Por: Luis Alonso Maldonado Galeas*
Las fuerzas Armadas de Honduras, sí merecen llamarse gloriosas; la historia no puede ocultar la brillantez de su gesta en La Trinidad, en Jaitique, en Mocorón, en La Arada, en El Ticante, en San Rafael de las Mataras. Las huellas del sacrificio son marcas indelebles en nuestro sagrado suelo y en la esencia viva de la patria agradecida.
También merecen llamárseles reivindicadoras del derecho y del sistema republicano, esa fue la causa para el golpe al poder tiránico, despótico, dictatorial y usurpador dado el 21 de octubre de 1956. Un acto patriótico y trascendente en el cual “el fin justifica los medios”. Merecen que se les identifique como el brazo solidario del pueblo, de lo cual habla la acción cívica militar, que durante décadas ha beneficiado al pueblo demandante de la satisfacción de necesidades básicas; se les reconoce su compromiso con la protección del ambiente y los ecosistemas, su contribución al desarrollo de la nación, su aporte a la garantía del ejercicio del libre sufragio y su invaluable soporte para el mantenimiento de la paz mundial. Todo en el marco de la Constitución.
Desafortunadamente no puede soslayarse el abuso del poder y el calificativo de golpistas, cuando en casos injustificados rompieron el orden constitucional mediante el uso de la fuerza. También han pasado por períodos de inestabilidad interna y politización, marchando eventualmente con banderas partidarias u hombro a hombro al paso de un desquiciado dictador. Intolerable actitud, que demanda de una rectificación definitiva.
Esa rectificación pasa por la internalización de los legados de visión, de excelencia, del pensar y actuar virtuoso, de los valores inmutables, del compromiso patrio, de identidad y de la vocación de servicio sin pedir nada a cambio. Lempira, Morazán y Cabañas nos ofrecen gratuitamente ese obsequio infalible de ética y liderazgo.
Las fuerzas Armadas deben revisar el grado de cumplimiento de su principal misión y de otras que tienen vinculaciones políticas expresas, siendo estas: garantizar el imperio de la Constitución, el ejercicio del libre sufragio y la alternabilidad en el ejercicio de la Presidencia de la República. El ideal democrático vería estos últimos tres mandatos como una incoherencia, usurpación de funciones y extralimitación de poder, donde le confiere facultades de dirimir conflicto entre poderes, siendo por tal razón improcedente. No obstante, al ser real y vigente tal atribución, además de los registros indeseables de la política vernácula, las amenazas y riesgos a la democracia y al sistema republicano, la inmadurez de los políticos y la ausencia de cultura ciudadana, parecieran justificar ese coyuntural papel; se tiene a la vista un conflicto de intereses y facultades entre la realidad institucional y lo aspiracional, todavía apenas con propuestas marginales o simples discursos de orden populista. Mientras tanto, las Fuerzas Armadas se desgastan en escenarios propios de la civilidad, en detrimento del escenario atinente a la defensa de la soberanía e integridad territorial. El pacto social es imperativo, con Honduras como norte.
Para el fortalecimiento institucional y alcanzar el nivel adecuado de preparación, las Fuerzas Armadas deben actualizar su marco normativo, disponiendo en el corto y mediano plazo de la Ley de Defensa Nacional y la Ley de Movilización Nacional como mínimo, fijar el número de efectivos, adquisición de recursos para la defensa, actualización doctrinaria y de la política de defensa más su expresión en el Libro Blanco. Es importante el diseño de una organización operativa y un mejorado despliegue estratégico para la defensa, con la adaptabilidad para el apoyo a la seguridad interior, contribución al desarrollo, desarrollar operaciones especiales atinentes a la gestión de riesgos y la protección del ambiente. La secretaría del ramo, requiere la inclusión de direcciones para el diseño de la política de defensa, la cooperación y vinculación interagencial interna y externa, así como para adquisiciones ciencia y tecnología, cual inicio de un proceso de modernización y eficaz funcionamiento.
Las Fuerzas Armadas, han marchado en paralelo a la historia de Honduras, defendiendo nuestro patrimonio territorial, manteniendo en lo alto la Bandera Nacional; han descendido a los abismos de la deslealtad cuando han interrumpido el ejercicio soberano del poder del pueblo, han emergido al propiciar procesos para recuperar la democracia y restablecer la República.
Han caído en el descrédito, cuando entre sus filas se incumple la Constitución, las leyes y sus códigos de conducta, se han levantado cuando han retornado al abrazo de sus principios, sus valores institucionales y en defensa del Estado de derecho.
Se han demeritado, cuando en sus filas se infiltra complacientemente el gusanillo del político sectario, corrupto e inmoral; han exaltado su imagen, cuando a tal afrenta han dicho ¡BASTA!
Yo las veo en el horizonte de esperanzadoras expectativas, avanzando, portando el estandarte del Honor, de la Lealtad y del Sacrificio, hacia una misión trascendente: defender la patria, guiadas por la fe, impelidas por el deber, inspiradas en servir desinteresadamente; aferradas a la escalinata de la jerarquía, sin perder el paso hacia la victoria, al compás de la disciplina, integradas en equipo, solidarias, bajo un mando unificado.
Y veo a los soldados vestidos con la humildad, la honradez y la modestia de Cabañas, valientes y abnegados como los texíguats y curarenes, leales como los lencas, legatarios de Lempira, al mando de líderes que sigan con fidelidad, tenacidad y compromiso, las huellas victoriosas de mi General Francisco Morazán.
Yo veo a las Fuerzas Armadas en marcha, por la ruta democrática, con la Constitución como guía, de cara al sol, a paso redoblado, sin pausa, hacia su dignificación.
*General de Brigada ®