Por: Carlos G. Cálix*
Algunos nos llaman la generación incomprendida; caracterizada por ser una generación digital, hiperconectada y con altos valores sociales y éticos, nacidos a partir de los 80. Según The Atlantic, antes que termine el primer cuarto de siglo, la generación del milenio, será el grupo de votación más grande en todo el continente americano. Está en la evolución de las instituciones políticas, el sostener una democracia saludable que asegure que la voz política de esta generación no se desvanezca detrás de las pantallas táctiles. Por ello, estamos obligados a ir más allá de la participación pasiva.
Por ejemplo, según Primicias (la firma Click con base en una encuesta realizada en Ecuador) considera que, en la política, los millennials no se califican como de derecha o de izquierda, ni siquiera de centro. La mayoría de ellos señala que “no tiene ideología política”. Aunque al preguntarles si son liberales o conservadores, se decantan por el lado liberal.
En este sentido, en un coloquio entre el expresidente francés Nicolas Sarkozy y el expresidente español José María Aznar, este último manifestó que “estamos viviendo una revuelta de carácter general contra el sistema liberal”. Luego, en noviembre de 2019 dijo a La Vanguardia, “en tiempos de desorden hay que volver a los principios básicos: más democracia liberal, más economía abierta, más orden fiscal”. El mismo Aznar, en su cuenta de Facebook pidió “más sociedad, más país” y particularmente dijo que “España necesita más sociedad civil, más think tanks, más personas dedicadas a la reflexión y el pensamiento, pues eso desde su criterio, hace sociedad, hace país y hace replantear las cosas como elementos positivos de discusión, que hoy carecemos. Y uno de ellos es la fórmula liberal, que tenemos que recuperar”.
Claramente coincidimos con Aznar, tal como concordamos con Mario Vargas Llosa al decir que “el liberalismo es una doctrina, no es una religión laica. Hay pocas convicciones, pero son muy firmes”. Por ello, en “La llamada de la tribu”, analiza los ideales de Jean-François Revel, Adam Smith, Isaiah Berlin, José Ortega y Gasset, Friedrich von Hayek, Karl Popper y Raymond Aron. Pero lo interesante es que los hilos que llevan de un autor a otro explican la vida de Vargas Llosa con el pensamiento político como guion.
No cabe duda que el liberalismo es el motor de la prosperidad y lo hemos visto en todo el mundo, particularmente en América Latina, sobre todo a partir de 1800. En Honduras en 1876 con la Reforma Liberal y en 1957 con la Segunda República. Es así que, en el siglo XXI, el liberalismo posee muchos logros y retos, de hecho, la población pasó de 1,000 millones de habitantes en 1800 a 7,000 millones en la actualidad, desmontando las profecías maltusianas, ya que la esperanza de vida al nacer pasó de 30 a 80 años, además que el PIB global ha aumentado, lo que significa que hoy el mundo, es más rico que hace 200 años.
De hecho, el costarricense Felipe Guadamuz Flores, considera que el liberalismo en el siglo XXI es impulsado principalmente por la segunda mitad de la generación “X”, junto con las generaciones “Y” y “Z” y, deberá de ser una doctrina de libertad, la cual debe ir más allá del fomento económico. Deberá de ser una libertad que busque potenciar a los individuos, deberá de ser una libertad que enseña independencia y deberá de ser una libertad que favorezca a la vida sobre la muerte.
Para Erick Lobo y Micaela Cerezoli, en su artículo “El momentum millennial: cambio generacional y política” la mitad de los millennials se describen a sí mismos como independientes. Es la generación con el nivel más alto de desafiliación política y religiosa jamás registrado. Sin embargo, en el primer cuarto del siglo XXI, las redes sociales y los medios tradicionales destacan la participación de actores esenciales en la lucha liberal, convirtiéndose en divulgadores de las ideas de libertad atractivas para la generación millennials. En el libro que publicamos en 2020 “Pandemia: el fin de la democracia y el último liberal”, destacamos a los principales exponentes.
Por otra parte, en Honduras, se podría emular lo efectuado en el Perú por la Fundación Konrad Adenauer Stiftung, un proyecto denominado la Escuela de Formación Política “Millennials para el cambio”. Misma que reúne y forma políticamente a jóvenes de distintos partidos y organizaciones políticas, de diversas regiones, para aprender sobre las bases de la democracia, los sistemas de partidos políticos, los desafíos sociopolíticos, especialmente en el contexto internacional y de las nuevas tecnologías. De su programa académico, particularmente me llama la atención el enfoque sobre la transformación digital: política y startups. En Honduras, “Millennials por el cambio” podría ser un movimiento que puede atraer a esa generación incomprendida.