Por: Julio raudales*
Un fantasma recorre Europa y no es el preconizado comunismo que Marx anunciara en su manifiesto de hace casi dos siglos. Se trata de uno más reciente y capitalista, el “crack” de los mercados financieros.
Es bueno recordar que el 16 de septiembre del año 2008, el mundo despertó con una noticia sorprendente: Lehman Brothers, uno de los bancos de inversión más grandes del mundo había caído en bancarrota. Aquel portento fundado en 1844, que sobrevivió a la guerra de secesión, a la “Gran Depresión” del 29 y a la crisis del petróleo, de pronto desapareció.
El problema entonces es que nadie sabía exactamente por qué. El mundo bullía de prosperidad durante la primera década del siglo. El crédito abundaba, los salarios aumentaban, el desempleo llegó a mínimos históricos y los mercados de bienes, especialmente el de vivienda florecían. Nada indicaba que las cosas podían cambiar para peor, pero cambiaron.
Hoy sabemos que toda la bonanza que los países ricos vivían en ese tiempo era una mentira. Se debía a una enorme burbuja financiera provocada principalmente por la actitud laxa e irresponsable de los bancos centrales, especialmente el norteamericano, quienes, con el afán de mostrarse generosos con la gente, habían reducido artificialmente las tasas de interés provocando un espejismo mortal.
Pues ahora, a tan pocos años vista, el espectro regresa y esta vez viene del viejo mundo. Dos bancos icónicos, el Credit Suisse y el Deutsche Bank, han acumulado pasivos por encima de 2 billones de dólares, es decir, unas cuatro veces los que había acumulado Lehman Brothers cuando colapsó. ¿Cómo puede esto afectar a la economía mundial al grado de llevarnos a una nueva crisis? Veamos.
El problema inicia debido al relajamiento de los créditos ocasionados por las bajas tasas de interés que ha ofrecido en los últimos años el Banco Central Europeo. Esto ha obligado a la banca privada a buscar mercados más “atractivos” para colocar sus recursos. Cuando digo atractivo, me refiero lugares en donde el dinero rinda más, es decir, donde las tasas de interés sean más elevadas, aunque más riesgosas. Esto los llevó a África y por supuesto, a Latinoamérica. Ahí donde estamos nosotros.
Cuando los bancos suizos y alemanes se ven forzados a buscar mercados más rentables, acuden a los emergentes, es decir, los de países pobres. El problema es que una de las razones de nuestra pobreza es la corrupción.
Eso fue lo que le sucedió a Credit Suisse: se lanzó a prestar dinero en países como Mozambique, cuyo gobierno no se ha distinguido por su honestidad y ahora, la recuperación de esos préstamos se está volviendo compleja y, como sucediera con los “bonos basura” que vendiera Lehman Brothers, la amenaza europea se vuelve real.
La suerte es que, en esta ocasión parece que las alarmas han sonado a tiempo y se activaron los mecanismos que permiten salvar a estos gigantes financieros del colapso, ojalá y se pueda.
El problema es que el entorno mundial es hostil a la economía y, junto al asunto de los créditos impagables, el mundo debe bregar también con una guerra insulsa, que amenaza también a los mercados de bienes, especialmente a los carburantes y demás “comodities”, en un entorno inflacionario y ahora recesivo.
Es esta la razón por la cual, cuando nuestras autoridades anuncian que el país está muy endeudado y hay que “re-perfilar” nuestros empréstitos, las agencias calificadoras se apresuran a bajarnos la nota. Es cierto, en la década anterior nos dedicamos a comprar bonos soberanos a bancos que felices venían a invertir, sin conocer ni medir demasiado la ominosa corrupción en la que históricamente hemos vivido.
¡En fin! las cosas no andan bien en el entorno y hay que estar preparados. Más allá de los deseos refundacionales (que aun no nos explican en qué consisten), está la necesidad de resguardarnos de la posible crisis que se avecina y para la cual debemos prepararnos en forma adecuada.
No esperemos más y comencemos a ver el futuro inmediato con ojos vigilantes, solo así podremos evitar que nuestra gente siga sufriendo. ¡Ya bastante tuvo en los últimos dos siglos!
*Rector de la Universidad José Cecilio del Valle.