Era sábado. El 25 de octubre de 1997 jugaron en el Estadio Monumental los dos grandes rivales del fútbol argentino, River Plate y Boca Juniors, en un duelo que pasaría a la historia por algo que ni protagonistas ni aficionados sospechaban: aquel fue el último partido de Diego Armando Maradona.
Los 45 minutos que disputó el ‘Pelusa’ en aquel Superclásico pasaron a tener un valor incalculable -como la entrada que conservaron quienes acudieron al choque- apenas cinco días después, cuando, coincidiendo con su trigésimo séptimo cumpleaños, dijo: «Se terminó el jugador de fútbol: nadie está más triste que yo».