Por: Fredis Mateo Aguilar Herrera
La gestión de riesgo con un enfoque educativo, es un reto y desafío que las instituciones de educación superior han asumido debido al deterioro acelerado que sufre el planeta Tierra, tanto por efectos naturales, pero sobre todo por influencia antrópica. Dicha situación ha hecho necesario que las universidades impulsen las reformas educativas necesarias en la formación de un recurso humano consciente, sensible y con conocimiento, que pueda hacer frente ante la problemática de riesgo que vive la sociedad contemporánea.
A consecuencia del paso destructivo del huracán y tormenta tropical Mitch en 1998 por el territorio hondureño, el tema de la gestión de riesgos de desastres adquirió mayor relevancia en la agenda nacional, por considerar una tarea que no solo compete nada más a los organismos de socorro como tradicionalmente se ha creído, sino más bien que involucra a todas las personas e instituciones de una sociedad organizada y por consiguiente las universidades del país se han visto obligadas y comprometidas en asumir como función sustantiva la difusión del conocimiento en materia de prevención y mitigación de riesgos de desastres.
En términos de vulnerabilidad a desastres, según la Base de Datos Internacional de Desastres (Federación Internacional de la Cruz Roja, 2010), entre 1980 y 2011, en el país se han reportado 51 desastres ocasionados por sequías, sismos, inundaciones, deslizamientos -incluye alud y aluvión-, huracanes e incendios forestales. Estos desastres “grandes”, han reportado pérdidas superiores a los 4,500 millones de dólares, de los cuales más de 4,000 corresponden a los 14 huracanes registrados en este período, entre ellos el Mitch como el de mayor impacto.
Acorde al Índice de Riesgo Climático Global (GermanWatch, 2015), entre 1994 y el 2013 Honduras posee el ranking número 1 del mundo en países más afectados por eventos climáticos extremos. Por su lado, la ONU clasifica al país entre los 20 más vulnerables en el mundo en cuanto a inundaciones y el más vulnerable a los huracanes (PNUD, 2004). En este contexto, las universidades en Honduras deben asumir como desafío la formación sobre esta temática, y el apoyo y/o desarrollo de acciones para la gestión de riesgo a nivel comunal.
Ante tales circunstancias nacionales, las universidades deben tener como reto asumir un liderazgo y responsabilidad en el desarrollo de distintas actividades, experiencias, estrategias y experiencias enmarcadas en la inclusión transversal de la gestión integral de riesgos de desastres, con el propósito de generar cambios de actitud, hábitos, costumbres, valores, estilo de vida y creación de una cultura preventiva en sustitución de la actuación tradicional postdesastre.
Todo es posible mediante una acción educativa, sistemática y permanente a través de la inserción de la gestión de riesgo como eje de transversalidad sobre los otros saberes disciplinarios y que sabemos que algunas universidades hondureñas ya han adquirido el compromiso de desarrollar este tipo de iniciativas en beneficio de la comunidad educativa, que hace extensivas sus enseñanzas a la sociedad en general. Este enfoque de gestión de riesgo en el accionar educativo universitario debe ser promovido desde la fijación de hábitos hasta la implicación analítica de la valoración de impactos sobre ambiente y la regulación del uso y ocupación del suelo.
Una propuesta de transversalización en la formación universitaria, debe estar orientada no solo del manejo conceptual de la gestión de riesgos sino también elevar sus capacidades procedimentales y actitudinales para dar solución a este tipo de problemas que afectan el entorno local, regional y nacional del ser humano. Así mismo preparar a las futuras para que sean capaces de decidir y actuar ante condiciones adversas tanto naturales como sociales y poder así aspirar a ir formando una sociedad cada vez más segura.
La transversalización de la temática de riesgo a nivel curricular en las universidades, exige realizar un proceso de análisis en relación a las opciones existentes para incorporar la temática particularmente a aquellas carreras que por área de interés no tienen una relación directa con el tema a incorporar. Este proceso de análisis debe considerar, la forma en que se abordan la temática en aquellas que ya estaba considerada dentro de los planes de estudio y para la inclusión de esta temática se debe buscar metodología adecuada en la revisión de los planes de estudio de las carreras y el análisis de la descripción mínima de cada uno de los espacios formativos, las competencias, temáticas, la metodología de enseñanza aprendizaje, indicadores de logro y la metodología de evaluación.
La implementación de una propuesta de tal naturaleza, brinda la oportunidad en el ámbito institucional, valorar las oportunidades en la generación de riqueza de conocimiento, transformación social y sostenibilidad. Por otro lado, en el ámbito educativo, se convierte en una enseñanza metodológica sobre ¿cómo abordar la transversalización de temáticas significativas a nivel curricular?
Este reto planteado de la educación en gestión de riesgo en la universidades, será viable en la medida que este tema sea importancia de vida en la agenda de las autoridades superiores y del interés y compromiso de los docentes por echar andar operativamente dicha propuesta institucional.