Por: Blanca Moreno (*)
-Lo sorprendió la parca en la casa de “la otra”. Los funerales del general los organizó su esposa con la institución castrense, a la que perteneció desde que tenía 15 años.
Nos contaba un polémico coronel, que la “señora” le pidió que hiciera salir a la intrusa de la funeraria.
-Tienes que marcharte, le dijo el exhombre de confianza del jefe militar, exaltado como “soldado de la patria”.
-“Si tienes huevos, sácame”, contestó ella, altiva y molesta.
-Y la sacó?- ¡No tuve huevos!
La anécdota en mención, refleja el uso y abuso de la palabra huevo en el vocabulario “catracho”. Significa haraganería (huevona); valentía (¡tiene huevos!) y pereza (“hueva”).
En algunas zonas de Mesoamérica existe la tradición de huevos “chimbos” o de pascua. Van rellenos de papelillo y aserrín y los niños juegan, estrellándoselos en sus cabezas. Hemos leído de los huevos Fabergé. Tenían un valor de 90 millones de dólares, las 180 piezas, decorados con diamantes y piedras preciosas, entre ellas, los creados por el orfebre Peter Carl Fabergé. Era la época de los zares.
Los brujos utilizan los huevos para correr inquilinos o vecinos indeseables. La “contra” o “limpia” es con vinagre, sal, agua y no tocarlos, por ningún punto.
Lanzarlos a un personaje público significa rechazo. Recientemente en York, Inglaterra, un manifestante -con mala puntería- lanzó tres huevos al rey Carlos III que estaba con doña Camila. “Ipso facto”, la policía lo arrestó, pero alcanzó a gritar: “este país se construyó sobre la sangre de esclavos”.
Un bus donde viajaba Lula da Silva, en su campaña electoral, también fue atacado a “huevazos” por simpatizantes de Bolsonaro.
En Honduras, a un aspirante presidencial, luego de una intervención, le sacaron carrera con huevos podridos. La culpa fue de un político y profesor, a quien apodan el “huevón”.
Los huevos son alimentos nutritivos. Uno solo es fuente de seis gramos de proteína y 14 nutrientes, vitaminas a, b, d y e; calcio, yodo y selenio. La clara de huevo aumenta la masa muscular y actúa sobre la insulina.
La preocupación de miles de hondureños, incluyéndome, es el encarecimiento y escasez de los huevos.
Desde hace un mes, observamos a capitalinos que madrugan los viernes, a comprar huevos a la Feria del Agricultor.
Hace una semana había una larga fila (400 metros) por el área de los lácteos, para adquirir un (solo uno venden) cartón de 30 huevos por 120 lempiras. En los súper, cuestan 130 y más.
Los más perjudicados con estos vaivenes son los que consumen huevos orgánicos (de amor). Costaban 50 y 60 lempiras y su precio actual oscila entre 80 y 100 lempiras. Los “guardan” para especular, por lo que algunos salen “güeros”.
Ahí se escuchan expresiones irrepetibles. “Estoy hasta los huevos”, dijo un señor. Y cuando la gente lo quedó viendo, replicó, es que nos tienen como en Cuba con el racionamiento.
Necesitamos defensores de los consumidores, contra los avicultores avorazados y la desidia del gobierno. Porque con el alza de su precio y la falta de orden, quedaremos “deshuevado”…
(*) Periodista. Alfabetizadora de Adultos.