Los hondureños despidieron el año viejo con júbilo y una “tronazón” de juegos pirotécnicos y cohetes, un espectáculo que se prolongó hasta pasada la medianoche.
La ciudad capital retumbó desde minutos antes que el reloj marcara las 12:00 de la noche.
La quema de monigotes fue el denominador común en cada rincón de la ciudad. Esta tradición acostumbra a quemar a personalidades de la vida nacional.