La difusión del culto al Señor de los Milagros por los migrantes peruanos

Por: Juan Carlos Arosemena*

Lo que empezó como una celebración propia de una zona de la ciudad (de Lima) se ha extendido (…) a muchos más de 200 lugares de todos los continentes (…). En Roma, donde el papa la saluda durante el Ángelus del domingo más cercano al 18 de octubre; en Nueva York, donde recorre la Quinta Avenida luego de una misa en la catedral de San Patricio; en París, donde hay dos imágenes: una que se ha encontrado en uno de los altares laterales de la catedral de Notre Dame y otra que recorre la ciudad en procesión; en Santiago de Chile, en un recorrido que culmina con una misa en la catedral celebrada por el arzobispo de la ciudad (Calderón et al., 2019).

De esta manera, en octubre, las réplicas del Señor de los Milagros de las Nazarenas -también conocido como Cristo moreno-, imagen de Jesucristo pintada en 1651 en una pared de adobe por un esclavo angoleño llamado Pedro Dalcón o Benito, acorde a Raúl Porras Barrenechea, famoso historiador y diplomático peruano, recorren distintos países. Especialmente, aquellos con una fuerte comunidad de connacionales. Se calcula que son 3 millones de peruanos viviendo en el exterior. Desde el año pasado, por primera vez, ellos ya cuentan con congresistas que los representan en la legislatura peruana junto a sus similares de otros departamentos del interior.

Como bien señala la socióloga Verónica Roldán, la inmigración comporta la instalación de personas con un bagaje cultural y religioso que les es propio, socializados en un contexto histórico-social diverso al cual no sienten la necesidad de renunciar. En efecto, la migración no exige a quienes se desplazan de un país a otro un corte tajante de los lazos con la comunidad de origen (Roldán, 2018). Por esto, no sorprende que, la celebración al Señor de los Milagros, la mayor festividad católica del Perú y, por ende, patrimonio cultural inmaterial, se haya extendido con la inmigración peruana junto a los característicos elementos que la conforman como que la ciudad se vista de morado y se realice una procesión acompañada con cantos, alabanzas, alfombras de pétalos y cirios decorados para la ocasión. El “mes morado” viene acompañado de gastronomía para la ocasión como anticuchos, picarones y el turrón, postre tradicional de este mes.

Asimismo, en octubre, cada 18, se celebra el Día del Migrante Peruano, fecha en la cual la Cancillería realiza una serie de eventos y premiaciones a los migrantes más destacados. Al igual que Honduras, las comunidades peruanas de mayor número se han asentado en Estados Unidos y España. Chile y Argentina también cuentan con una numerosa representación de connacionales, de manera similar a la presencia de hondureños en países cercanos. Al igual que los peruanos con el Señor de los Milagros, la Virgen de Suyapa es celebrada en febrero fuera de su territorio. Por ejemplo, la organización hondureña “Francisco Morazán” en Miami, en 2019, realizó una misa en su honor seguida de un paseo en caravana de vehículos por algunas avenidas de esa ciudad.

Existen casos en que, las tradiciones que los migrantes practican donde radican son asimiladas por los países de recepción. Un ejemplo de esto es la recepción en Santiago del Señor de los Milagros. Incluso el Ministerio de Cultura del Perú (MINCUL) y el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de Chile (CNCA), en conjunto, realizaron el 2014 un documental denominado “Y unidos todos como una fuerza: el Señor de los Milagros en Chile” donde se estudia la recepción del Cristo moreno como una muestra de patrimonio transfronterizo. Así, se indica que “los chilenos comienzan a involucrarse primero como espectadores, luego como aprendices y, finalmente, como participantes de la vida ritual de la comunidad inmigrante. (…) En este sentido, puede pensarse que Santiago es más rico de lo que era hace veinte o treinta años. Y lo es por el despliegue del patrimonio cultural inmaterial que brinda permanencia y continuidad de la diáspora peruana avecindada en sus barrios y anidada en torno tanto a las figuras patronales que le dan sentido a su experiencia como a los bailes y música con las que se celebra la vida cotidiana. La diáspora no ha dejado de ser peruana ni tiene por qué dejar de serlo. Por el contrario, aquello que la diferencia y la singulariza es justamente lo que enriquece el acervo cultural de la comunidad local mediante su presencia en los espacios públicos, en la provisión de servicios, en las comidas y restoranes, en los barrios, escuelas y consultorios” (MINCUL y CNCA, 2014).

* Diplomático, filósofo, Lic. en Relaciones Internacionales y jefe de la Sección Consular de la Embajada del Perú en Honduras