La vida y el gimnasio psicológico

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Nery Alexis Gaitán

En estos análisis de naturaleza psicológica y espiritual, es importante comprender que todo lo que nos sucede tiene un propósito, aunque de momento no lo entendamos. Lo realmente importante es enfrentar los eventos mediante un arduo trabajo psicológico sobre sí mismos, para ir eliminando rencores, resentimientos, odios… que nos complican tanto la existencia.

La vida es una sucesión de eventos y circunstancias de todo tipo. En la vida estamos expuestos a que nos pase de todo, eventos buenos, afortunados, dichosos; tragicómicos, desgraciados, adversos. En un instante estamos felices riendo a carcajadas y momentos después nos podemos estar lamentando amargamente. Así somos, pasamos de la risa al llanto con una facilidad asombrosa.

Tenemos la salud psicológica y emocional a merced de las circunstancias; así es nuestra fragilidad porque somos títeres de los yoes, que nos martirizan constantemente. Por ello es urgente empezar a eliminarlos para tener una mejor calidad de vida. En este mundo tan conflictivo nos encontramos con personas de todo tipo que nos pueden alegrar o amargar la vida en un instante, porque respondemos mecánicamente a los eventos. Es decir, dejamos que los yoes se manifiesten, por eso reímos y lloramos a cada instante. No dejamos que sea la esencia la que procese el evento; y, por lo tanto, no aplicamos ningún grado de comprensión a lo que nos está ocurriendo.

Siempre andamos afanados y olvidados de sí mismos, viviendo mecánicamente, sin autoobservarnos; andamos completamente identificados con los quehaceres cotidianos que enfrentamos -clases, trabajo, amigos, diversión- porque los yoes se manifiestan en casi todos los eventos. Por eso la calidad de nuestra vida psicológica, afectiva, laboral, tiende a ser muy inestable y los días se nos van, destilando amargura y sinsabores de todo tipo.
El ego nos ha hecho que enfrentemos la vida de una forma equivocada. La ambición, la envidia, la vanidad, han sentado sus raíces hondamente en nuestra psiquis, y vivimos desesperados por sobresalir, mejorar nuestro estatus, obtener un empleo exitoso y bien remunerado, andar a la moda, tener el carro del año, consumir hasta la saciedad productos innecesarios, etc. En verdad, el ego nunca se sacia, siempre quiere más de todo. En esa loca y absurda carrera por las cosas del mundo hemos olvidado que todo pasa, que todo cambia, que nada es para siempre, ni nuestra propia vida; y, sobre todo, que necesitamos muy pocas cosas para vivir.

Embebidos en luchar por lo innecesario, hemos perdido los valores del alma. No nos importa llevarnos de encuentro a los demás, mentir, engañar, robar, hasta obtener lo que el ego nos hace ambicionar. Somos máquinas de ambición y de envidia y siempre queremos más, nunca nos saciamos. Esos son los dictados de los yoes en nuestra psiquis.

Pero si hacemos un alto y empezamos a observar nuestro proceder, nos daremos cuenta, en primer lugar, de la clase de personas que somos; y, en segundo lugar, que podemos cambiar para bien si empezamos a trabajar sobre nosotros mismos eliminando los elementos indeseables, los yoes, que en nuestro interior cargamos.
El mundo de relaciones, con nosotros mismos, con los demás y con nuestros propios padres divinos, o sea con Dios, cambia radicalmente. Porque al andar eliminando nuestros errores ya no andamos en conflicto con los demás, ni con nosotros mismos, ni con la ley divina. Nos adviene más comprensión y entendimiento sobre la existencia y las circunstancias que nos toca vivir.

De esa forma le encontramos un nuevo sentido a la vida. Ya no la concebimos como “una cadena de amarguras que llevamos atada al alma”, sino como una maravillosa oportunidad para trabajar radicalmente sobre nosotros mismos, eliminando los yoes que tienen atrapada nuestra conciencia, nuestra alma.

Es obvio que para trabajar sobre nosotros mismos se necesita de rectos esfuerzos y padecimientos voluntarios, ya que el trabajo de eliminación de los yoes es arduo y difícil. Negarnos a nosotros mismos, es decir, eliminar nuestros apegos, afectos, intereses, condicionamientos, los yoes que nos han gobernado desde siempre, es una batalla que requiere una fuerza de voluntad extraordinaria. La oración a nuestros padres divinos es una herramienta formidable que nos otorga la fortaleza requerida en el trabajo espiritual, al ir rescatando nuestra alma.