Por: Óscar Armando Valladares
“En política, como en el amor, un carácter voluble hace difícil una relación sistemática, y tarde o temprano fracasa”. Anónimo.
Movido tal vez por un cándido civismo, en junio de 2021 propusimos en esta columna la concreción de un pacto “por la patria”, a ser suscrito por Xiomara Castro, Yani Rosenthal y Salvador Nasralla, cabezas visibles de un variopinto abanico opositor. Fue imposible llegar a tanto: el candidato liberal y el lado del partido que le dio respaldo conservaron su intransigencia, y en aras de impedir un nuevo fraude cachureco, la presidenciable de Libre y el impredecible dirigente del Partido Salvador de Honduras (PSH), sellaron una incómoda alianza que, por lo visto, coadyuvó al triunfo masivo de Xiomara y a él como designado, igual que a Doris Gutiérrez y Renato Florentino Pineda.
En aplicación de los términos aliancistas, Nasralla propulsó a su hombre de confianza, Luis Redondo, para que presidiera la junta directiva del Congreso Nacional, y ahí se armó la de Troya. La bancada nacionalista -con obvia mala intención- se prestó a la jugada del diputado Jorge Cálix y un puñado de diputados de Libre afines a su inescondida ambición política, contraponiendo su figura a la de Redondo Guifarro, maniobra que derivó en la elección paralela de dos juntas congresales: una entre los pinos de Zambrano, la otra en el recinto de ese poder del Estado -presidida por el barbado miembro del PSH- y es por cierto lo que funge como tal, pese al orquestado cuestionamiento de sectores y personas acuciados por determinados intereses económicos, políticos y de orden leguleyo.
Para agudizar las cosas, el designado Nasralla -que no vicepresidente como maliciosamente se autocalifica-, ha vuelto a las andadas, torna al reclamo mediático deslenguado, recoge el guante “Mel” Zelaya y la alianza -que ya ratos mostraba sus pies de barro- está por desbaratarse. Como su inflamado narcisismo le ha llevado hasta decir que, de los 4 años de gobierno, a él le deberían corresponder dos, ¿no implica esto que el mal de presidentitis se le ha agravado peligrosamente?
Si bien es verdad que en su condición de longevo presentador de programas deportivos y concursos televisuales -de los que prometió alejarse su “excelencia-, le han granjeado popularidad y simpatía a distancia, ello no genera liderazgo político; prueba y muestra de lo cual es que a la fecha no ha podido armar un partido medianamente organizado. El que intentó instalar con el señuelo de “anticorrupción” naufragó en las primeras de cambio, y el de presuntuosa línea mesiánica -“Salvador de Honduras”- no pudo “candidatearlo”; por lo que, sobre la marcha, atrajo a un grupo de profesionales, quienes bajo el cobijo de la alianza aseguraron los puestos honrosos que desempeñan y lo hacen bien.
No teniendo, entonces, un partido de masas, ¿cómo espera llegar al solio gubernativo? En corrillos y redes sociales rueda una especie de este tenor: que sus frecuentes viajes a Estados Unidos y su acercamiento con la “embajada”, le hace sentirse “como en espera” de un ascenso sucesorio, en virtud de lo cual es preciso calentar la situación y producir condiciones para otro madrugón. ¿Será por eso que el salvador del país quiere recuperarlo y librarlo del comunismo? ¿Será por eso que el admirador en Chile de Augusto Pinochet, insiste en sus alharacas de que Manuel y Xiomara promueven una dictadura, copia al carbón de Venezuela, Cuba y Nicaragua?
En los estrados del Congreso, al plantearse la elección y composición de los quince magistrados del Poder Judicial, una o varias incógnitas habrán de despejase para bien o mal del país. No es ocioso recordar que el ramo judicial ha estado siempre en la mirilla de las fuerzas dominantes en cuanto a que, a través suyo, gustan usar o torcer las leyes a conveniencia.
Quieran los dioses que, esta vez, la necesaria negociación que se efectué minimice esa influencia perniciosa, y retarde al menos las derivaciones de una alianza fortuita, entablada con quien le calza bien el alias “Ines Table”.