Eduardo Enrique Fuentes Cálix
2022 fue el año del regreso a una vida añorada; del protagonismo de los autócratas; de las primeras veces, como todos los años, y de la última sucesión con historias para contar; de la decadencia política del mandamás, luego de dos décadas y de una venganza largamente anunciada; de los discursos como obra de gobierno, y de una final con mayúsculas; de algunas parejas impensadas para nuestra política y de la lluvia en casa y el fuego, entre incendios y estallidos, en la vieja Europa.
El 2022 nos hizo olvidar de la pandemia y de la humanidad promulgada. Luego de dos años de terror y muertes, de tedio y abusos, el mundo volvió a vivir sus alegrías y sus horrores al ritmo acostumbrado, y ahora, los discursos trascendentales son cosa de revistas viejas; reflexiones que nos muestran algo patético y temeroso en los días de la fiebre. Digo el mundo, pero es necesario dejar a China en los tiempos del COVID. Una especie de karma, sumado a los desvaríos autoritarios, tienen al país donde nació el virus, en su peor momento luego de tres años de la primera alarma. China, acostumbrada a llegar primero a tantos “destinos”, llegará última a las inevitables consecuencias de la pandemia. Las dictaduras son expertas en aplazar y multiplicar tragedias.
Y fue este año, el productor de terribles recuerdos para Europa. Algunos de sus ciudadanos han vuelto a calentarse con leña. Las desahuciadas centrales atómicas son de nuevo la salvación y las imágenes de Chernóbil se hacen visibles en Zaporiyia. Putin estaba incómodo en sus fronteras y decidió lanzar una invasión relámpago que ya es una tormenta de diez meses. Y convirtió, a un humorista en un guerrero, convirtiéndolo así en el personaje del año. Para acompañar esos recuerdos, llegó la muerte de la reina Isabel II, resumen vivo de la historia del siglo XX. Una mujer que podía alentar al mismo las series, las revistas del corazón y los libros de los historiadores.
En nuestro continente, Lula volvió al poder luego de la cárcel; Cristina fue condena a cárcel estando en el poder; Castillo está preso sin haber tenido nunca el poder y Boric ha perdido mucho de su poder recién llegado al poder. Colombia eligió por primera vez, un gobierno de izquierda.
Mientras tanto en Honduras, en un ambiente lleno de esperanza para los que consideraron que el resultado electoral de noviembre del 2021, era el primer paso para un “cambio” que solamente fue de colores, asumió el poder la primera mujer Presidente, Xiomara Castro, quien luego de años de protestas, críticas a los gobiernos de turno y su gestión, así como señalamientos de los problemas de país, durante su primer año en el ejercicio del poder, no ha cambiado demasiado la dinámica en su accionar político, justificando la inoperancia y falta de resultados en temas urgentes como la inseguridad ciudadana, la falta de pagos a empleados públicos, el desabastecimiento de medicamentos en los hospitales públicos, entre otros, culpando a las anteriores administraciones; faltando al principio fundamental de que los gobernantes no heredan problemas. Se supone que los conocen de antemano, por eso se hace elegir para gobernar con el propósito de corregir esos problemas, culpar a los predecesores es una salida fácil y mediocre.
Mientras tanto, el Poder Legislativo culmina el 2022, con una junta directiva ilegal que no contó ni cuenta con los votos que valide su integración, lo que pone en riesgo la gestión de este poder del Estado, más allá de eso, en su accionar se ha visto intolerancia y falta de consensos en lograr el diálogo social que este poder del Estado debe promover, abuso de autoridad en la erogación excesiva de recursos en viáticos y subvenciones disfrazadas de “bonos navideños” y más grave aún, una posición hipócrita que por un lado promueve la lucha contra la corrupción, pero por otro lado aprobó y aplicó uno de los mayores pactos de impunidad en la historia de Honduras de la que dos de sus vicepresidentes se beneficiaron. Con ese hacer legislativo, nuestro Congreso Nacional ultrajó flagrantemente “La Convención de las Naciones Unidas Contra la Corrupción” de la que nuestro país, es signatario.
A pesar de todo esto existen razones para creer que el futuro de Honduras puede ser maravilloso. Las lecciones del presente, deben ser el impulso para las acciones del futuro para que, aflore el optimismo y la esperanza. A pesar de las dificultades del momento, tengamos fe que tenemos por delante, un futuro promisorio que necesita o requiere de esfuerzos colectivos y causas comunes para conquistar umbrales más altos de bienestar colectivo.
¡Feliz Navidad y próspero 2023 para todos!
Máster en Gobierno & Administración Pública y Catedrático Universitario
Twitter: @eefuenteshn