste espectáculo de la elección de la junta directiva del Congreso Nacional y finalizó con un conato de “zafarrancho” por el nuevo presupuesto nacional.

Asimismo en febrero del año pasado fue capturado el expresidente Juan Orlando Hernández, quien enfrenta un juicio por tráfico de drogas en Estados Unidos. De nada le sirvió la lluvia de billetes y triquiñuelas para imponer sus magistrados. Le salieron “guaya”.

Así dicen algunos hondureños cuando las cosas no salen como esperaban. La palabra guaya significa: “Ponderar los trabajos, miserias o fingirlas para causar compasión”. Pero ya la “reformaron”.

-Cuántas verdades e ironías del poeta Roberto Sosa (1930-2011), al describir desde 1968 la Casa de la Justicia! (Los pobres, un mundo para todos dividido).

“Entré/ en la Casa de la Justicia/ de mi país / y comprobé /que es un templo/ de encantadores de serpientes.

Dentro/se está /como en espera/ de alguien / que no existe. Temibles/abogados/ perfeccionan el día y su azul dentellada. Jueces sombríos/ hablan de pureza con palabras/ que han adquirido el brillo/de un arma blanca. Las víctimas -en contenido espacio-/miden el terror de un solo golpe. Y todo/se consuma/bajo esa sensación de ternura/que produce el dinero”.

Avizoramos otro pandemónium con la imposición -perdón elección de los magistrados-. Ya quitaron “tachas” que no tienen sustento, dicen aunque puede ser que sí buenos padrinos o madrinas.

-Será que también la elección de los nuevos miembros de la Corte Suprema de Justicia, saldrá “guaya”?

A la “huesuda” también le puede salir “guaya” el “mito” de las siete vidas del gato. Qué tal que sea millonario?

*Periodista. Alfabetizadora de Adultos