Carlos Medrano
Poner orden en Honduras no es una tarea fácil, lejos de eso es una labor titánica, complicada, peligrosa y extremadamente compleja, ya que por años el país ha caminado en el desorden, en la corrupción extrema y en fraudes electorales que han socavado la débil democracia de la que hoy gozamos.
Beneficiándose de ese desorden se han conformado mafias dispuestas a “matar” con tal de no perder sus privilegios, grupos fácticos que desafían el sistema y creen que son más poderosos que las autoridades legítimamente electas por el pueblo, tratando a toda costa de mantener su statu-quo y sus beneficios.
Algunos mercaderes de influencias se han hecho ricos a costillas del pueblo, la clase política ha caído fácilmente en los brazos de la corrupción y han legislado en favor de quienes están saqueando al país inmisericordemente.
El expresidente Hernández, mediante estrategias maquiavélicas y perversas logró socavar la institucionalidad y el Estado de derecho imponiendo a la Corte Suprema de Justicia y Fiscalía, conformando un poder absoluto que junto al Congreso Nacional crearon una maquinaria maligna diseñada para saquear a la pobre Honduras.
Si a esto le agregamos todo el descrédito internacional que ha tenido nuestra nación cuando se la ha ligado a la narcoactividad, las nuevas generaciones en el poder tienen un titánico desafío que requerirá varios años por corregir y un pueblo unido bajo la bandera de la honestidad.
Ya Honduras no soporta más, la inversión extranjera ya casi se fue por completo, las transnacionales que operan en Honduras tienen su centro estratégico en Miami o Panamá, la gente cada día esta más empobrecida sin tener opciones a superarse.
Los muchachos que estudiaron arduamente para obtener una carrera universitaria salen y tienen mínimas posibilidades de lograr un empleo decente pues los trabajos están escasos, y frente a esa realidad toman su mochila, la llenan de alguna ropa y luego se dirigen a Estados Unidos buscando el “sueño americano”.
El país ya casi vive de las remesas, pues su aparato productivo ha venido retrocediendo frente a gobiernos que imponen más impuestos, derrochan sin límites, y con una violencia generalizada, extorsión creciendo peligrosamente, provocando que muchos empresarios inmigren de Honduras en busca de seguridad.
Los políticos pareciesen no ver esta difícil realidad y no están creando oportunidades para generar más empleos, ponen más trabas y trabas encaminadas a convertir a Honduras en la otra Haití en Centroamérica.
Presidente Xiomara Castro, remueva a quien no le está cumpliendo en su gabinete y quien le está provocando mala imagen, empiece a quitar privilegios de estos “servidores públicos” que están haciendo lo que criticaban.
Sea austera en el ejercicio del poder pues los hondureños ya estamos cansados de los políticos que llegan al poder y se transforman en grandes señores adictos a la mentira y al derroche.
Acérquese al pueblo y descubrirá la verdadera encuesta y su popularidad actual, pues ya pasó casi un año y la gente es inapelable en su veredicto.
Traiga a la CICIH lo más pronto posible, dialogue con los empresarios, obreros y sociedad civil para unidos impulsar los grandes cambios que requiere Honduras, pues su tiempo avanza y su legado ya se está registrándose en la historia.
Pero sobre todo acérquese a Dios, Él le mostrará el camino correcto, la guiará y le dará el triunfo frente a los grandes retos que tiene nuestra nación.
Periodista
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