NECESIDAD DE LA CRÍTICA LITERARIA

En Honduras, no tenemos crítica literaria. De vez en cuando, algunos en acto de picarillos incorregibles, escriben anónimos para denigrar a intelectuales, no amigos que, además, no forman parte de las capillas dominadas, por algunos “capitanes de industria de las letras”. Por ello, no se ha producido una renovación generacional y carecemos de críticas a profundidad de Juan Ramón Molina, Froylan Turcios, Alfonso Guillén Zelaya, Medardo Mejía o Roberto Sosa. Las universidades tienen poco interés en la investigación literaria. Y los trabajos que se publican, bien son panfletos destructivos en contra de los no miembros de la capilla que, hay que destruir; o, lo peor, intercambios de ditirambos y halagos en que unos y otros, se engañan mutuamente.

En todo esto hay, además, algunas cosas infantiles. La confrontación de los intelectuales de una región en contra de otros. O los piropos perversos, sobre la obra de un consagrado por parte de extranjeros que, por ese medio, logran arribar e ingresar en las pocas instituciones académicas nacionales a las que acceden, sin méritos suficientes. Y todo ello, sin objetividad y profesionalismo en el análisis. Por ejemplo, cuando aquí estuvo de moda el antimilitarismo, un intento de novela – en la que su autor sabía que era un divertimiento porque su vocación era la poesía— cuyo tema era la ridiculización de los generales, fue elevada a los altares del Olimpo, como una obra trascendental que abría caminos inéditos a la creación novelística. Afortunadamente, el autor no creyó el cuento, evito la trampa de la lisonja y la implícita manipulación; y no volvió a escribir otra novela. Nunca jamás.

Como efecto de esta falta de critica profesional y científica, la posición de Honduras en la creación literaria es muy frágil, precaria. Ocupamos, como dice el salvadoreño Mixco, el último lugar en Centroamérica. Y como sabemos, Centroamérica está en el último lugar en el continente. Con lo que lo que queda, son los premios internacionales, algunos de los cuales, por su carácter municipal o por su fácil manipulación, no tienen la credibilidad que quisiéramos. Pero ni siquiera este filtro, nos muestra como una potencia literaria en crecimiento. Los juicios sobre nuestros poetas son mínimos en la mayoría de los casos; y los prólogos que escriben algunos extranjeros, son más que expresiones de consolación y de ánimo, más que de valoración exacta.

Por todo ello, nosotros, saludamos la crítica. Y la apoyamos. Especialmente la que no se entrampa en el capillismo literario o político; ni tampoco es usada como un arma arrojadiza en contra de sus adversarios. Y mucho menos, aquella que, como látigo, busca construir imperios de dominio, donde ofician algunos falsos sacerdotes de la pureza superior de la producción literaria. Aquí, en La tribuna Cultural, tenemos espacio para la crítica y la discusión, porque creemos que lo peor, es el silencio cómplice; o la educada aceptación de los juicios de quienes consideramos superiores. Porque son pontífices locales o nuncios prevalidos de falsas superioridades extranjeras. Nuestras páginas están abiertas para hacer posible una sabia valoración que, nos permita colocar en el extranjero, obras de calidad. Y competir en forma libre.